miércoles, 30 de julio de 2014
domingo, 2 de enero de 2011
TECNICAS DE PREPARACION Y USO DE HIERBAS MEDICINALES.
Cataplasma; es uno de los métodos comunes de utilización, en su forma más sencilla consiste en machacar las plantas hasta obtener un emplasto. Otras más elaboradas usan una base de harinas vegetales, o en decocción, infusión o solución salina.
Se pueden aplicar frías o calientes.
Decocción; este tipo de preparación consiste en hervir por unos minutos las partes de la planta que se utilizarán (raíces, flores, hojas, etc), de esta manera, al concentrarlos se obtiene el máximo de principios activos.
Las partes duras como tallos, corteza o raíces, es conveniente trozarlos o desmenuzarlos y dejarlos macerando previamente en agua fría.
Esta técnica es apropiada en productos que no sean volátiles (que no pierdan su eficacia con el calor), o con partes duras.
Diálisis; en esta técnica se hace primero una disolución convirtiendo en papilla las plantas recién recolectadas y usando como medio el agua, o el alcohol en diferentes concentraciones, o una combinación de ambos. Posteriormente , se utiliza una membrana como papel de pergamino para filtrar la solución.
Elíxir; se le llama a los preparados de sustancias disueltas en alcohol o vino.
Emulsión; se le da este nombre a los preparados de aspecto cremoso que usan como base aceites, grasas, resinas, cera, o cualquier otra sustancia no soluble en agua. Por lo general se usa goma arábiga al 5% como aglutinante.
Fumigación; ésta, más que una técnica es una forma de aplicación y consiste en introducir en las vías respiratorias vapores de plantas medicinales o de gotas esenciales.
Infusión; es una de las formas más utilizadas y se obtiene al vaciar agua caliente sobre la hierba a utilizar, dejando cubierto el recipiente durante diez minutos. Si se usan partes duras es conveniente dejar la infusión por 15 minutos a baño maría.
Se usa en aquellos casos en que el producto es muy volátil
Jarabe, estos son soluciones densas en base a agua o alcohol con una proporción del 55% al 65% de azúcar, de frutas o hierbas maceradas o preparadas en infusión.
Linimento; éstos son preparados en base componentes grasos junto a elementos medicinales de consistencia líquida o semi-líquida.
Su principal característica es que son de uso externo.
Maceración; esta técnica consiste en dejar las plantas reposando durante un espacio de tiempo largo en un solvente como agua, vino o alcohol.
Polvo; en esta preparación las hierbas se muelen, trituran y finalmente se pulverizan. Tiene por finalidad facilitar la ingestión.
Tintura; se deja reposar durante unos días hierbas en polvo en alcohol o vino, que posteriormente se filtra.
Triaca; es tal vez el compuesto más famoso de la antigüedad, se utilizaba tanto en la enfermedad como para prolongar la vida y se dice que todos lo médicos famosos conocían su preparación. Más que una técnica o un remedio específico, se le dio esta denominación a varios que poseían grandes virtudes curativas.
Ungüento; éstos son preparados que al igual que los linimentos están compuestos elementos grasos junto a elementos medicinales, pero en este caso su consistencia es sólida.
Su principal característica es que son de uso externo.
Zumo fresco, dependiendo de la parte de la planta de la que se desee obtener el zumo se muele hasta formar una papilla, la que se filtra a través de un cedazo.
domingo, 19 de septiembre de 2010
El océano interior. Guía para la meditación Zen.
La segunda mitad del siglo XX ha sido testigo de la llegada de las tradiciones espirituales orientales a Occidente, entre ellas el Budismo Zen con su practica básica, la meditación zazen. Actualmente se cuentan por centenares los centros de meditación zen en Estados Unidos, Canadá y Europa. También en España se observa un crecimiento progresivo de centros zen y de personas que lo practican. La práctica de la meditación zen está formando cada vez mas parte de nuestras costumbres. Sin lugar a dudas, este hecho está siendo muy positivo y tendrá una influencia cada vez mayor en nuestra manera de ser y de percibir la realidad.
El jardín secreto
Nuestra mente es a menudo parecida a un océano agitado en el que continuamente se agitan las olas de su actividad incesante: emociones contradictorias, pensamientos variados, sensaciones, expectativas, etc. La sociedad de consumo que sufrimos dirige nuestra atención hacia la realidad externa, en pos de la adquisición de bienes y de información. La industria del deseo excita nuestras ansias mostrándonos una zanahoria ilusoria magníficamente presentada por las agencias de publicidad. De esta manera la noria de nuestros días va girando y girando, año tras año, al mismo tiempo que la serenidad interior y el verdadero estado de felicidad se alejan cada vez más de nosotros.
En contraste, nuestro mundo interno permanece en la sombra. Nuestra mente es también como un jardín secreto abandonado en el que las zarzas y las malas hierbas, -los pensamientos obsesivos, las emociones perturbadoras, etc.-, crecen por doquier. Resultado de ello es un estado mental y emocional confuso, agitado, en definitiva, insatisfactorio. Sentimos malestar pero no sabemos lo que nos pasa. "Lo que nos pasa es que no sabemos lo que nos pasa. Por eso nos pasa lo que nos pasa", decía Ortega y Gasset. Para saber lo que nos pasa no tenemos más remedio que mirar dentro de nosotros mismos, comprendernos a nosotros mismos, hacernos íntimos con nosotros mismos, clarificar nuestras aspiraciones, simplificar nuestros deseos y encontrar el verdadero propósito de nuestra existencia. Esta es la mirada interna, el gran regalo que la meditación tiene reservado para cada uno de nosotros
Generando calma mental
Zazen, la meditación zen, es una práctica espiritual muy antigua que fue actualizada y utilizada por el Buda Sakiamuni como vía de acceso a un estado existencial caracterizado por una profunda serenidad y una lucidez aguda, gracias a las cuales pudo realizar la verdadera naturaleza de la existencia y liberarse así de las falsas representaciones creadas por la mente ilusoria.
Veamos en qué consiste una sesión de zazen. La agitación mental viene dada por la dispersión (desenfoque) de la atención. Lo primero que tenemos que hacer al comenzar una sesión de zazen es, pues, calmar la agitación mediante la concentración (enfoque) de la atención. Para ello, en primer lugar, enfocamos la atención sobre la postura corporal. Creamos una base corporal sólida doblando las piernas en loto o en medio loto, de forma que las dos rodillas en contacto con el suelo y las nalgas en contacto con el zafu (cojín para zazen) formen una base estable sobre la que pueda erguirse el tronco. Estiramos bien la columna vertebral. Relajamos los hombros. La cabeza permanece justo sobre los hombros, sin inclinarse hacia delante, detrás, izquierda o derecha. Dejamos caer los brazos a lo largo del cuerpo y disponemos la mano izquierda sobre la mano derecha, ambas pegadas al bajo vientre.
Una vez que nos hemos cerciorado de que la postura corporal es correcta y equilibrada, enfocamos la atención sobre la respiración. Enfocar la respiración sobre la respiración no quiere decir "controlar" la respiración. La respiración no necesita ser controlada. Sucede por ella misma. La inspiración sucede a la espiración y ésta a la inspiración siguiendo un ciclo natural en el que la voluntad de manipular sobra. Simplemente permanece atento a la respiración como si tu atención fuera un corcho que flota sobre las olas de la inspiración y de la espiración. Eso sí, no dejes que tu atención sea atraída por nada que no sea la respiración. No luches contra las distracciones. Simplemente enfócate con determinación sobre la respiración. De esta forma, naturalmente, automáticamente, inconscientemente, tu actividad mental se calmará.
Nadando en las aguas cristalinas
Cuando la superficie del agua de la mente está agitada es imposible observar el fondo. Todo se vuelve confuso. Sin embargo, cuando la superficie se ha calmado entonces puedes observar claramente el fondo y sus contenidos.
Una vez que sientas que tu mente se ha aquietado gracias a la concentración sobre la respiración, puedes abrir el campo de la atención gracias a la observación. Los principiantes deben ser muy cautelosos a la hora de pasar a la observación y deben asegurarse de que el nivel de concentración, o quietud, no sufre mengua.
Puedes enfocar tu atención sobre las sensaciones: corporales, visuales, auditivas, gustativas, olfativas y tomar conciencia (observar) de cada una de ellas. Aquí debes tener mucho cuidado. ¿Por qué? Por lo general, la mente tenderá automáticamente a catalogar las sensaciones como agradables, desagradables y neutras. Las sensaciones agradables generarán automáticamente una actitud emocional de apego, las desagradables de rechazo y las neutra de indiferencias. Cuando una ola se levanta, otras muchas la siguen inmediatamente y de esta forma puedes encontrarte de pronto en un mar agitado, zarandeado por las olas del apego y del rechazo.
La observación sólo puede tener lugar desde la ecuanimidad de la concentración. Si sientes que estás perdiendo la ecuanimidad, debes abandonar inmediatamente la observación y volver a enfocar tu atención sólo en la respiración, de forma que la concentración y la quietud que la acompañan sean reforzadas.
La concentración (ecuanimidad) es el submarino mono-plaza que proporciona la protección necesaria para explorar (observar) la riquísima fauna y flora de nuestra conciencia, sin peligros.
Observando el color de las lentes
Si tu concentración es notable y durante un espacio de tiempo aceptable has estado explorando la riqueza de la actividad sensorial de tu mente, puedes dar un paso más y enfocar tu atención en tus actitudes emocionales. La amplia gama de emociones que los seres humanos somos capaces de experimentar tiene tres raíces principales: el rechazo y toda su familia (aversión, odio, antipatía, malevolencia, etc); el apego y toda su familia (aferramiento, simpatía, identificación, etc.) y la indiferencia y toda su familia (desinterés, etc.)Como se ha dicho ya, el rechazo suele acompañar a las sensaciones y pensamientos que la mente considera desagradables. El apego viene acompañando a las sensaciones y pensamientos considerados agradables y la indiferencia acompaña a las sensaciones y pensamientos considerados neutros.
Observar las actitudes emocionales a través de las cuales percibimos la realidad es una práctica sutil y difícil que necesita una cierta experiencia y un poder considerable de ecuanimidad. Se trata de tomar conciencia del color de las lentes a través de las cuales percibimos la realidad y, en la mayoría de los casos, una mente no entrenada es incapaz de discernir la realidad objetiva de su percepción subjetiva. Gracias a la práctica de la observación de las actitudes emocionales, la mente misma puede verse a sí misma con mayor objetividad y liberarse de las lentes coloreadas o, al menos, tomar conciencia del color (la deformación) a través del cual está percibiendo. Esta práctica genera una mayor ecuanimidad emocional y libera a la mente del penduleo extremo entre el apego ciego y el rechazo visceral.
Observando el observador
Si tu práctica de zazen evoluciona naturalmente a lo largo del tiempo, tarde o temprano te enfrentarás a la paradoja del observador observado. ¿Quién es el que observa? O mejor aún, ¿desde dónde parte la observación? Lo observado depende del punto de vista desde el que se observa. Según el punto desde el que parte la observación, la realidad observada será una u otra. En este nivel de zazen, puedes tomar conciencia de los contenidos mentales (programas, metaprogramas, sintaxis, etc.) o presupuestos inconscientes desde los que parten tu observación de la realidad que estás experimentando. Al tomar conciencia de ellos puedes darte cuenta al mismo tiempo hasta qué punto te sientes identificado (apegado) con ellos. Si, gracias a una observación ecuánime, permites que esa identificación emocional se disuelva, esos metaprogramas cognitivos perderán consistencia y podrás liberarte de ellos. De esta forma, al cambiar los presupuestos de tu observación, una nueva realidad aparecerá ante tus ojos.
Una vez en este punto, ya no podemos decir a ciencia cierta si es el observador el que observa la realidad o es la realidad la que observa al observador. Como decía Alan Watts, te experimentas a ti mismo "como una abertura a través de la cual el universo se observa a sí mismo". En palabras de un maestro zen:
"Miro la flor
Y la flor se ve a si misma
a través de mí.
La flor me mira
Y me veo a mis mismo
A través de ella".
Más allá del observador y de lo observado
Tu conciencia (la conciencia que el mundo toma de sí mismo a través de ti) no es tuya. Carece de propietario. Su naturaleza es su propia luz, gracias a la cual la realidad es lo que es en cada momento. Si has llegado hasta aquí tu mente iluminada verá que las cosas son lo que son y las aceptarás plenamente tal y como son. Si no has llegado hasta aquí, las cosas son lo que son aunque no lo veas ni lo aceptes.
Luz y sombra
Si te has sentado en zazen buscando la luz del espíritu no te extrañes si te encuentras de frente con tus propias sombras, con los aspectos más recónditos de tu inconsciente que permanecen ocultos a tu propia conciencia ordinaria. Un viejo maestro zen dijo: "La luz existe en la oscuridad, no veas sólo oscuridad. La oscuridad existe en la luz, no veas sólo luz. Luz y oscuridad depende la una de la otra como el paso de la pierna izquierda depende del paso de la pierna derecha". La toma de consciencia de tu propia oscuridad y la aceptación de la misma son requisitos básicos para comenzar a poner un poco de luz en la sombra. De la misma manera que el reconocimiento de la propia ignorancia es el comienzo del camino hacia la sabiduría, el reconocimiento de la propia sombra es el comienzo del camino hacia la claridad. Cuida de no caer en actitudes extremas: no creas que por haber clarificado un par de cosas ya lo has clarificado todo, no creas que por que has encontrado zonas oscuras, toda tu mente es oscuridad. La oscuridad existe gracias a la luz que la percibe. Como decía el maestro Kodo Sawaki: "La oscuridad de la sombra del pino depende de la claridad de la luna".
La guía y el guía
Esta guía para la meditación zen es como un pequeño mapa introductorio. No pienses que con él podrás iniciarte a la práctica de la meditación zen. Las instrucciones directas de un maestro zen son imprescindibles. La meditación zen es mucho más que una técnica de meditación y ni siquiera un grueso manual puede suplir la enseñanza directa de un maestro zen, de persona a persona, de corazón a corazón. El secreto de zazen no está tanto en la técnica como en la actitud (ética) con la que se practica.
Cuatro actitudes básicas
A la hora de abordar una sesión de zazen es importante cultivar cuatro actitudes básicas:
1. Actitud corporal. La posición corporal debe combinar dos aspectos: estabilidad y vigilia. La postura de zazen en loto o en semiloto es la que obtiene el mejor resultado de la relación estabilidad-vigilia. En cualquier caso, es fundamental que la postura te permita permanecer inmóvil y atento el mayor tiempo posible. A esto se le llama estabilidad.
2. Actitud emocional. No te apeges ni rechaces emocionalmente ningún contenido de los que aparecen en tu campo de conciencia. Acepta cada sensación, emoción o pensamiento tal y como es, sin elegir ni rechazar. Si aparece en ti el apego o el rechazo, toma conciencia de que el apego o el rechazo ha surgido en ti y déjalos estar sin darles importancia. A esto se le llama ecuanimidad.
3. Actitud mental. No tomes partido ni por ni contra nada, sea lo que sea. No juzgues tus propios sentimientos, sensaciones o pensamientos. No digas: "Esto está bien, esto está mal". Si aparecen juicios y valoraciones en tu mente, toma conciencia de los juicios y valoraciones que han surgido y déjalos estar sin darles importancia. A esto se le llama objetividad.
4. Actitud espiritual. No huyas ni persigas nada, sea lo que sea. No quieras alcanzar nada ni liberarte de nada, sea lo que sea. Simplemente quédate ahí, observando, aceptando que cada cosa es lo que es en este momento. A esto se le llama apertura interior.
Efectos de la meditación zen
No emprendas la práctica de zazen buscando resultados inmediatos. La meditación no es una máquina expendedora de refrescos. Enfócate en el presente y olvida el pasado y el futuro. Si continuas practicando cada día con perseverancia, sus efectos irán apareciendo sutil y paulatinamente. Entre ellos cabe destacar:
Despertar. Las conciencias sensoriales se agudizan. El nivel de atención aumenta. La conciencia de los actos, palabras, pensamientos y sentimientos se vuelve clara. Esto hace que la mente en general pueda permanecer en un estado de despertar óptimo.
Integración. Se reduce la tensión generada por las contradicciones. Las parejas de opuestos (cuerpo-mente, yo-otros, bien-mal, amor-odio) comienzan a trabajar en sincronicidad armónica.
Integridad. La armonización de las contradicciones y el estado de despertar te ayudarán a sentirte íntegro y total en tus acciones, palabras y pensamientos. Eres lo que eres y en cada momento estás haciendo lo que estás haciendo, plenamente, con la totalidad de ti mismo.
Centramiento. La integridad contigo mismo y en ti mismo te permitirá permanecer en todo momento centrado en tu propio eje, tanto física como emocional y mentalmente. Aunque todo se mueva dentro de ti y/o a tu alrededor, sabrás encontrar el centro inmóvil y morar en él con calma.
Apertura. La firmeza interior generada por el profundo centramiento al que induce zazen te permitirá abrirte al mundo sin miedo y, al entrar en contacto con él, podrás tomar conciencia del dolor y del sufrimiento de los demás seres vivientes, así como de la gran oportunidad que es la vida humana.
El jardín secreto
Nuestra mente es a menudo parecida a un océano agitado en el que continuamente se agitan las olas de su actividad incesante: emociones contradictorias, pensamientos variados, sensaciones, expectativas, etc. La sociedad de consumo que sufrimos dirige nuestra atención hacia la realidad externa, en pos de la adquisición de bienes y de información. La industria del deseo excita nuestras ansias mostrándonos una zanahoria ilusoria magníficamente presentada por las agencias de publicidad. De esta manera la noria de nuestros días va girando y girando, año tras año, al mismo tiempo que la serenidad interior y el verdadero estado de felicidad se alejan cada vez más de nosotros.
En contraste, nuestro mundo interno permanece en la sombra. Nuestra mente es también como un jardín secreto abandonado en el que las zarzas y las malas hierbas, -los pensamientos obsesivos, las emociones perturbadoras, etc.-, crecen por doquier. Resultado de ello es un estado mental y emocional confuso, agitado, en definitiva, insatisfactorio. Sentimos malestar pero no sabemos lo que nos pasa. "Lo que nos pasa es que no sabemos lo que nos pasa. Por eso nos pasa lo que nos pasa", decía Ortega y Gasset. Para saber lo que nos pasa no tenemos más remedio que mirar dentro de nosotros mismos, comprendernos a nosotros mismos, hacernos íntimos con nosotros mismos, clarificar nuestras aspiraciones, simplificar nuestros deseos y encontrar el verdadero propósito de nuestra existencia. Esta es la mirada interna, el gran regalo que la meditación tiene reservado para cada uno de nosotros
Generando calma mental
Zazen, la meditación zen, es una práctica espiritual muy antigua que fue actualizada y utilizada por el Buda Sakiamuni como vía de acceso a un estado existencial caracterizado por una profunda serenidad y una lucidez aguda, gracias a las cuales pudo realizar la verdadera naturaleza de la existencia y liberarse así de las falsas representaciones creadas por la mente ilusoria.
Veamos en qué consiste una sesión de zazen. La agitación mental viene dada por la dispersión (desenfoque) de la atención. Lo primero que tenemos que hacer al comenzar una sesión de zazen es, pues, calmar la agitación mediante la concentración (enfoque) de la atención. Para ello, en primer lugar, enfocamos la atención sobre la postura corporal. Creamos una base corporal sólida doblando las piernas en loto o en medio loto, de forma que las dos rodillas en contacto con el suelo y las nalgas en contacto con el zafu (cojín para zazen) formen una base estable sobre la que pueda erguirse el tronco. Estiramos bien la columna vertebral. Relajamos los hombros. La cabeza permanece justo sobre los hombros, sin inclinarse hacia delante, detrás, izquierda o derecha. Dejamos caer los brazos a lo largo del cuerpo y disponemos la mano izquierda sobre la mano derecha, ambas pegadas al bajo vientre.
Una vez que nos hemos cerciorado de que la postura corporal es correcta y equilibrada, enfocamos la atención sobre la respiración. Enfocar la respiración sobre la respiración no quiere decir "controlar" la respiración. La respiración no necesita ser controlada. Sucede por ella misma. La inspiración sucede a la espiración y ésta a la inspiración siguiendo un ciclo natural en el que la voluntad de manipular sobra. Simplemente permanece atento a la respiración como si tu atención fuera un corcho que flota sobre las olas de la inspiración y de la espiración. Eso sí, no dejes que tu atención sea atraída por nada que no sea la respiración. No luches contra las distracciones. Simplemente enfócate con determinación sobre la respiración. De esta forma, naturalmente, automáticamente, inconscientemente, tu actividad mental se calmará.
Nadando en las aguas cristalinas
Cuando la superficie del agua de la mente está agitada es imposible observar el fondo. Todo se vuelve confuso. Sin embargo, cuando la superficie se ha calmado entonces puedes observar claramente el fondo y sus contenidos.
Una vez que sientas que tu mente se ha aquietado gracias a la concentración sobre la respiración, puedes abrir el campo de la atención gracias a la observación. Los principiantes deben ser muy cautelosos a la hora de pasar a la observación y deben asegurarse de que el nivel de concentración, o quietud, no sufre mengua.
Puedes enfocar tu atención sobre las sensaciones: corporales, visuales, auditivas, gustativas, olfativas y tomar conciencia (observar) de cada una de ellas. Aquí debes tener mucho cuidado. ¿Por qué? Por lo general, la mente tenderá automáticamente a catalogar las sensaciones como agradables, desagradables y neutras. Las sensaciones agradables generarán automáticamente una actitud emocional de apego, las desagradables de rechazo y las neutra de indiferencias. Cuando una ola se levanta, otras muchas la siguen inmediatamente y de esta forma puedes encontrarte de pronto en un mar agitado, zarandeado por las olas del apego y del rechazo.
La observación sólo puede tener lugar desde la ecuanimidad de la concentración. Si sientes que estás perdiendo la ecuanimidad, debes abandonar inmediatamente la observación y volver a enfocar tu atención sólo en la respiración, de forma que la concentración y la quietud que la acompañan sean reforzadas.
La concentración (ecuanimidad) es el submarino mono-plaza que proporciona la protección necesaria para explorar (observar) la riquísima fauna y flora de nuestra conciencia, sin peligros.
Observando el color de las lentes
Si tu concentración es notable y durante un espacio de tiempo aceptable has estado explorando la riqueza de la actividad sensorial de tu mente, puedes dar un paso más y enfocar tu atención en tus actitudes emocionales. La amplia gama de emociones que los seres humanos somos capaces de experimentar tiene tres raíces principales: el rechazo y toda su familia (aversión, odio, antipatía, malevolencia, etc); el apego y toda su familia (aferramiento, simpatía, identificación, etc.) y la indiferencia y toda su familia (desinterés, etc.)Como se ha dicho ya, el rechazo suele acompañar a las sensaciones y pensamientos que la mente considera desagradables. El apego viene acompañando a las sensaciones y pensamientos considerados agradables y la indiferencia acompaña a las sensaciones y pensamientos considerados neutros.
Observar las actitudes emocionales a través de las cuales percibimos la realidad es una práctica sutil y difícil que necesita una cierta experiencia y un poder considerable de ecuanimidad. Se trata de tomar conciencia del color de las lentes a través de las cuales percibimos la realidad y, en la mayoría de los casos, una mente no entrenada es incapaz de discernir la realidad objetiva de su percepción subjetiva. Gracias a la práctica de la observación de las actitudes emocionales, la mente misma puede verse a sí misma con mayor objetividad y liberarse de las lentes coloreadas o, al menos, tomar conciencia del color (la deformación) a través del cual está percibiendo. Esta práctica genera una mayor ecuanimidad emocional y libera a la mente del penduleo extremo entre el apego ciego y el rechazo visceral.
Observando el observador
Si tu práctica de zazen evoluciona naturalmente a lo largo del tiempo, tarde o temprano te enfrentarás a la paradoja del observador observado. ¿Quién es el que observa? O mejor aún, ¿desde dónde parte la observación? Lo observado depende del punto de vista desde el que se observa. Según el punto desde el que parte la observación, la realidad observada será una u otra. En este nivel de zazen, puedes tomar conciencia de los contenidos mentales (programas, metaprogramas, sintaxis, etc.) o presupuestos inconscientes desde los que parten tu observación de la realidad que estás experimentando. Al tomar conciencia de ellos puedes darte cuenta al mismo tiempo hasta qué punto te sientes identificado (apegado) con ellos. Si, gracias a una observación ecuánime, permites que esa identificación emocional se disuelva, esos metaprogramas cognitivos perderán consistencia y podrás liberarte de ellos. De esta forma, al cambiar los presupuestos de tu observación, una nueva realidad aparecerá ante tus ojos.
Una vez en este punto, ya no podemos decir a ciencia cierta si es el observador el que observa la realidad o es la realidad la que observa al observador. Como decía Alan Watts, te experimentas a ti mismo "como una abertura a través de la cual el universo se observa a sí mismo". En palabras de un maestro zen:
"Miro la flor
Y la flor se ve a si misma
a través de mí.
La flor me mira
Y me veo a mis mismo
A través de ella".
Más allá del observador y de lo observado
Tu conciencia (la conciencia que el mundo toma de sí mismo a través de ti) no es tuya. Carece de propietario. Su naturaleza es su propia luz, gracias a la cual la realidad es lo que es en cada momento. Si has llegado hasta aquí tu mente iluminada verá que las cosas son lo que son y las aceptarás plenamente tal y como son. Si no has llegado hasta aquí, las cosas son lo que son aunque no lo veas ni lo aceptes.
Luz y sombra
Si te has sentado en zazen buscando la luz del espíritu no te extrañes si te encuentras de frente con tus propias sombras, con los aspectos más recónditos de tu inconsciente que permanecen ocultos a tu propia conciencia ordinaria. Un viejo maestro zen dijo: "La luz existe en la oscuridad, no veas sólo oscuridad. La oscuridad existe en la luz, no veas sólo luz. Luz y oscuridad depende la una de la otra como el paso de la pierna izquierda depende del paso de la pierna derecha". La toma de consciencia de tu propia oscuridad y la aceptación de la misma son requisitos básicos para comenzar a poner un poco de luz en la sombra. De la misma manera que el reconocimiento de la propia ignorancia es el comienzo del camino hacia la sabiduría, el reconocimiento de la propia sombra es el comienzo del camino hacia la claridad. Cuida de no caer en actitudes extremas: no creas que por haber clarificado un par de cosas ya lo has clarificado todo, no creas que por que has encontrado zonas oscuras, toda tu mente es oscuridad. La oscuridad existe gracias a la luz que la percibe. Como decía el maestro Kodo Sawaki: "La oscuridad de la sombra del pino depende de la claridad de la luna".
La guía y el guía
Esta guía para la meditación zen es como un pequeño mapa introductorio. No pienses que con él podrás iniciarte a la práctica de la meditación zen. Las instrucciones directas de un maestro zen son imprescindibles. La meditación zen es mucho más que una técnica de meditación y ni siquiera un grueso manual puede suplir la enseñanza directa de un maestro zen, de persona a persona, de corazón a corazón. El secreto de zazen no está tanto en la técnica como en la actitud (ética) con la que se practica.
Cuatro actitudes básicas
A la hora de abordar una sesión de zazen es importante cultivar cuatro actitudes básicas:
1. Actitud corporal. La posición corporal debe combinar dos aspectos: estabilidad y vigilia. La postura de zazen en loto o en semiloto es la que obtiene el mejor resultado de la relación estabilidad-vigilia. En cualquier caso, es fundamental que la postura te permita permanecer inmóvil y atento el mayor tiempo posible. A esto se le llama estabilidad.
2. Actitud emocional. No te apeges ni rechaces emocionalmente ningún contenido de los que aparecen en tu campo de conciencia. Acepta cada sensación, emoción o pensamiento tal y como es, sin elegir ni rechazar. Si aparece en ti el apego o el rechazo, toma conciencia de que el apego o el rechazo ha surgido en ti y déjalos estar sin darles importancia. A esto se le llama ecuanimidad.
3. Actitud mental. No tomes partido ni por ni contra nada, sea lo que sea. No juzgues tus propios sentimientos, sensaciones o pensamientos. No digas: "Esto está bien, esto está mal". Si aparecen juicios y valoraciones en tu mente, toma conciencia de los juicios y valoraciones que han surgido y déjalos estar sin darles importancia. A esto se le llama objetividad.
4. Actitud espiritual. No huyas ni persigas nada, sea lo que sea. No quieras alcanzar nada ni liberarte de nada, sea lo que sea. Simplemente quédate ahí, observando, aceptando que cada cosa es lo que es en este momento. A esto se le llama apertura interior.
Efectos de la meditación zen
No emprendas la práctica de zazen buscando resultados inmediatos. La meditación no es una máquina expendedora de refrescos. Enfócate en el presente y olvida el pasado y el futuro. Si continuas practicando cada día con perseverancia, sus efectos irán apareciendo sutil y paulatinamente. Entre ellos cabe destacar:
Despertar. Las conciencias sensoriales se agudizan. El nivel de atención aumenta. La conciencia de los actos, palabras, pensamientos y sentimientos se vuelve clara. Esto hace que la mente en general pueda permanecer en un estado de despertar óptimo.
Integración. Se reduce la tensión generada por las contradicciones. Las parejas de opuestos (cuerpo-mente, yo-otros, bien-mal, amor-odio) comienzan a trabajar en sincronicidad armónica.
Integridad. La armonización de las contradicciones y el estado de despertar te ayudarán a sentirte íntegro y total en tus acciones, palabras y pensamientos. Eres lo que eres y en cada momento estás haciendo lo que estás haciendo, plenamente, con la totalidad de ti mismo.
Centramiento. La integridad contigo mismo y en ti mismo te permitirá permanecer en todo momento centrado en tu propio eje, tanto física como emocional y mentalmente. Aunque todo se mueva dentro de ti y/o a tu alrededor, sabrás encontrar el centro inmóvil y morar en él con calma.
Apertura. La firmeza interior generada por el profundo centramiento al que induce zazen te permitirá abrirte al mundo sin miedo y, al entrar en contacto con él, podrás tomar conciencia del dolor y del sufrimiento de los demás seres vivientes, así como de la gran oportunidad que es la vida humana.
jueves, 16 de septiembre de 2010
FOMENTO DEL VALOR HUMANO
Fomento del Valor Humano
A pesar de que mis experiencias no sean nada especiales, pues son sólo experiencias humanas normales y corrientes, creo que mi adiestramiento budista me ha dado una experiencia muy útil para tener presente en la vida de cada día. Estoy contento de poder compartir algo de ella con vosotros.
Creo sinceramente que todos los seres humanos somos de la misma naturaleza, tanto a nivel mental como emocional. Todos nosotros tenemos el potencial para ser personas felices y buenas y también lo tenemos para ser malas y perjudiciales. Creo que el potencial para todas estas facetas está presente en nosotros. Lo importante es tratar de fomentar, en cada uno de nosotros, los aspectos positivos y útiles y tratar de reducir los negativos. Aunque los aspectos negativos puedan, a veces, traer cierta satisfacción a corto plazo, a la larga sólo aportan sufrimiento. Las actitudes positivas nos traen siempre fortaleza interior. Con fortaleza interior tenemos menos miedo y más confianza en nosotros mismos, y resulta más fácil extender nuestro afecto hacia los demás sin barrera alguna, ni religiosa ni cultural ni de ningún otro tipo. Es, por lo tanto, muy importante reconocer nuestro potencial para lo bueno y lo malo y, después, observarlo y analizarlo cuidadosamente.
Esto es lo que yo llamo fomentar el valor humano. Mi principal interés es fomentar la comprensión del valor más profundo del ser humano. El valor humano más profundo es la compasión, un sentimiento afectuoso y comprometido. Estas cualidades básicas del ser humano son muy importantes, tanto si se es creyente como si no se es, y no importa cuál sea la religión que se practique; sin ellas no se puede ser feliz.
Algunas personas cuentan con una disposición mental adecuada para seguir una fe religiosa. Hacer uso de la fe religiosa para fomentar estos valores humanos básicos es muy positivo. El mensaje de las principales religiones del mundo es básicamente el mismo: amor, compasión y perdón. Lo que varía es el modo en que fomenta cada religión tales cualidades. Pero da do que todas ellas aspiran más o menos a la misma meta, vivir una vida más feliz, ser personas más compasivas y crear un mundo más compasivo, el hecho de que los métodos sean distintos no representa un problema. El logro último es lo importante. Las principales religiones del mundo tienen el mismo potencial para ayudar a la humanidad y, puesto que existe una gran variedad de disposiciones mentales entre los seres humanos, necesitamos, lógicamente, religiones distintas. La variedad es beneficiosa. La armonía entre las diferentes tradiciones religiosas es otro asunto importante. Por eso me esfuerzo siempre en fomentar la armonía entre religiones.
Ahora voy a explicar el darma del Buda centrándome en una obra específica de la literatura budista, los Ocho Versos para Adiestrar la Mente (Loyong Tsik Guiema). El hecho de que se trate de un texto budista no significa que esté intentando fomentar o propagar el budismo. Mi motivación está clara; si examinas mis numerosos años de actividad, podrás juzgar si lo que digo es cierto o no.
En primer lugar, siento que aprender de otras tradiciones religiosas es a veces muy útil. A menos que conozcamos el valor de las otras tradiciones, es difícil desarrollar respeto por ellas. El respecto mutuo es el funda mento de la verdadera armonía. Debemos esforzarnos por desarrollar un espíritu de armonía, no por razones políticas ni económicas, sino más bien porque comprendemos, simplemente, el valor de las otras tradiciones.
Algunos de mis hermanos y hermanas cristianos, tanto monjes como laicos, me han dicho que están utilizando técnicas y métodos budistas pa ra desarrollar su compasión e incluso su fe. Han adoptado algunas técnicas e ideas budistas en su práctica pero permanecen dentro del marco de su propia religión. Yo les digo siempre a mis amigos occidentales que lo me jor es seguir la propia tradición. Cambiar de religión no es fácil y, a veces, causa confusión.
No obstante, quiero decir algo a las personas que sienten, realmente, que la propuesta budista es más eficaz y adecuada para su disposición mental. Por favor, pensadlo detenidamente y, cuando estéis convencidos de que el budismo es lo que os conviene, entonces, es vuestro derecho seguirlo. Es importante recordar lo siguiente: a veces, las personas desarrollan una actitud crítica hacia su religión o tradición previa con el fin de justificarse por haber cambiado de fe. Esto ha de evitarse por todos los me dios. Puede que vuestra religión anterior ya no os sea útil, pero eso no quiere decir que no sea útil para la humanidad. En reconocimiento de los principios y derechos de las otras personas y del valor de sus tradiciones, debéis honrar vuestra antigua religión. Me parece importante.
Poner en Práctica las Enseñanzas
Cuando aceptas una tradición religiosa, tienes, como creyente, que poner en práctica su tradición. La práctica religiosa debe convertirse en parte de tu vida cotidiana. Mediante la práctica y las experiencias que aporta el adiestramiento, desarrollarás comprensión y sabiduría. Según la enseñanza budista, para practicar el darma del Buda es necesario tener convencimiento y fe, y para ello, se ha de conocer bien el darma del Buda. A veces, incluso en países budistas como Tíbet, por ejemplo, hay gente que no sabe realmente qué es el budismo, lo cual, es bastante triste.
Si no somos conscientes de la importancia de integrar en nuestras vidas las enseñanzas de nuestra fe mediante la práctica, corremos el peligro de estar siguiendo un cliché o una idea popular. Por ejemplo, cuando alguien habla del cristianismo, la primera imagen o cliché que suele venir a la mente es una gran cruz en el interior de una iglesia. Supongo que, cuando alguien habla de budismo, la imagen que aparece es la de una estatua de un buda sereno dentro de un gran templo, o la de un monje sosteniendo un timbal y golpeando un tambor. Es posible que en algunos casos se piense en un monje que porta una extraña máscara. Esto es lo que quiero decir con ideas o clichés populares. Hay en ello cierto peligro.
Cuando alguien menciona el budismo, en particular el budismo tibetano, se tiene que pensar en un altruismo infinito, en la compasión universal y en una profunda comprensión de la naturaleza de la realidad, o la vacuidad (shuñata). Ésta es la clase de percepción que debemos cultivar.
Una vez hechos estos comentarios preliminares, quiero informaros de que mi explicación se dividirá en dos secciones. En la primera de ellas voy a explicar las razones por las que necesitamos cierta disciplina mental o, como lo llaman los tibetanos, un adiestramiento mental. Y en la segunda parte explicaré el procedimiento propiamente dicho para implicarse en tal disciplina o adiestramiento mental.
Las Cuatro Nobles Verdades y la Causación
Como probablemente sabréis todos, las enseñanzas centrales del Buda están enraizadas en las cuatro verdades nobles. Las Cuatro Nobles Verdades son el fundamento de la enseñanza budista y son las siguientes: la verdad del sufrimiento, su origen, la posibilidad de que cese el sufrimiento y el camino que conduce a la cesación del sufrimiento. Las enseñanzas sobre las Cuatro Nobles Verdades están arraigadas en nuestra experiencia humana, bajo la cual se halla la aspiración básica de buscar felicidad y de evitar el sufrimiento. La felicidad que deseamos y el sufrimiento que eludimos surgen como resultado de causas y condiciones. Comprender este mecanismo causal del sufrimiento y la felicidad es el tema esencial de las Cuatro Nobles Verdades. La comprensión budista del mecanismo causal está basada en un análisis detallado de las diversas posibilidades de causación. Por ejemplo, uno puede argumentar que nuestras experiencias de sufrimiento y de felicidad ocurren sin razón, en otras palabras, que carecen de causa. Esta posibilidad ha sido rechazada en las enseñanzas budistas. También se podría pensar que nuestras experiencias de sufrimiento y felicidad son, en cierto sentido, creadas o causadas por algún ser transcendental. Esta posibilidad también ha sido rechazada en el budismo. Otra opción sería que un determinado tipo de substancia primordial fuera la base del surgir de todas las cosas y eventos. Esta idea ha quedado igualmente descartada. Es decir, que nuestras experiencias de sufrimiento y de felicidad no surgen por sí mismas, no surgen debido a una causa con existencia independiente ni tampoco son el producto de una combinación de éstas.
Habiendo rechazado todas las posibilidades metafísicas precedentes, la enseñanza budista entiende el proceso causal en términos de un surgir interdependiente: todas las cosas y eventos, incluyendo nuestras experien cias de sufrimiento y felicidad, ocurren como resultado de la reunión de una multiplicidad de causas y condiciones.
Comprender la Función Principal de la Mente
Cuando examinamos con detenimiento la enseñanza de las Cuatro Noble Verdades, descubrimos la importancia primordial que tiene la consciencia, o la mente, en la determinación de nuestras experiencias de felicidad y de sufrimiento. Desde la perspectiva budista, existen diferentes niveles de sufrimiento. Está, por ejemplo, el sufrimiento que es obvio para todos nosotros, es decir, las experiencias dolorosas. Todos somos capaces de reconocerlas como sufrimiento. Un segundo nivel de sufrimiento incluye lo que se define comúnmente como sensaciones placenteras. En realidad, las sensaciones placenteras son, también, sufrimiento porque tienen en ellas la se milla de la insatisfacción. Hay, asimismo, un tercer nivel de sufrimiento que, en la terminología budista, se llama sufrimiento penetrante del condicionamiento. En cierto sentido, se puede decir que este tercer nivel de sufrimiento viene dado con la simple realidad de existir como seres ignorantes y propensos a las emociones, los pensamientos y las acciones kármicas negativos. El mismo hecho de estar vinculados a las emociones negativas y al karma es una fuente de sufrimiento y de insatisfacción.
Si contemplas los distintos tipos de sufrimiento, encontrarás que, en última instancia, todos ellos están enraizados en el estado de la mente. De hecho, el estado indisciplinado de la mente es una experiencia de sufri8 miento. Si miramos el origen del sufrimiento en los textos budistas, encontramos que, aunque leamos sobre el karma, la acción y el engaño que propulsa o motiva la acción, estamos tratando con acciones cometidas por un agente. Debido a que hay un motivo detrás de la acción, el karma puede comprenderse en última instancia en términos de un estado mental, un estado mental indisciplinado. Del mismo modo, cuando hablamos de los engaños que impulsan a uno a actuar de forma negativa, estamos hablando también de un estado mental indisciplinado. Por consiguiente, cuando los budistas se refieren a la verdad del origen del sufrimiento, están refiriéndose a un estado mental que es indisciplinado e indómito y que da origen a un estado de ignorancia y sufrimiento. En su sentido último, el origen del sufrimiento, la causa del sufrimiento y el sufrimiento propiamente dicho sólo pueden comprenderse en términos de un estado mental.
La cesación del sufrimiento sólo puede estar asociada a un ser sentiente, a un agente, a la consciencia. No podemos hablar de la cesación del sufrimiento de un objeto inanimado, como un cazo o una mesa, etc. Las enseñanzas budistas describen la cesación del sufrimiento como el estado más elevado de felicidad. Pero esta felicidad no ha de ser comprendida en términos de sensaciones placenteras; no estamos hablando de felicidad a nivel de sentimientos o de sensaciones. Nos estamos refiriendo, más bien, al nivel más elevado de felicidad, que está constituido por la libertad total del sufrimiento y del engaño. De nuevo, se trata de un estado mental, un nivel de realización espiritual.
En última instancia, para comprender nuestra experiencia de sufrimiento y dolor y el camino que conduce a la cesación, las Cuatro Nobles Verdades, tenemos que comprender la naturaleza de la mente.
La Mente y el Nirvana
El proceso por el cual la mente crea nuestra existencia ignorante y el sufrimiento en el que vivimos lo describe Chandrakirti en su obra Guía del Camino Central (Madhyamakavatara), en donde afirma: "Un estado mental indisciplinado da origen a los engaños que propulsan a un individuo a la acción negativa que, a su vez, crea el entorno nocivo en el que vive la persona".
Para tratar de comprender la naturaleza de la libertad del sufrimiento (nirvana) de la que habla el budismo, podemos remitirnos a un pasaje del texto de Nagaryuna, Fundamentos del Camino Central (Mulamadhyamakakarika), en el que, en cierto sentido, equipara la existencia no iluminada (samsara) a la existencia Iluminada (nirvana). Lo que indica, aquí, Nagaryuna es que no debemos creer que nuestra naturaleza o nuestra existencia, iluminada o no, es intrínseca. Desde el punto de vista de la vacuidad, ambos estados se hallan igualmente vacíos por completo de una realidad o de una existencia intrínseca. Lo que diferencia un estado no iluminado de uno iluminado es el conocimiento y la experiencia de la vacuidad. El conocimiento y la experiencia de la vacuidad del samsara es el nirvana. La diferencia entre samsara y nirvana es un estado mental.
Una vez dadas estas premisas, es lógico preguntar: "¿Está sugiriendo el budismo que todo cuanto existe no es más que una proyección de nuestra mente?". Ésta es una pregunta crítica a la que los maestros budistas han ofrecido distintas respuestas. Por un lado, los grandes maestros han argumentado que, en el análisis final, todo, incluyendo nuestra experiencia de sufrimiento y felicidad, no es más que una proyección de nuestra mente.
Pero hay otro grupo que ha argumentado, vehementemente, en contra de esa forma extrema de subjetivismo. Este segundo grupo mantiene que, si bien en cierto sentido se puede comprender que todos los fenómenos, incluyendo las experiencias propias, son creaciones de la propia mente o consciencia, esto no significa que todo sea sólo mente. Ellos afirman que uno ha de mantener un grado de objetividad y creen que las cosas existen. Aunque mantienen que la consciencia, la mente, el sujeto, desempeña una función en la creación de nuestra experiencia y del mundo, insisten en que existe, también, un mundo objetivo que es accesible a todos los sujetos y a todas las experiencias.
Hay otro punto, con respecto al concepto budista de libertad o nirvana, que creo necesario que se comprenda. Nagabuddhi, un discípulo de Na garyuna, afirma que, "la Iluminación o la libertad espiritual no es un regalo que alguien pueda hacerte ni es la semilla de la Iluminación algo que sea poseído por otro". La implicación, aquí, es que la semilla o el potencial para la Iluminación existe naturalmente en todos los seres. A continuación, Nagabuddhi pregunta: "¿Qué es nirvana?, ¿qué es la Iluminación?, ¿qué es libertad espiritual?". Y su respuesta es la siguiente: "La verdadera Iluminación no es más que la comprensión absoluta de la naturaleza de la propia entidad". Cuando Nagabuddhi habla de la naturaleza de la propia entidad, se está refiriendo a lo que los budistas llaman la clara luz última o la naturaleza interna y radiante de la mente. Nagabuddhi afirma que el auténtico estado de budeidad se alcanza cuando la naturaleza interna se ha actualizado o comprendido en toda su profundidad.
Así pues, cuando hablamos de la Iluminación, el estado de la budeidad o del nirvana, que son los frutos de los esfuerzos espirituales personales, es tamos hablando de una cualidad de la mente, de un estado mental. Del mismo modo, cuando nos referimos a los engaños y a los factores que oscurecen y obstruyen nuestra logro del estado iluminado, estamos hablando también de estados mentales, de los estados mentales engañosos. En particular, nos estamos refiriendo a los estados engañosos que se hallan enraizados en un modo distorsionado de percibir el propio yo y el mundo. La única forma 10 de eliminar esa comprensión errónea, esa manera distorsionada de percibir el yo y el mundo, es cultivar la visión correcta de la verdadera naturaleza de la mente, de la verdadera naturaleza del yo y del mundo. Aquí, una vez más, tanto la percepción purificada como los objetos de purificación han de ser comprendidos en términos de estados mentales
En resumen, la enseñanza del Buda equipara, por un lado, un estado mental indisciplinado con el sufrimiento y con la existencia no iluminada y, por el otro, un estado mental disciplinado con la felicidad, con la Iluminación o la libertad espiritual. Éste es un punto esencial.
Generalmente, nuestras experiencias diarias de placer y de dolor están relacionadas con sensaciones físicas y con estados mentales. Es obvio. Cuando el placer o el dolor se manifiesta principalmente en forma de sensaciones físicas, puede ser subyugado o neutralizado por un estado mental. Esto está claro. Por otra parte, es difícil neutralizar un estado mental desdichado mediante el bienestar físico. Si un enfermo que padece grandes dolores mantiene una mente serena, será capaz de neutralizar su sufrimiento. Y también se puede aliviar el sufrimiento físico con una actitud de aceptación o con el deseo de soportarlo. Es pues tan útil como importante concentrarse en el adiestramiento mental sobre una base diaria, incluso sin considerar la próxima vida o la libertad espiritual. Yo creo que a todos nos conviene cuidarnos más de nuestra mente, no sólo del dinero. Creo que conviene incluso a aquellos que no buscan ni están interesados en obtener resultados a largo plazo.
El Pensamiento Válido y el Pensamiento no Válido
Debo informar al lector de que, cuando nos referimos a estados mentales, la palabra que se traduce como "mente" tendría que traducirse como “mente/corazón”. Un hecho natural, supongo que se le podría llamar “ley psicológica”, de nuestra experiencia subjetiva de los pensamientos y las emociones es que dos pensamientos o emociones que se oponen directamente no pueden coexistir al mismo tiempo. Desde nuestra experiencia ordinaria de cada día, sabemos que hay pensamientos que pueden ser clasificados como válidos y, otros, como no válidos. Por ejemplo, si un pensamiento particular corresponde con la realidad, es decir, si hay una correspondencia entre el estado de hechos en el mundo y la propia percepción de ellos, entonces, uno puede llamar a eso un pensamiento válido o una experiencia válida. Pero también experimentamos pensamientos y emociones que son completamente contrarios al modo en que existen las cosas. En algunos casos, es posible que se trate de una forma de exageración pero, en otros, pueden ser diametralmente opuestos al modo de ser de las cosas. Tales pensamientos y emociones se consideran no válidos y sin fundamento.
Los textos budistas, especialmente los de epistemología, hacen esta distinción entre las formas de pensamiento y emoción válidas y no válidas para explicar la cognición válida o cognición verdadera y sus resulta dos o frutos. Lo que quiero decir aquí es que, para que un esfuerzo tenga éxito y conduzca al logro de un objetivo, se requieren pensamientos y emociones válidos.
En los textos budistas, se afirma que el logro de la liberación espiritual más elevada, el nirvana o la Iluminación, es fruto de pensamientos y emociones válidos. Por ejemplo, de acuerdo con las enseñanzas budistas, el factor principal que da origen al logro de la Iluminación o budeidad es un conocimiento directo y verdadero de la naturaleza de la realidad. Un conocimiento directo y verdadero de la realidad es un modo válido de conocer cosas, como la naturaleza del mundo, etc. Además, si observamos los numerosos factores complementarios, como la compasión, el altruismo y la aspiración de alcanzar la Iluminación para beneficio de los seres sen tientes (bodichita), vemos que están todos ellos basados en el pensamiento válido. Aunque el altruismo y la compasión sean más una emoción que un pensamiento cognitivo, el proceso que conduce al logro de la compasión universal y la bodichita implica comparar las verdades con las falsedades. Éste es un proceso de cultivar los modos válidos de percibir y de experimentar las cosas. Por lo tanto, podemos decir que la budeidad en sí misma es una consecuencia de los pensamientos y las emociones válidas y vemos, por el contrario, que la experiencia no iluminada (samsara) es un producto de modos inválidos de percibir y de experimentar.
Por ejemplo, de acuerdo con el budismo, la raíz fundamental de nuestra existencia no iluminada y de nuestro sufrimiento es la ignorancia (avidya). La característica principal de esta ignorancia es un modo distorsionado de percibir el mundo y a nosotros mismos. De nuevo, los pensamientos y las emociones no válidos, los modos no válidos de percibir y de experimentar las cosas y a uno mismo son, en última instancia, la fuente de nuestro sufrimiento y de nuestro estado no iluminado. La cuestión principal, en el análisis final, es la correlación entre los pensamientos y las emociones válidos y la felicidad y la libertad espiritual, y entre las formas de pensamiento y emociones no válidos y el sufrimiento y el estado no iluminado.
En la práctica budista del adiestramiento o la disciplina mental, el énfasis recae en implicarse en un método o proceso mediante el cual las formas válidas de pensamiento y emoción puedan ser desarrolladas, incrementadas y perfeccionadas y en donde las formas no válidas puedan ser contrarrestadas, minadas y finalmente desechadas. Algo que debemos comprender y apreciar, cuando nos aproximamos a una técnica como el adiestramiento mental budista, es la complejidad de la tarea a la que nos enfrentamos. Las escrituras budistas mencionan ochenta mil tipos de pensamientos negativos y destructivos, que corresponden a los ochenta y cuatro mil tipos distintos de enfoques o antídotos. Es importante no tener la expectativa poco realista de que, de algún modo, en algún lugar, encontraremos esa llave mágica que nos permitirá eliminar de golpe todas nuestras mentes negativas.
Necesitamos contar, pues, con gran determinación y paciencia. No hay que pensar que en cuanto uno se ponga a practicar el darma, va a iluminarse en un breve periodo de tiempo, quizá en una semana. Esto es imposible y nada realista.
Me gustaría hacer referencia a un hermoso comentario efectuado por Nagaryuna que habla de la necesidad de tener paciencia y una apreciación de la medida de tiempo que se necesita para implicarse realmente en un proceso de adiestramiento o de disciplina mental. Nagaryuna dice que si, mediante el adiestramiento mental y la disciplina, mediante la sabiduría y su hábil aplicación, puedes desarrollar en tu interior un sentimiento de tranquilidad y confianza, una tranquilidad que está realmente enraizada en un postura confirmada y definitiva, entonces, el tiempo que lleve no tiene importancia. En contraste con el punto de vista de Nagaryuna, desde nuestra experiencia personal, el tiempo sí que importa. Si estamos experimentando un acontecimiento insoportable y doloroso, aunque sea de poca duración, deseamos salir de él lo más rápidamente posible.
Cultivar la Sabiduría y los Medios Hábiles
Los múltiples enfoques para el adiestramiento de la mente y la disciplina mental tienen dos aspectos principales. Uno es el desarrollo y el cultivo del conocimiento intuitivo o la sabiduría, es decir, desarrollar, cultivar e incrementar modos válidos de conocer y de pensar. El otro es el aspecto del método o los medios hábiles.
Los Ocho Versos para Adiestrar la Mente resumen las enseñanzas clave sobre la sabiduría, o conocimiento intuitivo, y el método, o medios hábiles. La obra se centra en el compromiso y en los antídotos que permitirán al practicante contrarrestar dos obstáculos mayores. El primer obstáculo son los pensamientos de autoestima y el sentimiento de egoísmo y de egocentrismo en los que están enraizados. Los antídotos para ellos son, principalmente, el cultivo del altruismo, la compasión y la bodichita, que es la aspiración altruista de alcanzar la Iluminación para bien de todos los seres que sienten. El segundo obstáculo es el aferramiento a un yo duradero que existe permanentemente. El antídoto a éste obstáculo está incluido en las enseñanzas de sabiduría de los Ocho Versos para Adiestrar la Mente, por lo que puede decirse que el texto contiene toda la esencia de las enseñanzas del Buda expuesta de un modo distinto.
Las Dos Verdades Esta forma de considerar la esencia de las enseñanzas del Buda como enseñanzas sobre sabiduría y método concuerda maravillosamente con las palabras de Nagaryuna, cuando dijo que todas las enseñanzas del Buda deben ser comprendidas dentro del marco de las dos verdades: la verdad convencional y la verdad última. Las enseñanzas esenciales de las Cuatro Nobles Verdades han de entenderse en términos de estas dos verdades. No obstante, cuando hablamos de comprender la naturaleza de las dos verdades, debemos recordar que no son dos reinos o niveles de existencia independientes, diferentes e inconexos.
Existen diversas escuelas filosóficas con distintos niveles de comprensión de las enseñanzas sobre las dos verdades. Mi comprensión sobre las dos verdades está basada en la perspectiva de los pensadores indios de la escuela madiamika, por quienes tengo una preferencia particular que está asentada en la admiración.
Desde el punto de vista madiamika, la realidad a nivel de la existencia convencional está constituida por la experiencia ordinaria en el reino de causa y efecto, que es el reino de la multiplicidad y la diversidad en donde vemos funcionar las numerosas leyes de la realidad. Este nivel de la realidad se denomina realidad convencional o verdad convencional, porque la ver dad de tales experiencias y percepciones es esencialmente específica de ese nivel convencional de comprender el mundo.
No obstante, si examinamos la realidad con mayor profundidad, encontramos la naturaleza última de la realidad, a saber, que ningún fenómeno o evento, ni siquiera el propio yo, existe dentro de una realidad independiente e intrínseca. Lo que encontramos, cuando observamos más pro fundamente la naturaleza de la realidad, es que la causación de la originación de todos y cada uno de los fenómenos es resultado de una agregación de numerosas causas y condiciones. ¿Qué nos indica esta naturaleza interdependiente y causal de la realidad? Que no hay nada, ningún evento, ni siquiera el propio yo, que posea una realidad independiente, autónoma y diferente. Las cosas y los acontecimientos son, en cierto sentido, dependientes; surgen dependiendo de múltiples factores. Se dice que la verdad última es esta ausencia de todo tipo de realidad independiente y autónoma. La razón por la que se la llama verdad última es que no es obvia para nosotros, en nuestro nivel ordinario de percepción y comprensión del mundo. Necesitamos investigar más profundamente para encontrarla.
Estas dos verdades son, ciertamente, dos lados de una misma cosa, dos perspectivas sobre un mismo mundo. El principio de las dos verdades es muy importante, porque afecta directamente a nuestra comprensión de la relación entre nuestra percepción y la realidad del mundo. En la literatura budista india encontramos una tremenda cantidad de explicaciones, debates y análisis concernientes al modo en el que percibe el mundo la mente o la consciencia. Se plantean preguntas como: “¿Cuál es la naturaleza de la relación entre nuestra experiencia subjetiva y el mundo objetivo?” y, “¿en qué medida nuestras experiencias están constituidas por el mundo que percibimos?”. Creo que la razón por la que han habido tantas discusiones, debates y análisis sobre tales cuestiones es que la comprensión de estos temas juega un papel crucial en el desarrollo y adiestramiento de la propia mente.
Los Dos Aspectos del Estado de Buda
Como ya hemos visto, según la tradición budista existen dos verdades: la verdad de la realidad convencional y la verdad de la realidad última. Correspondiendo a estos dos niveles de realidad tenemos dos dimensiones del camino: método, o medios hábiles, y sabiduría. Puesto que hay dos dimensiones principales en el camino, hay también dos aspectos en el estado resultante de la budeidad. Uno es el aspecto de la forma, o cuerpo de la forma de la budeidad (rupakaya), y el otro es la realidad misma de la budeidad, el cuerpo de la verdad (darmakaya).
Se dice que la manifestación de la forma, o rupakaya, es la forma de un ser completamente iluminado que existe, sólo, en relación con los seres sentientes. Asumiendo diversas formas y apariencias relacionadas con ellos, un buda completamente iluminado puede implicarse en toda clase de actividades para felicidad y bienestar de los seres. Se dice que el cuerpo de la verdad de un buda, o darmakaya, es la manifestación de un buda que existe en relación con otros budas. Esto se debe a que sólo un ser completamente iluminado puede acceder directamente al darmakaya. Para que el darmakaya se implique en actividades que son beneficiosas para otros seres sentientes, debe asumir otras formas de manifestación (rupakaya), ya que sólo de este modo puede manifestarse ante los seres. Así pues, el estado resultante de la budeidad puede ser entendido como el logro de los propios intereses personales así como el de los intereses de los demás.
A pesar de que mis experiencias no sean nada especiales, pues son sólo experiencias humanas normales y corrientes, creo que mi adiestramiento budista me ha dado una experiencia muy útil para tener presente en la vida de cada día. Estoy contento de poder compartir algo de ella con vosotros.
Creo sinceramente que todos los seres humanos somos de la misma naturaleza, tanto a nivel mental como emocional. Todos nosotros tenemos el potencial para ser personas felices y buenas y también lo tenemos para ser malas y perjudiciales. Creo que el potencial para todas estas facetas está presente en nosotros. Lo importante es tratar de fomentar, en cada uno de nosotros, los aspectos positivos y útiles y tratar de reducir los negativos. Aunque los aspectos negativos puedan, a veces, traer cierta satisfacción a corto plazo, a la larga sólo aportan sufrimiento. Las actitudes positivas nos traen siempre fortaleza interior. Con fortaleza interior tenemos menos miedo y más confianza en nosotros mismos, y resulta más fácil extender nuestro afecto hacia los demás sin barrera alguna, ni religiosa ni cultural ni de ningún otro tipo. Es, por lo tanto, muy importante reconocer nuestro potencial para lo bueno y lo malo y, después, observarlo y analizarlo cuidadosamente.
Esto es lo que yo llamo fomentar el valor humano. Mi principal interés es fomentar la comprensión del valor más profundo del ser humano. El valor humano más profundo es la compasión, un sentimiento afectuoso y comprometido. Estas cualidades básicas del ser humano son muy importantes, tanto si se es creyente como si no se es, y no importa cuál sea la religión que se practique; sin ellas no se puede ser feliz.
Algunas personas cuentan con una disposición mental adecuada para seguir una fe religiosa. Hacer uso de la fe religiosa para fomentar estos valores humanos básicos es muy positivo. El mensaje de las principales religiones del mundo es básicamente el mismo: amor, compasión y perdón. Lo que varía es el modo en que fomenta cada religión tales cualidades. Pero da do que todas ellas aspiran más o menos a la misma meta, vivir una vida más feliz, ser personas más compasivas y crear un mundo más compasivo, el hecho de que los métodos sean distintos no representa un problema. El logro último es lo importante. Las principales religiones del mundo tienen el mismo potencial para ayudar a la humanidad y, puesto que existe una gran variedad de disposiciones mentales entre los seres humanos, necesitamos, lógicamente, religiones distintas. La variedad es beneficiosa. La armonía entre las diferentes tradiciones religiosas es otro asunto importante. Por eso me esfuerzo siempre en fomentar la armonía entre religiones.
Ahora voy a explicar el darma del Buda centrándome en una obra específica de la literatura budista, los Ocho Versos para Adiestrar la Mente (Loyong Tsik Guiema). El hecho de que se trate de un texto budista no significa que esté intentando fomentar o propagar el budismo. Mi motivación está clara; si examinas mis numerosos años de actividad, podrás juzgar si lo que digo es cierto o no.
En primer lugar, siento que aprender de otras tradiciones religiosas es a veces muy útil. A menos que conozcamos el valor de las otras tradiciones, es difícil desarrollar respeto por ellas. El respecto mutuo es el funda mento de la verdadera armonía. Debemos esforzarnos por desarrollar un espíritu de armonía, no por razones políticas ni económicas, sino más bien porque comprendemos, simplemente, el valor de las otras tradiciones.
Algunos de mis hermanos y hermanas cristianos, tanto monjes como laicos, me han dicho que están utilizando técnicas y métodos budistas pa ra desarrollar su compasión e incluso su fe. Han adoptado algunas técnicas e ideas budistas en su práctica pero permanecen dentro del marco de su propia religión. Yo les digo siempre a mis amigos occidentales que lo me jor es seguir la propia tradición. Cambiar de religión no es fácil y, a veces, causa confusión.
No obstante, quiero decir algo a las personas que sienten, realmente, que la propuesta budista es más eficaz y adecuada para su disposición mental. Por favor, pensadlo detenidamente y, cuando estéis convencidos de que el budismo es lo que os conviene, entonces, es vuestro derecho seguirlo. Es importante recordar lo siguiente: a veces, las personas desarrollan una actitud crítica hacia su religión o tradición previa con el fin de justificarse por haber cambiado de fe. Esto ha de evitarse por todos los me dios. Puede que vuestra religión anterior ya no os sea útil, pero eso no quiere decir que no sea útil para la humanidad. En reconocimiento de los principios y derechos de las otras personas y del valor de sus tradiciones, debéis honrar vuestra antigua religión. Me parece importante.
Poner en Práctica las Enseñanzas
Cuando aceptas una tradición religiosa, tienes, como creyente, que poner en práctica su tradición. La práctica religiosa debe convertirse en parte de tu vida cotidiana. Mediante la práctica y las experiencias que aporta el adiestramiento, desarrollarás comprensión y sabiduría. Según la enseñanza budista, para practicar el darma del Buda es necesario tener convencimiento y fe, y para ello, se ha de conocer bien el darma del Buda. A veces, incluso en países budistas como Tíbet, por ejemplo, hay gente que no sabe realmente qué es el budismo, lo cual, es bastante triste.
Si no somos conscientes de la importancia de integrar en nuestras vidas las enseñanzas de nuestra fe mediante la práctica, corremos el peligro de estar siguiendo un cliché o una idea popular. Por ejemplo, cuando alguien habla del cristianismo, la primera imagen o cliché que suele venir a la mente es una gran cruz en el interior de una iglesia. Supongo que, cuando alguien habla de budismo, la imagen que aparece es la de una estatua de un buda sereno dentro de un gran templo, o la de un monje sosteniendo un timbal y golpeando un tambor. Es posible que en algunos casos se piense en un monje que porta una extraña máscara. Esto es lo que quiero decir con ideas o clichés populares. Hay en ello cierto peligro.
Cuando alguien menciona el budismo, en particular el budismo tibetano, se tiene que pensar en un altruismo infinito, en la compasión universal y en una profunda comprensión de la naturaleza de la realidad, o la vacuidad (shuñata). Ésta es la clase de percepción que debemos cultivar.
Una vez hechos estos comentarios preliminares, quiero informaros de que mi explicación se dividirá en dos secciones. En la primera de ellas voy a explicar las razones por las que necesitamos cierta disciplina mental o, como lo llaman los tibetanos, un adiestramiento mental. Y en la segunda parte explicaré el procedimiento propiamente dicho para implicarse en tal disciplina o adiestramiento mental.
Las Cuatro Nobles Verdades y la Causación
Como probablemente sabréis todos, las enseñanzas centrales del Buda están enraizadas en las cuatro verdades nobles. Las Cuatro Nobles Verdades son el fundamento de la enseñanza budista y son las siguientes: la verdad del sufrimiento, su origen, la posibilidad de que cese el sufrimiento y el camino que conduce a la cesación del sufrimiento. Las enseñanzas sobre las Cuatro Nobles Verdades están arraigadas en nuestra experiencia humana, bajo la cual se halla la aspiración básica de buscar felicidad y de evitar el sufrimiento. La felicidad que deseamos y el sufrimiento que eludimos surgen como resultado de causas y condiciones. Comprender este mecanismo causal del sufrimiento y la felicidad es el tema esencial de las Cuatro Nobles Verdades. La comprensión budista del mecanismo causal está basada en un análisis detallado de las diversas posibilidades de causación. Por ejemplo, uno puede argumentar que nuestras experiencias de sufrimiento y de felicidad ocurren sin razón, en otras palabras, que carecen de causa. Esta posibilidad ha sido rechazada en las enseñanzas budistas. También se podría pensar que nuestras experiencias de sufrimiento y felicidad son, en cierto sentido, creadas o causadas por algún ser transcendental. Esta posibilidad también ha sido rechazada en el budismo. Otra opción sería que un determinado tipo de substancia primordial fuera la base del surgir de todas las cosas y eventos. Esta idea ha quedado igualmente descartada. Es decir, que nuestras experiencias de sufrimiento y de felicidad no surgen por sí mismas, no surgen debido a una causa con existencia independiente ni tampoco son el producto de una combinación de éstas.
Habiendo rechazado todas las posibilidades metafísicas precedentes, la enseñanza budista entiende el proceso causal en términos de un surgir interdependiente: todas las cosas y eventos, incluyendo nuestras experien cias de sufrimiento y felicidad, ocurren como resultado de la reunión de una multiplicidad de causas y condiciones.
Comprender la Función Principal de la Mente
Cuando examinamos con detenimiento la enseñanza de las Cuatro Noble Verdades, descubrimos la importancia primordial que tiene la consciencia, o la mente, en la determinación de nuestras experiencias de felicidad y de sufrimiento. Desde la perspectiva budista, existen diferentes niveles de sufrimiento. Está, por ejemplo, el sufrimiento que es obvio para todos nosotros, es decir, las experiencias dolorosas. Todos somos capaces de reconocerlas como sufrimiento. Un segundo nivel de sufrimiento incluye lo que se define comúnmente como sensaciones placenteras. En realidad, las sensaciones placenteras son, también, sufrimiento porque tienen en ellas la se milla de la insatisfacción. Hay, asimismo, un tercer nivel de sufrimiento que, en la terminología budista, se llama sufrimiento penetrante del condicionamiento. En cierto sentido, se puede decir que este tercer nivel de sufrimiento viene dado con la simple realidad de existir como seres ignorantes y propensos a las emociones, los pensamientos y las acciones kármicas negativos. El mismo hecho de estar vinculados a las emociones negativas y al karma es una fuente de sufrimiento y de insatisfacción.
Si contemplas los distintos tipos de sufrimiento, encontrarás que, en última instancia, todos ellos están enraizados en el estado de la mente. De hecho, el estado indisciplinado de la mente es una experiencia de sufri8 miento. Si miramos el origen del sufrimiento en los textos budistas, encontramos que, aunque leamos sobre el karma, la acción y el engaño que propulsa o motiva la acción, estamos tratando con acciones cometidas por un agente. Debido a que hay un motivo detrás de la acción, el karma puede comprenderse en última instancia en términos de un estado mental, un estado mental indisciplinado. Del mismo modo, cuando hablamos de los engaños que impulsan a uno a actuar de forma negativa, estamos hablando también de un estado mental indisciplinado. Por consiguiente, cuando los budistas se refieren a la verdad del origen del sufrimiento, están refiriéndose a un estado mental que es indisciplinado e indómito y que da origen a un estado de ignorancia y sufrimiento. En su sentido último, el origen del sufrimiento, la causa del sufrimiento y el sufrimiento propiamente dicho sólo pueden comprenderse en términos de un estado mental.
La cesación del sufrimiento sólo puede estar asociada a un ser sentiente, a un agente, a la consciencia. No podemos hablar de la cesación del sufrimiento de un objeto inanimado, como un cazo o una mesa, etc. Las enseñanzas budistas describen la cesación del sufrimiento como el estado más elevado de felicidad. Pero esta felicidad no ha de ser comprendida en términos de sensaciones placenteras; no estamos hablando de felicidad a nivel de sentimientos o de sensaciones. Nos estamos refiriendo, más bien, al nivel más elevado de felicidad, que está constituido por la libertad total del sufrimiento y del engaño. De nuevo, se trata de un estado mental, un nivel de realización espiritual.
En última instancia, para comprender nuestra experiencia de sufrimiento y dolor y el camino que conduce a la cesación, las Cuatro Nobles Verdades, tenemos que comprender la naturaleza de la mente.
La Mente y el Nirvana
El proceso por el cual la mente crea nuestra existencia ignorante y el sufrimiento en el que vivimos lo describe Chandrakirti en su obra Guía del Camino Central (Madhyamakavatara), en donde afirma: "Un estado mental indisciplinado da origen a los engaños que propulsan a un individuo a la acción negativa que, a su vez, crea el entorno nocivo en el que vive la persona".
Para tratar de comprender la naturaleza de la libertad del sufrimiento (nirvana) de la que habla el budismo, podemos remitirnos a un pasaje del texto de Nagaryuna, Fundamentos del Camino Central (Mulamadhyamakakarika), en el que, en cierto sentido, equipara la existencia no iluminada (samsara) a la existencia Iluminada (nirvana). Lo que indica, aquí, Nagaryuna es que no debemos creer que nuestra naturaleza o nuestra existencia, iluminada o no, es intrínseca. Desde el punto de vista de la vacuidad, ambos estados se hallan igualmente vacíos por completo de una realidad o de una existencia intrínseca. Lo que diferencia un estado no iluminado de uno iluminado es el conocimiento y la experiencia de la vacuidad. El conocimiento y la experiencia de la vacuidad del samsara es el nirvana. La diferencia entre samsara y nirvana es un estado mental.
Una vez dadas estas premisas, es lógico preguntar: "¿Está sugiriendo el budismo que todo cuanto existe no es más que una proyección de nuestra mente?". Ésta es una pregunta crítica a la que los maestros budistas han ofrecido distintas respuestas. Por un lado, los grandes maestros han argumentado que, en el análisis final, todo, incluyendo nuestra experiencia de sufrimiento y felicidad, no es más que una proyección de nuestra mente.
Pero hay otro grupo que ha argumentado, vehementemente, en contra de esa forma extrema de subjetivismo. Este segundo grupo mantiene que, si bien en cierto sentido se puede comprender que todos los fenómenos, incluyendo las experiencias propias, son creaciones de la propia mente o consciencia, esto no significa que todo sea sólo mente. Ellos afirman que uno ha de mantener un grado de objetividad y creen que las cosas existen. Aunque mantienen que la consciencia, la mente, el sujeto, desempeña una función en la creación de nuestra experiencia y del mundo, insisten en que existe, también, un mundo objetivo que es accesible a todos los sujetos y a todas las experiencias.
Hay otro punto, con respecto al concepto budista de libertad o nirvana, que creo necesario que se comprenda. Nagabuddhi, un discípulo de Na garyuna, afirma que, "la Iluminación o la libertad espiritual no es un regalo que alguien pueda hacerte ni es la semilla de la Iluminación algo que sea poseído por otro". La implicación, aquí, es que la semilla o el potencial para la Iluminación existe naturalmente en todos los seres. A continuación, Nagabuddhi pregunta: "¿Qué es nirvana?, ¿qué es la Iluminación?, ¿qué es libertad espiritual?". Y su respuesta es la siguiente: "La verdadera Iluminación no es más que la comprensión absoluta de la naturaleza de la propia entidad". Cuando Nagabuddhi habla de la naturaleza de la propia entidad, se está refiriendo a lo que los budistas llaman la clara luz última o la naturaleza interna y radiante de la mente. Nagabuddhi afirma que el auténtico estado de budeidad se alcanza cuando la naturaleza interna se ha actualizado o comprendido en toda su profundidad.
Así pues, cuando hablamos de la Iluminación, el estado de la budeidad o del nirvana, que son los frutos de los esfuerzos espirituales personales, es tamos hablando de una cualidad de la mente, de un estado mental. Del mismo modo, cuando nos referimos a los engaños y a los factores que oscurecen y obstruyen nuestra logro del estado iluminado, estamos hablando también de estados mentales, de los estados mentales engañosos. En particular, nos estamos refiriendo a los estados engañosos que se hallan enraizados en un modo distorsionado de percibir el propio yo y el mundo. La única forma 10 de eliminar esa comprensión errónea, esa manera distorsionada de percibir el yo y el mundo, es cultivar la visión correcta de la verdadera naturaleza de la mente, de la verdadera naturaleza del yo y del mundo. Aquí, una vez más, tanto la percepción purificada como los objetos de purificación han de ser comprendidos en términos de estados mentales
En resumen, la enseñanza del Buda equipara, por un lado, un estado mental indisciplinado con el sufrimiento y con la existencia no iluminada y, por el otro, un estado mental disciplinado con la felicidad, con la Iluminación o la libertad espiritual. Éste es un punto esencial.
Generalmente, nuestras experiencias diarias de placer y de dolor están relacionadas con sensaciones físicas y con estados mentales. Es obvio. Cuando el placer o el dolor se manifiesta principalmente en forma de sensaciones físicas, puede ser subyugado o neutralizado por un estado mental. Esto está claro. Por otra parte, es difícil neutralizar un estado mental desdichado mediante el bienestar físico. Si un enfermo que padece grandes dolores mantiene una mente serena, será capaz de neutralizar su sufrimiento. Y también se puede aliviar el sufrimiento físico con una actitud de aceptación o con el deseo de soportarlo. Es pues tan útil como importante concentrarse en el adiestramiento mental sobre una base diaria, incluso sin considerar la próxima vida o la libertad espiritual. Yo creo que a todos nos conviene cuidarnos más de nuestra mente, no sólo del dinero. Creo que conviene incluso a aquellos que no buscan ni están interesados en obtener resultados a largo plazo.
El Pensamiento Válido y el Pensamiento no Válido
Debo informar al lector de que, cuando nos referimos a estados mentales, la palabra que se traduce como "mente" tendría que traducirse como “mente/corazón”. Un hecho natural, supongo que se le podría llamar “ley psicológica”, de nuestra experiencia subjetiva de los pensamientos y las emociones es que dos pensamientos o emociones que se oponen directamente no pueden coexistir al mismo tiempo. Desde nuestra experiencia ordinaria de cada día, sabemos que hay pensamientos que pueden ser clasificados como válidos y, otros, como no válidos. Por ejemplo, si un pensamiento particular corresponde con la realidad, es decir, si hay una correspondencia entre el estado de hechos en el mundo y la propia percepción de ellos, entonces, uno puede llamar a eso un pensamiento válido o una experiencia válida. Pero también experimentamos pensamientos y emociones que son completamente contrarios al modo en que existen las cosas. En algunos casos, es posible que se trate de una forma de exageración pero, en otros, pueden ser diametralmente opuestos al modo de ser de las cosas. Tales pensamientos y emociones se consideran no válidos y sin fundamento.
Los textos budistas, especialmente los de epistemología, hacen esta distinción entre las formas de pensamiento y emoción válidas y no válidas para explicar la cognición válida o cognición verdadera y sus resulta dos o frutos. Lo que quiero decir aquí es que, para que un esfuerzo tenga éxito y conduzca al logro de un objetivo, se requieren pensamientos y emociones válidos.
En los textos budistas, se afirma que el logro de la liberación espiritual más elevada, el nirvana o la Iluminación, es fruto de pensamientos y emociones válidos. Por ejemplo, de acuerdo con las enseñanzas budistas, el factor principal que da origen al logro de la Iluminación o budeidad es un conocimiento directo y verdadero de la naturaleza de la realidad. Un conocimiento directo y verdadero de la realidad es un modo válido de conocer cosas, como la naturaleza del mundo, etc. Además, si observamos los numerosos factores complementarios, como la compasión, el altruismo y la aspiración de alcanzar la Iluminación para beneficio de los seres sen tientes (bodichita), vemos que están todos ellos basados en el pensamiento válido. Aunque el altruismo y la compasión sean más una emoción que un pensamiento cognitivo, el proceso que conduce al logro de la compasión universal y la bodichita implica comparar las verdades con las falsedades. Éste es un proceso de cultivar los modos válidos de percibir y de experimentar las cosas. Por lo tanto, podemos decir que la budeidad en sí misma es una consecuencia de los pensamientos y las emociones válidas y vemos, por el contrario, que la experiencia no iluminada (samsara) es un producto de modos inválidos de percibir y de experimentar.
Por ejemplo, de acuerdo con el budismo, la raíz fundamental de nuestra existencia no iluminada y de nuestro sufrimiento es la ignorancia (avidya). La característica principal de esta ignorancia es un modo distorsionado de percibir el mundo y a nosotros mismos. De nuevo, los pensamientos y las emociones no válidos, los modos no válidos de percibir y de experimentar las cosas y a uno mismo son, en última instancia, la fuente de nuestro sufrimiento y de nuestro estado no iluminado. La cuestión principal, en el análisis final, es la correlación entre los pensamientos y las emociones válidos y la felicidad y la libertad espiritual, y entre las formas de pensamiento y emociones no válidos y el sufrimiento y el estado no iluminado.
En la práctica budista del adiestramiento o la disciplina mental, el énfasis recae en implicarse en un método o proceso mediante el cual las formas válidas de pensamiento y emoción puedan ser desarrolladas, incrementadas y perfeccionadas y en donde las formas no válidas puedan ser contrarrestadas, minadas y finalmente desechadas. Algo que debemos comprender y apreciar, cuando nos aproximamos a una técnica como el adiestramiento mental budista, es la complejidad de la tarea a la que nos enfrentamos. Las escrituras budistas mencionan ochenta mil tipos de pensamientos negativos y destructivos, que corresponden a los ochenta y cuatro mil tipos distintos de enfoques o antídotos. Es importante no tener la expectativa poco realista de que, de algún modo, en algún lugar, encontraremos esa llave mágica que nos permitirá eliminar de golpe todas nuestras mentes negativas.
Necesitamos contar, pues, con gran determinación y paciencia. No hay que pensar que en cuanto uno se ponga a practicar el darma, va a iluminarse en un breve periodo de tiempo, quizá en una semana. Esto es imposible y nada realista.
Me gustaría hacer referencia a un hermoso comentario efectuado por Nagaryuna que habla de la necesidad de tener paciencia y una apreciación de la medida de tiempo que se necesita para implicarse realmente en un proceso de adiestramiento o de disciplina mental. Nagaryuna dice que si, mediante el adiestramiento mental y la disciplina, mediante la sabiduría y su hábil aplicación, puedes desarrollar en tu interior un sentimiento de tranquilidad y confianza, una tranquilidad que está realmente enraizada en un postura confirmada y definitiva, entonces, el tiempo que lleve no tiene importancia. En contraste con el punto de vista de Nagaryuna, desde nuestra experiencia personal, el tiempo sí que importa. Si estamos experimentando un acontecimiento insoportable y doloroso, aunque sea de poca duración, deseamos salir de él lo más rápidamente posible.
Cultivar la Sabiduría y los Medios Hábiles
Los múltiples enfoques para el adiestramiento de la mente y la disciplina mental tienen dos aspectos principales. Uno es el desarrollo y el cultivo del conocimiento intuitivo o la sabiduría, es decir, desarrollar, cultivar e incrementar modos válidos de conocer y de pensar. El otro es el aspecto del método o los medios hábiles.
Los Ocho Versos para Adiestrar la Mente resumen las enseñanzas clave sobre la sabiduría, o conocimiento intuitivo, y el método, o medios hábiles. La obra se centra en el compromiso y en los antídotos que permitirán al practicante contrarrestar dos obstáculos mayores. El primer obstáculo son los pensamientos de autoestima y el sentimiento de egoísmo y de egocentrismo en los que están enraizados. Los antídotos para ellos son, principalmente, el cultivo del altruismo, la compasión y la bodichita, que es la aspiración altruista de alcanzar la Iluminación para bien de todos los seres que sienten. El segundo obstáculo es el aferramiento a un yo duradero que existe permanentemente. El antídoto a éste obstáculo está incluido en las enseñanzas de sabiduría de los Ocho Versos para Adiestrar la Mente, por lo que puede decirse que el texto contiene toda la esencia de las enseñanzas del Buda expuesta de un modo distinto.
Las Dos Verdades Esta forma de considerar la esencia de las enseñanzas del Buda como enseñanzas sobre sabiduría y método concuerda maravillosamente con las palabras de Nagaryuna, cuando dijo que todas las enseñanzas del Buda deben ser comprendidas dentro del marco de las dos verdades: la verdad convencional y la verdad última. Las enseñanzas esenciales de las Cuatro Nobles Verdades han de entenderse en términos de estas dos verdades. No obstante, cuando hablamos de comprender la naturaleza de las dos verdades, debemos recordar que no son dos reinos o niveles de existencia independientes, diferentes e inconexos.
Existen diversas escuelas filosóficas con distintos niveles de comprensión de las enseñanzas sobre las dos verdades. Mi comprensión sobre las dos verdades está basada en la perspectiva de los pensadores indios de la escuela madiamika, por quienes tengo una preferencia particular que está asentada en la admiración.
Desde el punto de vista madiamika, la realidad a nivel de la existencia convencional está constituida por la experiencia ordinaria en el reino de causa y efecto, que es el reino de la multiplicidad y la diversidad en donde vemos funcionar las numerosas leyes de la realidad. Este nivel de la realidad se denomina realidad convencional o verdad convencional, porque la ver dad de tales experiencias y percepciones es esencialmente específica de ese nivel convencional de comprender el mundo.
No obstante, si examinamos la realidad con mayor profundidad, encontramos la naturaleza última de la realidad, a saber, que ningún fenómeno o evento, ni siquiera el propio yo, existe dentro de una realidad independiente e intrínseca. Lo que encontramos, cuando observamos más pro fundamente la naturaleza de la realidad, es que la causación de la originación de todos y cada uno de los fenómenos es resultado de una agregación de numerosas causas y condiciones. ¿Qué nos indica esta naturaleza interdependiente y causal de la realidad? Que no hay nada, ningún evento, ni siquiera el propio yo, que posea una realidad independiente, autónoma y diferente. Las cosas y los acontecimientos son, en cierto sentido, dependientes; surgen dependiendo de múltiples factores. Se dice que la verdad última es esta ausencia de todo tipo de realidad independiente y autónoma. La razón por la que se la llama verdad última es que no es obvia para nosotros, en nuestro nivel ordinario de percepción y comprensión del mundo. Necesitamos investigar más profundamente para encontrarla.
Estas dos verdades son, ciertamente, dos lados de una misma cosa, dos perspectivas sobre un mismo mundo. El principio de las dos verdades es muy importante, porque afecta directamente a nuestra comprensión de la relación entre nuestra percepción y la realidad del mundo. En la literatura budista india encontramos una tremenda cantidad de explicaciones, debates y análisis concernientes al modo en el que percibe el mundo la mente o la consciencia. Se plantean preguntas como: “¿Cuál es la naturaleza de la relación entre nuestra experiencia subjetiva y el mundo objetivo?” y, “¿en qué medida nuestras experiencias están constituidas por el mundo que percibimos?”. Creo que la razón por la que han habido tantas discusiones, debates y análisis sobre tales cuestiones es que la comprensión de estos temas juega un papel crucial en el desarrollo y adiestramiento de la propia mente.
Los Dos Aspectos del Estado de Buda
Como ya hemos visto, según la tradición budista existen dos verdades: la verdad de la realidad convencional y la verdad de la realidad última. Correspondiendo a estos dos niveles de realidad tenemos dos dimensiones del camino: método, o medios hábiles, y sabiduría. Puesto que hay dos dimensiones principales en el camino, hay también dos aspectos en el estado resultante de la budeidad. Uno es el aspecto de la forma, o cuerpo de la forma de la budeidad (rupakaya), y el otro es la realidad misma de la budeidad, el cuerpo de la verdad (darmakaya).
Se dice que la manifestación de la forma, o rupakaya, es la forma de un ser completamente iluminado que existe, sólo, en relación con los seres sentientes. Asumiendo diversas formas y apariencias relacionadas con ellos, un buda completamente iluminado puede implicarse en toda clase de actividades para felicidad y bienestar de los seres. Se dice que el cuerpo de la verdad de un buda, o darmakaya, es la manifestación de un buda que existe en relación con otros budas. Esto se debe a que sólo un ser completamente iluminado puede acceder directamente al darmakaya. Para que el darmakaya se implique en actividades que son beneficiosas para otros seres sentientes, debe asumir otras formas de manifestación (rupakaya), ya que sólo de este modo puede manifestarse ante los seres. Así pues, el estado resultante de la budeidad puede ser entendido como el logro de los propios intereses personales así como el de los intereses de los demás.
martes, 29 de diciembre de 2009
HARI OM...

HARI OM "Hari Om. Mi palabra está enraizada en mi menteMi mente está enraizada en mi palabra;¡Oh, Brahman, revélate a mí!Vosotras, mente y palabra, capacitadmePara alcanzar la verdad que las escrituras enseñan.Que lo que he oído no huya de mí ;Junto el día y la noche en mi estudio,Pienso en la verdad, hablo la verdad,¡Que AQUELLO PROTEJA, Que AQUELLO PROTEJA!El Maestro me protege,¡Proteged al Maestro, Proteged al Maestro !OM, PAZ, PAZ, PAZ.
domingo, 12 de abril de 2009
LA GLANDULA PANCREATICA...

El Páncreas resulta ser parcialmente una Glándula sin conducto. Todos los jugos digestivos del organismo humano se vacían en el duodeno a través del famoso conducto de Wirsung.El gran sabio médico Alemán doctor Arnoldo Krum Heller, profesor de Medicina de la Universidad de Berlín, decía en su curso zodiacal, que la constelación de Virgo influye sobre el vientre, y especialmente sobre los islotes de Langerhans.La insulina es importantísima porque gobierna todo el metabolismo de los hidratos de carbono. La insulina es secretada por esos islotes del Páncreas.Cuándo los islotes del Páncreas no trabajan correctamente entonces viene la Diabetes. La labor principal de los islotes no secretan insulina correctamente, y los del Páncreas es la transformación de los azucares. Cuándo los azucares pasan directamente a la sangre, esa es la diabetes.Con los tratamientos de Insulina la ciencia médica logra controlar la diabetes. Empero ese tratamiento no cura la diabetes. Nosotros hemos conocido muchos pacientes diabéticos que lograron curarse de la diabetes con el famoso té antidiabético. La fórmula de ese té es la siguiente.Hojas de árbol del aguacate. 30 Gramos.Hojas de Eucalipto. 30 Gramos.Hojas de Nogal. 30 Gramos.Cuézase todo el conjunto entre un litro de agua.Dosis. Tres vasos diarios. Uno antes de cada comida.Tomese por seis meses seguidos.El tratamiento con insulina no se opone con este te inofensivo.La secreción de las islas de Langerhans pasa directamente a la sangre. Los indostanes dicen que arriba del ombligo se halla el loto de los diez pétalos. Este chacra situado en la región del ombligo, controla el hígado, el estomagó, el páncreas, etc. Dicen los yoguines que el color de este chacra es como el de las nubes cargadas de rayos, centellas y fuego vivo.Los yoguis del Indostán que han logrado desarrollar este chacra del ombligo, pueden permanecer entre el fuego sin quemarse. Los sabios indostanes dicen que en este chacra del ombligo centellea el Tattwa Tejas (Eter ígneo).Los biólogos occidentales dicen que es imposible. Los sabios occidentales debieran viajar al Indostán para investigar esto. Muchos escépticos occidentales que viajaron a la India, vinieron asombrados de ver a esos yoguis permanecer entre el fuego sin quemarse.Los yoguis del Indostán desarrollan este chacra del ombligo con la concentración y la meditación. Se concentran horas enteras en el ombligo. Cuando los hipnotizadores occidentales viajan por todas esas tierras del Indostán, Paquistán, Gran Tartana, Mongolia, China, Tíbet, y ven a todos esos ascetas orientales concentrados mentalmente en el ombligo, suponen que es para auto-hipnotizarse. La realidad es distinta. La realidad es que todos esos místicos se concentran y meditan horas enteras en el chacra de la región del ombligo para desarrollarlo.Nociones Fundamentales de Endocrinologia y Criminologia.
V.M.Samael Aun Weor .
sábado, 29 de noviembre de 2008
El Mantram OM...

El mantram OM
tiene el poder de despertar los chacras frontal y cardíaco,
es decir, clarividencia e intuición.
Meditando en OM llegamos a la iluminación.
Imaginación, inspiración e intuición son los tres caminos obligatorios de la iniciación.
Samael Aun Weor.- Misterios Mayores
FILADELFIA: CHACRA Ajna:
situado entre las dos cejas. Mantram: Om.
Este CHACRA es el de la clarividencia o visión psíquica.
El plexo de este CHACRA es una flor de loto que emana de la glándula pituitaria.
Esta glándula es el paje y porta-luz de la glándula pineal,
donde está la corona de los santos, el loto de los mil pétalos,
el ojo de Dagma, el ojo de la intuición.
Samael Aun Weor.- Misterios Mayas
LA INTUICIÓN.
¿Qué se entiende por intuir? voy a decirles.
La intuición nos confiere el poder de saber sin la necesidad del proceso deprimente de la razón. Ejemplo: esto es blanco por aquello, etc.
En la intuición se pone el corazón,
el CHACRA del corazón no se da la preciosa facultad de la intuición. El mantram para el desarrollo de la intuición es el sagrado “OM”. Esa sílaba se pronuncia así: OOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOMMMMMMMMMMMMMMMMMMMM...
Como veis la “O” es una letra muy vital del centro del corazón.
Samael Aun Weor.- El Poder de los Mantrams.
1.- Este CHACRA se halla conectado a su maravilloso centro situado entre las dos cejas. 2.- El maestro que lo dirige es Paramasiva. 3.
- El mantram que hace vibrar este CHACRA es Om. 4.
- Este CHACRA tiene dos pétalos.
5.- Este maravilloso CHACRA tiene un purísimo color blanco. El plexo que corresponde a este CHACRA es el cavernoso.
Samael Aun Weor.- Misterios del Fuego .
domingo, 9 de noviembre de 2008
El Arte de Vivir: Meditación Vipassana.

Todos buscamos la paz y la armonía, porque carecemos de ellas. De vez en cuando todos experimentamos agitación, irritación, falta de armonía, sufrimiento; y cuando padecemos la agitación, no guardamos esta miseria limitada en nosotros, sino que continuamente la distribuimos a los demás. Una persona desdichada impregna el ambiente que le rodea de agitación, y quienes estén cerca de ella también se alteran, se irritan. Ciertamente, ésta no es la manera adecuada de vivir.
Tenemos que vivir en paz con nosotros mismos y en paz con los demás porque, en definitiva, los seres humanos somos seres sociales que vivimos dentro de una sociedad interrelacionada. ¿Pero como vivir en la paz y armonía internas, y mantenerlas para que los demás puedan también vivir en paz y armonía?
Para poder librarnos de nuestra agitación, tenemos que conocer la razón básica de la misma, la causa del sufrimiento. Al investigar este problema, nos damos cuenta que nos sentimos agitados en cuanto generamos negatividades o contaminaciones en la mente. La negatividad, la contaminación o la impureza mental, no pueden coexistir con la paz y la armonía.
¿Cómo empezamos a generar negatividades? También ahora nos damos cuenta, al investigar, de que nos sentimos desdichados cuando estamos con alguien que se comporta de una manera que no nos gusta o cuando sucede algo que nos desagrada. Cuando ocurre algo que no deseamos, surge tensión en nuestro interior y también surge cuando no ocurre o existen obstáculos para que se cumpla algo que deseamos, y con todo ello empezamos a atar nudos en nuestro interior. Y como durante toda la vida van a suceder cosas que no queremos y las queridas puede que sucedan o puede que no sucedan, no cesamos en este proceso de reacción de atar nudos - nudos gordianos - que hacen que toda la estructura física y mental esté en tensión, llena de negatividades, convirtiendo nuestra vida en continua desdicha.
Una manera de resolver este problema sería arreglárnoslas para que en nuestra vida no ocurra nada no deseado, para que todo sea tal como deseamos. Para lograrlo deberíamos desarrollar en nosotros mismos el poder o bien conseguir que venga en nuestra ayuda alguien que lo tenga, para que las cosas no deseadas no sucedan y solo sucedan las cosas deseadas. Pero eso es imposible. No existe nadie en el mundo que pueda satisfacer todos sus deseos, en cuya vida todo transcurra como quiere, sin que pase algo no deseado. Constantemente ocurren cosas que van en contra de nuestros deseos y querencias, de ahí la pregunta oportuna: ¿Cómo podemos dejar de reaccionar ciegamente cuando debamos enfrentarnos a situaciones que no nos gustan? ¿Cómo podemos dejar de generar tensión y permanecer llenos de paz y de armonía?
Tanto en la India como en otros países hubo personas santas y sabias que estudiaron este problema - el problema del sufrimiento humano -, y encontraron una solución: cuando ocurre algo no deseado y empezamos a reaccionar con ira, miedo o cualquier negatividad, hay que dirigir lo antes posible la atención a cualquier otra cosa, por ejemplo te levantas, coges un vaso de agua y empiezas a beber; de esta manera la ira no solo no se multiplicará sino que empezara a disminuir: O empiezas a contar: uno, dos, tres, cuatro... O repites una palabra, o una frase, o un mantra, o quizá el nombre de una persona santa hacia la que sientas devoción. Así desviamos la mente y hasta cierto punto nos liberamos de la negatividad, de la ira.
Esta solución era útil, funcionaba y aun funciona; practicándola, la mente se siente libre de agitación. No obstante solo funciona en el nivel de la mente consciente porque lo que de hecho hacemos al desviar la atención es empujar la negatividad a lo mas profundo del inconsciente donde sigues generándola y multiplicándola. Hay paz y armonía en la superficie, pero en las profundidades de la mente hay un volcán dormido de negatividad reprimida que antes o después entrará en erupción con una gran explosión.
Hubo otros exploradores de la verdad interna que llegaron algo más allá en su búsqueda, y que tras experimentar en su interior la realidad de la mente y de la materia se dieron cuenta de que desviar la atención es solo huir del problema. Escapar no es una solución, hay que enfrentarse al problema; cuando surja una negatividad en la mente, obsérvala, hazle frente y tan pronto como empieces a observar la contaminación mental, empezará a perder fuerza y poco a poco se irá marchitando y podrá ser arrancada de raíz.
Es una buena solución que evita los dos extremos: represión y dar rienda suelta. Enterrar la negatividad en el inconsciente no la erradicará y permitirle manifestarse con un acto físico o verbal dañino solo creará más problemas. Pero si te limitas a observarla, la contaminación desaparece y habrás erradicado esa negatividad, estarás libre de esa contaminación.
Esto suena muy bien, pero ¿es practicable en la realidad? ¿Resulta fácil para una persona corriente enfrentarse a las contaminaciones? Cuando surge la ira, nos coge tan de sorpresa que ni siquiera nos damos cuenta de ello. Arrastrados por la ira cometemos actos físicos o mentales que nos dañan a nosotros y a los demás. Poco después, al desaparecer la ira, empezamos a llorar y a arrepentirnos, pidiendo perdón a los demás o pidiendo perdón a Dios: "Oh, he hecho un error, perdóname". Pero la próxima vez que nos encontremos en una situación semejante volveremos a reaccionar igual. Este arrepentimiento no nos habrá servido para nada.
La dificultad estriba en que no somos conscientes del momento en el que comienza esta contaminación. Empieza en las profundidades de la mente inconsciente y cuando llega al consciente ha tomado tal fuerza que nos arrastra y no podemos observarla.
Supongamos por un momento que empleo un secretario privado para que me avise cuando surja la ira diciéndome: "Mire, va a aparecer la ira". Pero como no sé cuando va a surgir la ira tengo que emplear tres secretarios haciendo tres turnos que cubran las veinticuatro horas del día. Supongamos que puedo mantener ese gasto y aparece la ira. Inmediatamente mi secretario diría: "Mire, la ira ha comenzado". Lo primero que haría sería darle una mala contestación: "¿ Eres tonto, crees que te pago para que me lleves la contraria?". La ira me arrastraría de tal forma que un buen consejo no podría ayudarme.
Supongamos que prevalezca la sabiduría y que no le regaño sino que le digo: "Muchas gracias, ahora debo sentarme y observar mi ira". Pero, ¿acaso es eso posible? Nada más cerrar los ojos para observar la ira, y el objeto de mi ira, ya sea una persona o un incidente, surge de inmediato en mi mente y ya no observo la propia ira sino meramente el estímulo externo de aquella emoción, lo cual, sólo conducirá a la multiplicación de la ira y por tanto, no es una solución. Es muy difícil observar una negatividad abstracta, una emoción abstracta divorciada del objeto exterior que la originó.
Sin embargo, hubo alguien que habiendo llegado a la verdad última encontró una solución auténtica. Descubrió que al surgir una contaminación en la mente ocurren dos cosas simultáneamente al nivel físico: la respiración pierde su ritmo normal, - es fácil observar que respiramos más fuerte cuando surge una negatividad - y en niveles más sutiles se inicia en el cuerpo una reacción bioquímica que da lugar a una sensación. Todas las contaminaciones generan algún tipo de sensación en el cuerpo.
Esto nos ofrece una solución practica: una persona corriente no puede observar las contaminaciones abstractas: miedo, ira o pasión, pero con un adiestramiento adecuado y practicando es fácil observar la respiración y las sensaciones del cuerpo, y ambas están relacionas directamente con las contaminaciones mentales.
La respiración y las sensaciones ayudan de dos formas: primero se comportaran como secretarios privados y en cuanto surja una impureza la respiración dejará de ser normal y empezara a gritarnos: "¡Algo va mal!". Y como no podemos regañar a la respiración tenemos que aceptar el aviso. De igual forma también las sensaciones nos dirán que algo va mal. Tras habernos avisado podemos empezar a observar la respiración, a observar las sensaciones y nos daremos cuenta de que la impureza desaparece enseguida.
Este fenómeno físico - mental es como una moneda, en una cara están los pensamientos y las emociones que surgen en la mente y en la otra: la respiración y las sensaciones del cuerpo. Todos los pensamientos y emociones, todas las impurezas mentales que surgen se manifiestan en la respiración y en las sensaciones de ese momento. Por eso, al observar las sensaciones o la respiración estamos observando, de hecho, las contaminaciones mentales. En vez de huir del problema nos enfrentamos a la realidad tal y como es, las negatividades ya no nos arrastrarán como hicieron en el pasado y si perseveramos terminarán por desaparecer y permaneceremos felices y en paz.
De esta forma la técnica de la auto-observación nos muestra los dos aspectos de la realidad: el interno y el externo. Antes sólo mirábamos al exterior perdiendo la verdad interna; buscábamos en el exterior la causa de nuestra desgracia culpado siempre a algo o a alguien e intentábamos cambiar la realidad externa. Al ignorar la realidad interna, no comprendíamos que la causa del sufrimiento se encuentra en nuestro interior, en nuestras reacciones ciegas hacia las sensaciones agradables o desagradables.
Ahora, al adiestrarnos, podemos ver la otra cara de la moneda, podemos ser conscientes de nuestra respiración y también de lo que ocurre en nuestro interior. Sea lo que sea, respiración o sensación, aprendemos a observar sin desequilibrar la mente. Dejamos de reaccionar y de multiplicar nuestra desdicha y permitimos que las contaminaciones se manifiesten y desaparezcan.
Las negatividades se disuelven más deprisa cuanto más se practica esta técnica. Poco a poco la mente se libera de las contaminaciones y se hace pura. Una mente pura está siempre llena de amor, amor desinteresado hacia los demás, llena de compasión hacia el sufrimiento y las faltas ajenas, llena de alegría al ver los triunfos y la felicidad de otros, llena de ecuanimidad en cualquier situación.
Al llegar a este estado nuestra conducta habitual cambia, ya no es posible cometer actos físicos o verbales que puedan perturbar la paz y la felicidad ajenas. Una mente equilibrada esta llena de paz e impregna el ambiente que la rodea de paz y de armonía que también afectan a los demás ayudándoles.
Al aprender a mantenernos equilibrados haciendo frente a lo que experimentamos en nuestro interior, desarrollamos también el desapego hacia todo lo que nos deparen las situaciones externas. Pero este desapego no es escapismo o indiferencia hacia los problemas del mundo. Quienes practican Vipassana con regularidad se sensibilizan más a los sufrimientos de los demás, y hacen cuanto pueden para aliviar el sufrimiento en la forma que puedan, sin agitación, con la mente llena de amor, compasión y ecuanimidad. Aprenden la santa indiferencia, aprenden a entregarse por completo, a ocuparse totalmente de ayudar a los demás, manteniendo simultáneamente el equilibrio mental. Así permanecen llenos de paz y de felicidad mientras trabajan por la paz y la felicidad de los demás.
Esto es lo que el Buda enseñó: un arte de vivir. No fundó una religión, un "ismo", ni enseñó ritos o rituales ni ninguna fórmula vacía a quienes se acercaban a él, sino que les enseñó a observar la naturaleza tal y como es, observando la realidad interna. Debido a nuestra ignorancia reaccionamos constantemente de manera que nos dañamos o dañamos a los demás, pero cuando surge la sabiduría, - la sabiduría de observar la realidad tal y como es -, desaparece el hábito de reaccionar y cuando dejamos de reaccionar a ciegas somos capaces de realizar actos verdaderos, actos que emanan de una mente equilibrada, de una mente que ve y comprende la verdad. Un acto así, sólo puede ser positivo, creativo, capaz de ayudarnos a nosotros y a lo demás.
Por eso es necesario "conocerse a sí mismo", consejo que dan todos los sabios. Conocerse no sólo intelectualmente en el nivel de ideas y teorías, no sólo emocional o devocionalmente aceptando a ciegas lo que hemos visto u oído, tal conocimiento no es suficiente, mas bien debemos conocer la realidad a través de la experiencia. Debemos experimentar directamente la realidad de este fenómeno físico - mental, pues es lo único que nos ayudará a liberarnos de las contaminaciones, a liberarnos del sufrimiento.
Se llama meditación Vipassana a esta experiencia directa de nuestra realidad, a esta técnica de auto -observación. En el idioma que se utilizaba en la India en la época del Buda "passana" significaba ver las cosas en la forma corriente, con los ojos abiertos; pero "vipassana" es observar las cosas tal y como son, no como parecen ser. Hay que penetrar a través de la verdad aparente hasta llegar a la verdad última de la estructura mental y física. Al experimentar esta verdad aprendemos a dejar de reaccionar ciegamente, a dejar de generar contaminaciones, y de forma natural las contaminaciones antiguas van erradicándose poco a poco. Así nos liberamos de la desdicha y experimentamos la felicidad auténtica.
En un Curso de meditación Vipassana. se dan tres pasos. El primer paso es abstenerse de cualquier acto físico o verbal que pueda perturbar la paz y la armonía de los demás. No podemos liberarnos de nuestras contaminaciones mentales si continuamos realizando actos de obra o de palabra que están multiplicando estas contaminaciones. Por eso el primer paso de esta práctica es un código moral. Nos comprometemos a no matar, no robar, no tener una conducta sexual inadecuada, no mentir y no tomar intoxicantes. Al abstenerse de estos actos permitimos a la mente que se serene lo suficiente como para poder continuar.
El segundo paso es aprender a controlar nuestra mente salvaje adiestrándola para que se concentre en un único objeto: la respiración. Intentamos mantener la atención en la respiración el mayor tiempo posible. Este no es un ejercicio de respiración porque no intentamos regularla, sino que la observamos tal y como es, de forma natural, tal y como entra, tal y como sale. De esta forma aumentamos la serenidad de la mente para que no se deje arrastrar por negatividades intensas y al mismo tiempo vamos concentrándola y haciéndola más afilada, más penetrante, más capaz de trabajar internamente.
Estos dos primeros pasos, vivir con moralidad y controlar la mente son muy necesarios y beneficiosos en sí mismos pero conducen a la represión a menos que demos un tercer paso que consiste en purificar la mente de las contaminaciones, desarrollando la visión cabal de nuestra propia naturaleza. Esto es Vipassana, la experimentación de nuestra propia realidad, observando en nosotros mismos de forma sistemática y desapasionada este fenómeno de mente y materia en constante cambio que se manifiesta en sensaciones. Esta es la culminación de la enseñanza del Buda: la auto - purificación a través de la auto - observación, algo que puede ser practicado por todos y cada uno de nosotros. Todos nos enfrentamos al problema del sufrimiento, es una enfermedad universal que requiere un remedio universal, no un remedio sectario. Cuando sentimos ira no es una ira budista, una ira hinduista, o una ira cristiana. La ira es ira. Cuando a resultas de esta ira nos sentimos agitados, la agitación no es una agitación cristiana, judía o musulmana. La enfermedad es universal y el remedio debe ser universal.
La Vipassana es este remedio. Nadie puede objetar a un código de vida que respeta la paz y la armonía de los demás. Nadie puede objetar el desarrollo del control sobre la mente. Nadie puede objetar al desarrollo de la visión cabal de nuestra propia naturaleza para posibilitar la liberación de la mente de sus negatividades. La Vipassana es un sendero universal.
Observar la realidad tal y como es, observando la verdad interior, uno se conoce a sí mismo directamente a través de la experiencia. Con la práctica nos liberamos de la desdicha que acarrean las contaminaciones. Partiendo de la verdad externa, burda y aparente, penetramos en la verdad última de la mente y la materia. Esto también terminan por trascenderse y se experimenta una verdad que esta más allá de la mente y la materia; más allá del tiempo y del espacio, más allá del campo condicional de la relatividad: la verdad de la liberación total de todas las contaminaciones, de todas las impurezas, de todo el sufrimiento. No importa el nombre que se de a esta verdad última, es la meta final de todos nosotros.
¡Ojalá que experimentes esta verdad última! ¡Ojalá que todos se liberen de las contaminaciones y de la desdicha! ¡Ojalá que todos gocen de una paz autentica, una paz real, una armonía real!
PUEDAN TODOS LOS SERES SER FELICES
Tenemos que vivir en paz con nosotros mismos y en paz con los demás porque, en definitiva, los seres humanos somos seres sociales que vivimos dentro de una sociedad interrelacionada. ¿Pero como vivir en la paz y armonía internas, y mantenerlas para que los demás puedan también vivir en paz y armonía?
Para poder librarnos de nuestra agitación, tenemos que conocer la razón básica de la misma, la causa del sufrimiento. Al investigar este problema, nos damos cuenta que nos sentimos agitados en cuanto generamos negatividades o contaminaciones en la mente. La negatividad, la contaminación o la impureza mental, no pueden coexistir con la paz y la armonía.
¿Cómo empezamos a generar negatividades? También ahora nos damos cuenta, al investigar, de que nos sentimos desdichados cuando estamos con alguien que se comporta de una manera que no nos gusta o cuando sucede algo que nos desagrada. Cuando ocurre algo que no deseamos, surge tensión en nuestro interior y también surge cuando no ocurre o existen obstáculos para que se cumpla algo que deseamos, y con todo ello empezamos a atar nudos en nuestro interior. Y como durante toda la vida van a suceder cosas que no queremos y las queridas puede que sucedan o puede que no sucedan, no cesamos en este proceso de reacción de atar nudos - nudos gordianos - que hacen que toda la estructura física y mental esté en tensión, llena de negatividades, convirtiendo nuestra vida en continua desdicha.
Una manera de resolver este problema sería arreglárnoslas para que en nuestra vida no ocurra nada no deseado, para que todo sea tal como deseamos. Para lograrlo deberíamos desarrollar en nosotros mismos el poder o bien conseguir que venga en nuestra ayuda alguien que lo tenga, para que las cosas no deseadas no sucedan y solo sucedan las cosas deseadas. Pero eso es imposible. No existe nadie en el mundo que pueda satisfacer todos sus deseos, en cuya vida todo transcurra como quiere, sin que pase algo no deseado. Constantemente ocurren cosas que van en contra de nuestros deseos y querencias, de ahí la pregunta oportuna: ¿Cómo podemos dejar de reaccionar ciegamente cuando debamos enfrentarnos a situaciones que no nos gustan? ¿Cómo podemos dejar de generar tensión y permanecer llenos de paz y de armonía?
Tanto en la India como en otros países hubo personas santas y sabias que estudiaron este problema - el problema del sufrimiento humano -, y encontraron una solución: cuando ocurre algo no deseado y empezamos a reaccionar con ira, miedo o cualquier negatividad, hay que dirigir lo antes posible la atención a cualquier otra cosa, por ejemplo te levantas, coges un vaso de agua y empiezas a beber; de esta manera la ira no solo no se multiplicará sino que empezara a disminuir: O empiezas a contar: uno, dos, tres, cuatro... O repites una palabra, o una frase, o un mantra, o quizá el nombre de una persona santa hacia la que sientas devoción. Así desviamos la mente y hasta cierto punto nos liberamos de la negatividad, de la ira.
Esta solución era útil, funcionaba y aun funciona; practicándola, la mente se siente libre de agitación. No obstante solo funciona en el nivel de la mente consciente porque lo que de hecho hacemos al desviar la atención es empujar la negatividad a lo mas profundo del inconsciente donde sigues generándola y multiplicándola. Hay paz y armonía en la superficie, pero en las profundidades de la mente hay un volcán dormido de negatividad reprimida que antes o después entrará en erupción con una gran explosión.
Hubo otros exploradores de la verdad interna que llegaron algo más allá en su búsqueda, y que tras experimentar en su interior la realidad de la mente y de la materia se dieron cuenta de que desviar la atención es solo huir del problema. Escapar no es una solución, hay que enfrentarse al problema; cuando surja una negatividad en la mente, obsérvala, hazle frente y tan pronto como empieces a observar la contaminación mental, empezará a perder fuerza y poco a poco se irá marchitando y podrá ser arrancada de raíz.
Es una buena solución que evita los dos extremos: represión y dar rienda suelta. Enterrar la negatividad en el inconsciente no la erradicará y permitirle manifestarse con un acto físico o verbal dañino solo creará más problemas. Pero si te limitas a observarla, la contaminación desaparece y habrás erradicado esa negatividad, estarás libre de esa contaminación.
Esto suena muy bien, pero ¿es practicable en la realidad? ¿Resulta fácil para una persona corriente enfrentarse a las contaminaciones? Cuando surge la ira, nos coge tan de sorpresa que ni siquiera nos damos cuenta de ello. Arrastrados por la ira cometemos actos físicos o mentales que nos dañan a nosotros y a los demás. Poco después, al desaparecer la ira, empezamos a llorar y a arrepentirnos, pidiendo perdón a los demás o pidiendo perdón a Dios: "Oh, he hecho un error, perdóname". Pero la próxima vez que nos encontremos en una situación semejante volveremos a reaccionar igual. Este arrepentimiento no nos habrá servido para nada.
La dificultad estriba en que no somos conscientes del momento en el que comienza esta contaminación. Empieza en las profundidades de la mente inconsciente y cuando llega al consciente ha tomado tal fuerza que nos arrastra y no podemos observarla.
Supongamos por un momento que empleo un secretario privado para que me avise cuando surja la ira diciéndome: "Mire, va a aparecer la ira". Pero como no sé cuando va a surgir la ira tengo que emplear tres secretarios haciendo tres turnos que cubran las veinticuatro horas del día. Supongamos que puedo mantener ese gasto y aparece la ira. Inmediatamente mi secretario diría: "Mire, la ira ha comenzado". Lo primero que haría sería darle una mala contestación: "¿ Eres tonto, crees que te pago para que me lleves la contraria?". La ira me arrastraría de tal forma que un buen consejo no podría ayudarme.
Supongamos que prevalezca la sabiduría y que no le regaño sino que le digo: "Muchas gracias, ahora debo sentarme y observar mi ira". Pero, ¿acaso es eso posible? Nada más cerrar los ojos para observar la ira, y el objeto de mi ira, ya sea una persona o un incidente, surge de inmediato en mi mente y ya no observo la propia ira sino meramente el estímulo externo de aquella emoción, lo cual, sólo conducirá a la multiplicación de la ira y por tanto, no es una solución. Es muy difícil observar una negatividad abstracta, una emoción abstracta divorciada del objeto exterior que la originó.
Sin embargo, hubo alguien que habiendo llegado a la verdad última encontró una solución auténtica. Descubrió que al surgir una contaminación en la mente ocurren dos cosas simultáneamente al nivel físico: la respiración pierde su ritmo normal, - es fácil observar que respiramos más fuerte cuando surge una negatividad - y en niveles más sutiles se inicia en el cuerpo una reacción bioquímica que da lugar a una sensación. Todas las contaminaciones generan algún tipo de sensación en el cuerpo.
Esto nos ofrece una solución practica: una persona corriente no puede observar las contaminaciones abstractas: miedo, ira o pasión, pero con un adiestramiento adecuado y practicando es fácil observar la respiración y las sensaciones del cuerpo, y ambas están relacionas directamente con las contaminaciones mentales.
La respiración y las sensaciones ayudan de dos formas: primero se comportaran como secretarios privados y en cuanto surja una impureza la respiración dejará de ser normal y empezara a gritarnos: "¡Algo va mal!". Y como no podemos regañar a la respiración tenemos que aceptar el aviso. De igual forma también las sensaciones nos dirán que algo va mal. Tras habernos avisado podemos empezar a observar la respiración, a observar las sensaciones y nos daremos cuenta de que la impureza desaparece enseguida.
Este fenómeno físico - mental es como una moneda, en una cara están los pensamientos y las emociones que surgen en la mente y en la otra: la respiración y las sensaciones del cuerpo. Todos los pensamientos y emociones, todas las impurezas mentales que surgen se manifiestan en la respiración y en las sensaciones de ese momento. Por eso, al observar las sensaciones o la respiración estamos observando, de hecho, las contaminaciones mentales. En vez de huir del problema nos enfrentamos a la realidad tal y como es, las negatividades ya no nos arrastrarán como hicieron en el pasado y si perseveramos terminarán por desaparecer y permaneceremos felices y en paz.
De esta forma la técnica de la auto-observación nos muestra los dos aspectos de la realidad: el interno y el externo. Antes sólo mirábamos al exterior perdiendo la verdad interna; buscábamos en el exterior la causa de nuestra desgracia culpado siempre a algo o a alguien e intentábamos cambiar la realidad externa. Al ignorar la realidad interna, no comprendíamos que la causa del sufrimiento se encuentra en nuestro interior, en nuestras reacciones ciegas hacia las sensaciones agradables o desagradables.
Ahora, al adiestrarnos, podemos ver la otra cara de la moneda, podemos ser conscientes de nuestra respiración y también de lo que ocurre en nuestro interior. Sea lo que sea, respiración o sensación, aprendemos a observar sin desequilibrar la mente. Dejamos de reaccionar y de multiplicar nuestra desdicha y permitimos que las contaminaciones se manifiesten y desaparezcan.
Las negatividades se disuelven más deprisa cuanto más se practica esta técnica. Poco a poco la mente se libera de las contaminaciones y se hace pura. Una mente pura está siempre llena de amor, amor desinteresado hacia los demás, llena de compasión hacia el sufrimiento y las faltas ajenas, llena de alegría al ver los triunfos y la felicidad de otros, llena de ecuanimidad en cualquier situación.
Al llegar a este estado nuestra conducta habitual cambia, ya no es posible cometer actos físicos o verbales que puedan perturbar la paz y la felicidad ajenas. Una mente equilibrada esta llena de paz e impregna el ambiente que la rodea de paz y de armonía que también afectan a los demás ayudándoles.
Al aprender a mantenernos equilibrados haciendo frente a lo que experimentamos en nuestro interior, desarrollamos también el desapego hacia todo lo que nos deparen las situaciones externas. Pero este desapego no es escapismo o indiferencia hacia los problemas del mundo. Quienes practican Vipassana con regularidad se sensibilizan más a los sufrimientos de los demás, y hacen cuanto pueden para aliviar el sufrimiento en la forma que puedan, sin agitación, con la mente llena de amor, compasión y ecuanimidad. Aprenden la santa indiferencia, aprenden a entregarse por completo, a ocuparse totalmente de ayudar a los demás, manteniendo simultáneamente el equilibrio mental. Así permanecen llenos de paz y de felicidad mientras trabajan por la paz y la felicidad de los demás.
Esto es lo que el Buda enseñó: un arte de vivir. No fundó una religión, un "ismo", ni enseñó ritos o rituales ni ninguna fórmula vacía a quienes se acercaban a él, sino que les enseñó a observar la naturaleza tal y como es, observando la realidad interna. Debido a nuestra ignorancia reaccionamos constantemente de manera que nos dañamos o dañamos a los demás, pero cuando surge la sabiduría, - la sabiduría de observar la realidad tal y como es -, desaparece el hábito de reaccionar y cuando dejamos de reaccionar a ciegas somos capaces de realizar actos verdaderos, actos que emanan de una mente equilibrada, de una mente que ve y comprende la verdad. Un acto así, sólo puede ser positivo, creativo, capaz de ayudarnos a nosotros y a lo demás.
Por eso es necesario "conocerse a sí mismo", consejo que dan todos los sabios. Conocerse no sólo intelectualmente en el nivel de ideas y teorías, no sólo emocional o devocionalmente aceptando a ciegas lo que hemos visto u oído, tal conocimiento no es suficiente, mas bien debemos conocer la realidad a través de la experiencia. Debemos experimentar directamente la realidad de este fenómeno físico - mental, pues es lo único que nos ayudará a liberarnos de las contaminaciones, a liberarnos del sufrimiento.
Se llama meditación Vipassana a esta experiencia directa de nuestra realidad, a esta técnica de auto -observación. En el idioma que se utilizaba en la India en la época del Buda "passana" significaba ver las cosas en la forma corriente, con los ojos abiertos; pero "vipassana" es observar las cosas tal y como son, no como parecen ser. Hay que penetrar a través de la verdad aparente hasta llegar a la verdad última de la estructura mental y física. Al experimentar esta verdad aprendemos a dejar de reaccionar ciegamente, a dejar de generar contaminaciones, y de forma natural las contaminaciones antiguas van erradicándose poco a poco. Así nos liberamos de la desdicha y experimentamos la felicidad auténtica.
En un Curso de meditación Vipassana. se dan tres pasos. El primer paso es abstenerse de cualquier acto físico o verbal que pueda perturbar la paz y la armonía de los demás. No podemos liberarnos de nuestras contaminaciones mentales si continuamos realizando actos de obra o de palabra que están multiplicando estas contaminaciones. Por eso el primer paso de esta práctica es un código moral. Nos comprometemos a no matar, no robar, no tener una conducta sexual inadecuada, no mentir y no tomar intoxicantes. Al abstenerse de estos actos permitimos a la mente que se serene lo suficiente como para poder continuar.
El segundo paso es aprender a controlar nuestra mente salvaje adiestrándola para que se concentre en un único objeto: la respiración. Intentamos mantener la atención en la respiración el mayor tiempo posible. Este no es un ejercicio de respiración porque no intentamos regularla, sino que la observamos tal y como es, de forma natural, tal y como entra, tal y como sale. De esta forma aumentamos la serenidad de la mente para que no se deje arrastrar por negatividades intensas y al mismo tiempo vamos concentrándola y haciéndola más afilada, más penetrante, más capaz de trabajar internamente.
Estos dos primeros pasos, vivir con moralidad y controlar la mente son muy necesarios y beneficiosos en sí mismos pero conducen a la represión a menos que demos un tercer paso que consiste en purificar la mente de las contaminaciones, desarrollando la visión cabal de nuestra propia naturaleza. Esto es Vipassana, la experimentación de nuestra propia realidad, observando en nosotros mismos de forma sistemática y desapasionada este fenómeno de mente y materia en constante cambio que se manifiesta en sensaciones. Esta es la culminación de la enseñanza del Buda: la auto - purificación a través de la auto - observación, algo que puede ser practicado por todos y cada uno de nosotros. Todos nos enfrentamos al problema del sufrimiento, es una enfermedad universal que requiere un remedio universal, no un remedio sectario. Cuando sentimos ira no es una ira budista, una ira hinduista, o una ira cristiana. La ira es ira. Cuando a resultas de esta ira nos sentimos agitados, la agitación no es una agitación cristiana, judía o musulmana. La enfermedad es universal y el remedio debe ser universal.
La Vipassana es este remedio. Nadie puede objetar a un código de vida que respeta la paz y la armonía de los demás. Nadie puede objetar el desarrollo del control sobre la mente. Nadie puede objetar al desarrollo de la visión cabal de nuestra propia naturaleza para posibilitar la liberación de la mente de sus negatividades. La Vipassana es un sendero universal.
Observar la realidad tal y como es, observando la verdad interior, uno se conoce a sí mismo directamente a través de la experiencia. Con la práctica nos liberamos de la desdicha que acarrean las contaminaciones. Partiendo de la verdad externa, burda y aparente, penetramos en la verdad última de la mente y la materia. Esto también terminan por trascenderse y se experimenta una verdad que esta más allá de la mente y la materia; más allá del tiempo y del espacio, más allá del campo condicional de la relatividad: la verdad de la liberación total de todas las contaminaciones, de todas las impurezas, de todo el sufrimiento. No importa el nombre que se de a esta verdad última, es la meta final de todos nosotros.
¡Ojalá que experimentes esta verdad última! ¡Ojalá que todos se liberen de las contaminaciones y de la desdicha! ¡Ojalá que todos gocen de una paz autentica, una paz real, una armonía real!
PUEDAN TODOS LOS SERES SER FELICES
lunes, 14 de julio de 2008
BIOMAGNETISMO...

Biomagnetismo y MagnetoTerapia.
El objetivo de esta página es introducirle en un tema tan interesante, como es, el biomagnetismo, la imanterapia o magnetoterapia, y algunas de sus aplicaciones. No se pretende desarrollar un estudio completo sobre el tema, si el tema le parece interesante, investigue por su cuenta, seguro que se va a encontrar con sorpresas agradables.
Introducción.
El Biomagnetismo es el estudio del efecto de campos magnéticos en sistemas biológicos, es decir sobre organismos vivos, y por tanto sobre nuestra salud. La energía biomagnética es nuestra fuerza de vida, tanto como lo es el aire, el agua y la luz del sol.
De acuerdo en el Dr. Payne, algunos de los efectos que producen los campos magnéticos en los organismos vivos son los siguientes:
Incremento de flujo sanguíneo y mejora de la capacidad de transportar oxígeno, facilitando la recuperación y mantenimiento de la salud.
Cambios en la migración de los iones de calcio, que proporcionan calcio a los huesos.
Se modifica el pH de los líquidos.
Se incrementa la producción de hormonas de las glándulas endocrinas.
Diferentes Efectos de los Polos de un Imán Permanente.
A cada uno de los polos de un imán permanente le corresponde una forma de energía magnética distinta, y por tanto sus efectos son distintos. El polo norte significa detención, relajación, y el polo sur avance, acelera, da vida y energía.
El polo Norte ( - ): El polo Norte de un imán permanente produce una reducción del contenido ácido, detiene las infecciones, ayuda a cerrar heridas y aliviar distintas dolencias que desaparecen sin dejar efectos secundarios. En el polo Norte de un imán permanente, tenemos un remolino de electrones girando en sentido contrario a las agujas del reloj, con una carga magnética negativa.
El polo Sur ( + ): El polo Sur de un imán transmite energía y vigor a los organismos vivos, refuerza los componentes ácidos, estimulando la producción de proteínas, y acelera el proceso de maduración. En el polo Sur de un imán hay un remolino de electrones que gira en el sentido de las agujas del reloj, con una carga magnética positiva.
Efectos sobre nuestra Salud y Enfermedades.
Los campos magnéticos afectan la circulación de la sangre, que contiene hemoglobina y hierro ( la sangre es de color rojo debido al hierro, el hierro con oxígeno, oxidado, es de color rojo ). Sin el hierro no hay energía, y sin energía se detienen el latido del corazón y la respiración, por lo que el hierro es esencial para la vida, y la influencia de un campo magnético sobre el hierro es considerable e induscutible.
Los campos magnéticos producen una pequeña corriente eléctrica debajo de la piel, lo suficientemente fuerte como para causar efectos biológicos como son: la reducción de dolor, la regeneración de células y nervios, etc..
Un campo magnético atrae y repele las partículas cargadas de la sangre, creando movimiento y calor. Esto dilata los vasos sanguíneos, incrementando la circulación de la sangre y acelerando los procesos de curación y de recuperación.
El insomnio responde rápida y eficazmente a la aplicación de un imán sin necesidad de medicación alguna. Los dolores de muelas se alivian aplicando el polo Norte de un imán sobre la mejilla dolorida. Los dolores producidos por heridas también se pueden aliviar mediante la aplicación de un imán permanente. El imán resulta muy eficaz en algunos casos de epilepsia y reduce el número de ataques del paciente. También pueden aplicarse imánes permanentes en los ojos: el polo Norte le puede ayudar en algunos casos de cataratas precoces, inflamaciones de los ojos, vista cansada, etc.. Incluso para la sordera pueden ser muy útil la aplicación de imanes permanentes.
Aplicación directa.
La forma más sencilla de aplicación de la magnetoterapia o imanterapia consiste en aplicar el imán directamente sobre la zona a tratar, teniendo especialmente cuidad en seleccionar el polo adecuado. Normalmente en MagnetoTerapia se aplica el polo NORTE (-) de un imán directamente sobre la zona a tratar, aunque en algunos casos se utiliza el polo SUR (+).
Magnetización de líquidos.
Según Roy Davis, el tratamiento del agua potable con campos magnéticos potencia la actividad iónica del hidrógeno del agua, y puede utilizarse para estimular la actividad mental, además de producir un efecto calmante, neutralizando las situaciones estresantes (tensión muscular, hipertensión arterial, palpitaciones, cefaleas, insomnio, irritabilidad, etc..).
Si se mantiene el polo Norte de un imán sumergido durante unos minutos en un vaso de agua y acto seguido medimos su pH, podremos observar que éste es alcalino; en cambio, si sumergimos el polo Sur hará que el agua se vuelva ligeramente ácida. Es decir, los efectos del campo magnético varían en función de la polaridad aplicada. El pH del agua puede cambiar de 7 a 9'2 mediante su exposición a un campo magnético de 7000 gauss. Además de modicar la temperatura, tensión superficial, viscosidad y la conductividad eléctrica.
Aunque el agua magnetizada no conserva sus propiedades magnéticas como una barra de hierro, la ingestión de agua magnetizada modifica la polaridad de los átomos del cuerpo, especialmente los de hidrógeno, que tienen un protón (positivo) y un electrón (negativo). Se modifica el eje de rotación y la órbita del electrón, cambiando su polaridad. Esto le proporciona un sabor a agua de lluvia, al mismo tiempo, que reduce el sabor a cloro y a flúor.
El agua magnetizada también produce efectos positivos en los órganos digestivos y urinarios, en los nervios, en la presión de la sangre, ayuda a desbloquear arterias y normaliza el sistema circulatorio.
No es necesario que el imán esté en contacto con el agua que se pretende imantar, puede colocarse en el exterior de un recipiente de cristal, cerámica, cobre o aluminio (nunca de un material que se magnetice, como el hierro). No se aconseja tener elementos magnetizables cerca del campo magnético (como los cubiertos metálicos). Retirar el imán antes de introducir una cuchara en el recipiente y/o retirar la cuchara antes de colocar el imán. Si la cuchara es de madera, de plástico o de cualquier material que no se magnetice no es necesario retirarla.
Beneficios de la ingestión de Agua Magnetizada:
Mejor gusto.
Reduce la acidez y ayuda a regular el pH del cuerpo.
Produce efectos terapéuticos en el cuerpo, especialmente en los sistemas: digestivo, nervioso y urinario.
Ayuda a limpiar arterias bloqueadas, normaliza el sistema circulatorio y la función de regulación de temperatura.
Es beneficiosa para problemas de riñón, gota, obesidad, y envejecimiento prematuro.
Estimula la actividad cerebral.
Facilita la relajación y el bien estar.
Proporciona más salud y vitalidad.
El agua magnetizada con el polo Sur tiene una tensión superficial menor que el agua magnetizada con el polo Norte. Además el agua magnetizada con el polo Sur, proporciona energía y vitalidad. El agua magnetizada con el polo Norte acelera los porcesos curativos y relaja.
La leche, se conserva fresca más tiempo si se mantiene dentro de un campo magnético de polaridad Norte; en cambio, si se expone al polo Sur se agriará a mayor velocidad. También se pueden magnetizar la leche con el polo Sur de un imán durante media hora, para tomarla seguidamente, proporcionando vigor y vitalidad a personas débiles y cansadas.
Los zumos de fruta pueden magnetizarse para aumentar su poder refrescante y nutritivo.
Hay que tener en cuenta que la ingestión de agua magnetizada no produce efectos imediatos, su acción es lenta y continuada. Normalmente se empiezan a notar sus efectos a partir de los dos o tres semanas del inicio su ingestión.
Las aguas con gran cantidad de sales disueltas, se denominan "aguas duras", tienen un menor poder disolvente, producen menos espuma con jabones y detergentes, y los alimentos necesitan más tiempo para cocerse. Las aguas con poca cantidad de sales se doniman "aguas blandas", tienen un mayor poder disolvente.
La forma más sencilla de obtener un magnetizador de líquidos, es simplemente obtener un imán permanente en forma de disco de ferrita de las dimensiones adecuadas y colocarlo debajo de un vaso que contenga el líquido que deseamos magnetizar, y beber normalmente durante las comidas. Simplemente dejaremos el vaso sobre el imán con el polo adecuado hacia arriba en lugar de dejarlo sobre la mesa, como si de un posavasos se tratara.
Biomagnetismo en agricultura.
La fruta, las verduras, etc. se conservan frescas más tiempo si se mantienen dentro de un campo magnético de polaridad Norte; en cambio, si se exponen al polo Sur madurarán más rápidamente.
Las semillas sembradas en campos magnéticos mostraron curvas de crecimiento significativas.
Se ha observado que bajo la influencia del polo Norte las plantas crecen altas y delgadas, mientras que bajo la influencia del polo Sur crecen más cortas y gruesas. Los plátanos regados con agua imantada con energía del polo Sur se hacen más gruesos y dulces, mientras que los regados con agua imantada con el polo Norte son más delgados y verdes.
Los científicos sospechan que el campo magnético de la Tierra activa en frutas y verduras un sistema de enzimas que produce su maduración natural. Los tomates en el interior de un campo magnético maduran de cuatro a seis veces más rápidamente. El magnetismo hace también que las semillas germinen a varias veces su velocidad normal.
EL VITIC. Una Barra de Carbón y un Imán.
Un científico inglés interesado en la Egiptología (A.E. Baines) fue el primero en advertir que algunas estatuas sostenían una varilla en cada mano. Tras varios años de investigaciones llegó a la conclusión de que se trataba de una barra de carbón y de un imán.
Baines escribe: "El carbón duro tal como se utiliza en las lámparas de arco libera cierta cantidad de energía que, hasta donde alcanza nuestra experiencia, es imposible de distinguir de la energía nerviosa. Si se trata del carbón al que se ha modificado violentamente su estructura molecular hasta hacerle adquirir un elevado grado de dureza, genera una energía considerablemente mayor".
Dr. Wilson escribía en el "Medical Times" del 25 de julio de 1914:" Esta forma de energía devuelve las corrientes nerviosas a la normalidad. Cuando se sujeta con la mano derecha, la barra actúa como un estimulante sin ningún efecto secundario posterior; en la mano izquierda, actúa como un sedante. Dichos efectos estimulantes por lo general son beneficiosos para el sistema nervioso: la fatiga mental desaparece rápidamente, y también los estados mórbidos, como la neurastenia y la debilidad de corazón".
Aplicado en el lado izquierdo, el magnetismo estimula la actividad del corazón, mientras que en el lado derecho lo sosiega. El efecto dura en tanto se mantiene el imán en contacto con el cuerpo y cesa en cuanto se retira.
Según Mark L. Gallert: "Las personas sensibles suelen sentir un ligero hormigueo cuando sostienen las barras. En cambio, otras personas no sienten nada, lo que no impide que el tratamiento también haga efecto."
Curiosidades.
Cuando aumenta el campo magnético, las bacterias del intestino humano se multiplican rápidamente. Hay gérmenes que desarrollan una enorme resistencia a los antibióticos mientras que otros se hacen mil veces más vulnerables.
Se ha observado que los seres humanos que trabajan en las proximidades de imanes artificiales muy potentes experimentan pérdidas de memoria y que la exposición del cerebro humano a campos magnéticos poco intensos durante unos minutos al día aumenta sensiblemente la actividad cerebral.
Hay investigaciones espaciales recientes que indican que es posible que los seres humanos estemos condicionados por fuerzas magnéticas procedentes de más allá de nuestro Sol. Tanto las plagas que atacan los cultivos agrícolas como la abundancia de las cosechas están directamente relacionadas con fuerzas magnéticas estrechamente dependientes de fenómenos cósmicos que tienen lugar en la inmediaciones del espacio, a enorme distancia de la Tierra.
Se ha descubierto que la polaridad correcta del cuerpo es la siguiente: el lado izquierdo es negativo, el derecho es positivo y el centro es neutro, tanto delante como detrás, hasta que llegamos al entrecejo, desde aquí hacia arriba parece que es positivo.
Se ha demostrado que es posible alargar la vida de ratones, ratas, conejos y otros animales, cuando estos viven cerca de campos magnéticos constantes.
Se ha demostrado que es posible disolver el calcio y detener ciertos tipos de cáncer mediante imanes, con los que se puede aumentar la capacidad de regeneración del organismo y ayudar al desarrollo del hueso y de la materia fibrosa cálcica del mismo. Los campos electromagnéticos, estimulan el desarrollo del hueso, aceleran la cicatrización de las fracturas y reducen el dolor producido por la presión de los fragmentos de hueso astillado sobre los nervios.
Como sistemas electromagnéticos, nuestros cuerpos existen en equilibrio entre y bajo la influencia de fuerzas magnéticas positivas y negativas. La corteza terrestre ejerce un poderoso campo magnético negativo, aunque durante el día experimentamos un fuerza positiva procedente del Sol. Por la noche el campo magnético negativo de la Tierra incrementa el oxígeno de las células, facilitando el sueño, la curación, reduciendo las inflamaciones.
En la antigua Grecia, Aristóteles fue la primera persona que habló de las propiedades terapéuticas de un imán natural. Aunque otras muchas civilizaciones antiguas incluyendo Hebreos, Arabes, Indios, Egipcios y Chinos, utilizaban imanes para la curación de enfermedades.
En la NASA conoce la importancia de los campos magnéticos sobre la salud, solucionaron una gran incidencia en enfermedades y pérdidas de densidad ósea de los astronautas, colocando imanes permanentes en los trajes y en la nave.
Los imanes trabajan con le mismo principio que la acupuntura, equilibrando el flujo de energía, pero sin la utilización de agujas.
PRECAUCIONES.
No utilice imanes muy fuertes cerca del corazón o de la cabeza. No utilice imanes fuertes en niños pequeños. Empiece el tratamiento con imanes de poca o media fuerza. El imán no debe entrar en contacto directo con la piel en caso de quemaduras ni en heridas abiertas. Los imanes no son compatibles con los marcapasos, desfibriladores automáticos ni dispositivos eléctricos internos. Si tiene objetos metálicos implantados en su cuerpo, tenga cuidado con la utilización de imanes. Si nota molestias, deje de utilizarlos. No debería utilizar imanes en caso de embarazo. No debería aplicarse imanes fuertes en el abdomen después de una comida fuerte, ya que altera la producción de ácido y la movilidad gastrointestinal. La energía del polo Sur constituye un eficaz tratamiento capaz de resucitar células supuestamente agotadas y desvitalizadas, pero hay que complementar inmediatamente dichas aplicaciones con otras de energía del polo Norte. Si se produce agravamiento de heridas y/o dolencias, se debe a que no se utiliza el polo adecuado, nunca a un uso excesivo, aunque no debería aplicarse un imán cerca de la cabeza durante un periodo de tiempo prolongado. No debería tener imanes cerca de: su ordenador, disquetes del ordenador , tarjetas de crédito, cintas de vídeo, cintas de cassette, y otros dispositivos que utilicen un sistema de grabación o lectura magnético, ya que puede perder la información almacenada. No ponga un imán en un microondas. No se ponga un imán sobre una herida abierta directamente, es decir, que el imán no entre en contacto directo con la herida. Si tiene problemas de corazón o de circulación consulte con su médico antes de utilizar un imán. No se aplique el polo SUR de un imán en zonas donde existan porcesos infeciosos, tomorales o dolorosos. En estos casos aplicar el polo NORTE. Los campos magnéticos demasiado intensos pueden llegar a ser perjudiciales en algunos casos, y no deberían utilizarse más que en enfermedades crónicas o muy agudas, y siempre con precaución...
El objetivo de esta página es introducirle en un tema tan interesante, como es, el biomagnetismo, la imanterapia o magnetoterapia, y algunas de sus aplicaciones. No se pretende desarrollar un estudio completo sobre el tema, si el tema le parece interesante, investigue por su cuenta, seguro que se va a encontrar con sorpresas agradables.
Introducción.
El Biomagnetismo es el estudio del efecto de campos magnéticos en sistemas biológicos, es decir sobre organismos vivos, y por tanto sobre nuestra salud. La energía biomagnética es nuestra fuerza de vida, tanto como lo es el aire, el agua y la luz del sol.
De acuerdo en el Dr. Payne, algunos de los efectos que producen los campos magnéticos en los organismos vivos son los siguientes:
Incremento de flujo sanguíneo y mejora de la capacidad de transportar oxígeno, facilitando la recuperación y mantenimiento de la salud.
Cambios en la migración de los iones de calcio, que proporcionan calcio a los huesos.
Se modifica el pH de los líquidos.
Se incrementa la producción de hormonas de las glándulas endocrinas.
Diferentes Efectos de los Polos de un Imán Permanente.
A cada uno de los polos de un imán permanente le corresponde una forma de energía magnética distinta, y por tanto sus efectos son distintos. El polo norte significa detención, relajación, y el polo sur avance, acelera, da vida y energía.
El polo Norte ( - ): El polo Norte de un imán permanente produce una reducción del contenido ácido, detiene las infecciones, ayuda a cerrar heridas y aliviar distintas dolencias que desaparecen sin dejar efectos secundarios. En el polo Norte de un imán permanente, tenemos un remolino de electrones girando en sentido contrario a las agujas del reloj, con una carga magnética negativa.
El polo Sur ( + ): El polo Sur de un imán transmite energía y vigor a los organismos vivos, refuerza los componentes ácidos, estimulando la producción de proteínas, y acelera el proceso de maduración. En el polo Sur de un imán hay un remolino de electrones que gira en el sentido de las agujas del reloj, con una carga magnética positiva.
Efectos sobre nuestra Salud y Enfermedades.
Los campos magnéticos afectan la circulación de la sangre, que contiene hemoglobina y hierro ( la sangre es de color rojo debido al hierro, el hierro con oxígeno, oxidado, es de color rojo ). Sin el hierro no hay energía, y sin energía se detienen el latido del corazón y la respiración, por lo que el hierro es esencial para la vida, y la influencia de un campo magnético sobre el hierro es considerable e induscutible.
Los campos magnéticos producen una pequeña corriente eléctrica debajo de la piel, lo suficientemente fuerte como para causar efectos biológicos como son: la reducción de dolor, la regeneración de células y nervios, etc..
Un campo magnético atrae y repele las partículas cargadas de la sangre, creando movimiento y calor. Esto dilata los vasos sanguíneos, incrementando la circulación de la sangre y acelerando los procesos de curación y de recuperación.
El insomnio responde rápida y eficazmente a la aplicación de un imán sin necesidad de medicación alguna. Los dolores de muelas se alivian aplicando el polo Norte de un imán sobre la mejilla dolorida. Los dolores producidos por heridas también se pueden aliviar mediante la aplicación de un imán permanente. El imán resulta muy eficaz en algunos casos de epilepsia y reduce el número de ataques del paciente. También pueden aplicarse imánes permanentes en los ojos: el polo Norte le puede ayudar en algunos casos de cataratas precoces, inflamaciones de los ojos, vista cansada, etc.. Incluso para la sordera pueden ser muy útil la aplicación de imanes permanentes.
Aplicación directa.
La forma más sencilla de aplicación de la magnetoterapia o imanterapia consiste en aplicar el imán directamente sobre la zona a tratar, teniendo especialmente cuidad en seleccionar el polo adecuado. Normalmente en MagnetoTerapia se aplica el polo NORTE (-) de un imán directamente sobre la zona a tratar, aunque en algunos casos se utiliza el polo SUR (+).
Magnetización de líquidos.
Según Roy Davis, el tratamiento del agua potable con campos magnéticos potencia la actividad iónica del hidrógeno del agua, y puede utilizarse para estimular la actividad mental, además de producir un efecto calmante, neutralizando las situaciones estresantes (tensión muscular, hipertensión arterial, palpitaciones, cefaleas, insomnio, irritabilidad, etc..).
Si se mantiene el polo Norte de un imán sumergido durante unos minutos en un vaso de agua y acto seguido medimos su pH, podremos observar que éste es alcalino; en cambio, si sumergimos el polo Sur hará que el agua se vuelva ligeramente ácida. Es decir, los efectos del campo magnético varían en función de la polaridad aplicada. El pH del agua puede cambiar de 7 a 9'2 mediante su exposición a un campo magnético de 7000 gauss. Además de modicar la temperatura, tensión superficial, viscosidad y la conductividad eléctrica.
Aunque el agua magnetizada no conserva sus propiedades magnéticas como una barra de hierro, la ingestión de agua magnetizada modifica la polaridad de los átomos del cuerpo, especialmente los de hidrógeno, que tienen un protón (positivo) y un electrón (negativo). Se modifica el eje de rotación y la órbita del electrón, cambiando su polaridad. Esto le proporciona un sabor a agua de lluvia, al mismo tiempo, que reduce el sabor a cloro y a flúor.
El agua magnetizada también produce efectos positivos en los órganos digestivos y urinarios, en los nervios, en la presión de la sangre, ayuda a desbloquear arterias y normaliza el sistema circulatorio.
No es necesario que el imán esté en contacto con el agua que se pretende imantar, puede colocarse en el exterior de un recipiente de cristal, cerámica, cobre o aluminio (nunca de un material que se magnetice, como el hierro). No se aconseja tener elementos magnetizables cerca del campo magnético (como los cubiertos metálicos). Retirar el imán antes de introducir una cuchara en el recipiente y/o retirar la cuchara antes de colocar el imán. Si la cuchara es de madera, de plástico o de cualquier material que no se magnetice no es necesario retirarla.
Beneficios de la ingestión de Agua Magnetizada:
Mejor gusto.
Reduce la acidez y ayuda a regular el pH del cuerpo.
Produce efectos terapéuticos en el cuerpo, especialmente en los sistemas: digestivo, nervioso y urinario.
Ayuda a limpiar arterias bloqueadas, normaliza el sistema circulatorio y la función de regulación de temperatura.
Es beneficiosa para problemas de riñón, gota, obesidad, y envejecimiento prematuro.
Estimula la actividad cerebral.
Facilita la relajación y el bien estar.
Proporciona más salud y vitalidad.
El agua magnetizada con el polo Sur tiene una tensión superficial menor que el agua magnetizada con el polo Norte. Además el agua magnetizada con el polo Sur, proporciona energía y vitalidad. El agua magnetizada con el polo Norte acelera los porcesos curativos y relaja.
La leche, se conserva fresca más tiempo si se mantiene dentro de un campo magnético de polaridad Norte; en cambio, si se expone al polo Sur se agriará a mayor velocidad. También se pueden magnetizar la leche con el polo Sur de un imán durante media hora, para tomarla seguidamente, proporcionando vigor y vitalidad a personas débiles y cansadas.
Los zumos de fruta pueden magnetizarse para aumentar su poder refrescante y nutritivo.
Hay que tener en cuenta que la ingestión de agua magnetizada no produce efectos imediatos, su acción es lenta y continuada. Normalmente se empiezan a notar sus efectos a partir de los dos o tres semanas del inicio su ingestión.
Las aguas con gran cantidad de sales disueltas, se denominan "aguas duras", tienen un menor poder disolvente, producen menos espuma con jabones y detergentes, y los alimentos necesitan más tiempo para cocerse. Las aguas con poca cantidad de sales se doniman "aguas blandas", tienen un mayor poder disolvente.
La forma más sencilla de obtener un magnetizador de líquidos, es simplemente obtener un imán permanente en forma de disco de ferrita de las dimensiones adecuadas y colocarlo debajo de un vaso que contenga el líquido que deseamos magnetizar, y beber normalmente durante las comidas. Simplemente dejaremos el vaso sobre el imán con el polo adecuado hacia arriba en lugar de dejarlo sobre la mesa, como si de un posavasos se tratara.
Biomagnetismo en agricultura.
La fruta, las verduras, etc. se conservan frescas más tiempo si se mantienen dentro de un campo magnético de polaridad Norte; en cambio, si se exponen al polo Sur madurarán más rápidamente.
Las semillas sembradas en campos magnéticos mostraron curvas de crecimiento significativas.
Se ha observado que bajo la influencia del polo Norte las plantas crecen altas y delgadas, mientras que bajo la influencia del polo Sur crecen más cortas y gruesas. Los plátanos regados con agua imantada con energía del polo Sur se hacen más gruesos y dulces, mientras que los regados con agua imantada con el polo Norte son más delgados y verdes.
Los científicos sospechan que el campo magnético de la Tierra activa en frutas y verduras un sistema de enzimas que produce su maduración natural. Los tomates en el interior de un campo magnético maduran de cuatro a seis veces más rápidamente. El magnetismo hace también que las semillas germinen a varias veces su velocidad normal.
EL VITIC. Una Barra de Carbón y un Imán.
Un científico inglés interesado en la Egiptología (A.E. Baines) fue el primero en advertir que algunas estatuas sostenían una varilla en cada mano. Tras varios años de investigaciones llegó a la conclusión de que se trataba de una barra de carbón y de un imán.
Baines escribe: "El carbón duro tal como se utiliza en las lámparas de arco libera cierta cantidad de energía que, hasta donde alcanza nuestra experiencia, es imposible de distinguir de la energía nerviosa. Si se trata del carbón al que se ha modificado violentamente su estructura molecular hasta hacerle adquirir un elevado grado de dureza, genera una energía considerablemente mayor".
Dr. Wilson escribía en el "Medical Times" del 25 de julio de 1914:" Esta forma de energía devuelve las corrientes nerviosas a la normalidad. Cuando se sujeta con la mano derecha, la barra actúa como un estimulante sin ningún efecto secundario posterior; en la mano izquierda, actúa como un sedante. Dichos efectos estimulantes por lo general son beneficiosos para el sistema nervioso: la fatiga mental desaparece rápidamente, y también los estados mórbidos, como la neurastenia y la debilidad de corazón".
Aplicado en el lado izquierdo, el magnetismo estimula la actividad del corazón, mientras que en el lado derecho lo sosiega. El efecto dura en tanto se mantiene el imán en contacto con el cuerpo y cesa en cuanto se retira.
Según Mark L. Gallert: "Las personas sensibles suelen sentir un ligero hormigueo cuando sostienen las barras. En cambio, otras personas no sienten nada, lo que no impide que el tratamiento también haga efecto."
Curiosidades.
Cuando aumenta el campo magnético, las bacterias del intestino humano se multiplican rápidamente. Hay gérmenes que desarrollan una enorme resistencia a los antibióticos mientras que otros se hacen mil veces más vulnerables.
Se ha observado que los seres humanos que trabajan en las proximidades de imanes artificiales muy potentes experimentan pérdidas de memoria y que la exposición del cerebro humano a campos magnéticos poco intensos durante unos minutos al día aumenta sensiblemente la actividad cerebral.
Hay investigaciones espaciales recientes que indican que es posible que los seres humanos estemos condicionados por fuerzas magnéticas procedentes de más allá de nuestro Sol. Tanto las plagas que atacan los cultivos agrícolas como la abundancia de las cosechas están directamente relacionadas con fuerzas magnéticas estrechamente dependientes de fenómenos cósmicos que tienen lugar en la inmediaciones del espacio, a enorme distancia de la Tierra.
Se ha descubierto que la polaridad correcta del cuerpo es la siguiente: el lado izquierdo es negativo, el derecho es positivo y el centro es neutro, tanto delante como detrás, hasta que llegamos al entrecejo, desde aquí hacia arriba parece que es positivo.
Se ha demostrado que es posible alargar la vida de ratones, ratas, conejos y otros animales, cuando estos viven cerca de campos magnéticos constantes.
Se ha demostrado que es posible disolver el calcio y detener ciertos tipos de cáncer mediante imanes, con los que se puede aumentar la capacidad de regeneración del organismo y ayudar al desarrollo del hueso y de la materia fibrosa cálcica del mismo. Los campos electromagnéticos, estimulan el desarrollo del hueso, aceleran la cicatrización de las fracturas y reducen el dolor producido por la presión de los fragmentos de hueso astillado sobre los nervios.
Como sistemas electromagnéticos, nuestros cuerpos existen en equilibrio entre y bajo la influencia de fuerzas magnéticas positivas y negativas. La corteza terrestre ejerce un poderoso campo magnético negativo, aunque durante el día experimentamos un fuerza positiva procedente del Sol. Por la noche el campo magnético negativo de la Tierra incrementa el oxígeno de las células, facilitando el sueño, la curación, reduciendo las inflamaciones.
En la antigua Grecia, Aristóteles fue la primera persona que habló de las propiedades terapéuticas de un imán natural. Aunque otras muchas civilizaciones antiguas incluyendo Hebreos, Arabes, Indios, Egipcios y Chinos, utilizaban imanes para la curación de enfermedades.
En la NASA conoce la importancia de los campos magnéticos sobre la salud, solucionaron una gran incidencia en enfermedades y pérdidas de densidad ósea de los astronautas, colocando imanes permanentes en los trajes y en la nave.
Los imanes trabajan con le mismo principio que la acupuntura, equilibrando el flujo de energía, pero sin la utilización de agujas.
PRECAUCIONES.
No utilice imanes muy fuertes cerca del corazón o de la cabeza. No utilice imanes fuertes en niños pequeños. Empiece el tratamiento con imanes de poca o media fuerza. El imán no debe entrar en contacto directo con la piel en caso de quemaduras ni en heridas abiertas. Los imanes no son compatibles con los marcapasos, desfibriladores automáticos ni dispositivos eléctricos internos. Si tiene objetos metálicos implantados en su cuerpo, tenga cuidado con la utilización de imanes. Si nota molestias, deje de utilizarlos. No debería utilizar imanes en caso de embarazo. No debería aplicarse imanes fuertes en el abdomen después de una comida fuerte, ya que altera la producción de ácido y la movilidad gastrointestinal. La energía del polo Sur constituye un eficaz tratamiento capaz de resucitar células supuestamente agotadas y desvitalizadas, pero hay que complementar inmediatamente dichas aplicaciones con otras de energía del polo Norte. Si se produce agravamiento de heridas y/o dolencias, se debe a que no se utiliza el polo adecuado, nunca a un uso excesivo, aunque no debería aplicarse un imán cerca de la cabeza durante un periodo de tiempo prolongado. No debería tener imanes cerca de: su ordenador, disquetes del ordenador , tarjetas de crédito, cintas de vídeo, cintas de cassette, y otros dispositivos que utilicen un sistema de grabación o lectura magnético, ya que puede perder la información almacenada. No ponga un imán en un microondas. No se ponga un imán sobre una herida abierta directamente, es decir, que el imán no entre en contacto directo con la herida. Si tiene problemas de corazón o de circulación consulte con su médico antes de utilizar un imán. No se aplique el polo SUR de un imán en zonas donde existan porcesos infeciosos, tomorales o dolorosos. En estos casos aplicar el polo NORTE. Los campos magnéticos demasiado intensos pueden llegar a ser perjudiciales en algunos casos, y no deberían utilizarse más que en enfermedades crónicas o muy agudas, y siempre con precaución...
LOS MISTERIOS DE LA VIDA Y DE LA MUERTE.

LOS MISTERIOS DE LA VIDA Y DE LA MUERTE
Samael Aun Weor
Voy hablar hoy sobre los misterios de la vida y de la muerte, es este el objetivo claro de esta plática. Vamos hacer una plena diferenciación entre lo que es la Ley del Eterno Retorno de todas las cosas, la Ley de la Trasmigración de las Almas, la Ley de Reencarnación, etc.
Ha llegado el momento de desglosar ampliamente todas estas cosas, a fin de que los estudiantes se mantengan bien informados. Es obvio que lo primero que uno necesita saber en la vida es de donde viene, para donde va y cual es el objeto de la existencia; para que existimos, por que existimos, etc., etc., etc.
Incuestionablemente, si queremos nosotros saber algo sobre el destino que nos aguarda, sobre lo que es la vida en sí, es indispensable, primero que todo, saber que es lo que somos; eso es urgente, inaplazable, impostergable.
El cuerpo físico en sí mismo no es todo. Un cuerpo está formado por órganos, cada órgano está compuesto por células, a su vez cada célula esta compuesta por moléculas e cada molécula por átomos. Si fraccionamos cualquier átomo, liberamos energía. Los átomos en sí mismos se componen de iones, que giran alrededor de los electrones, de protones, de neutrones, etc., etc., etc. Todo eso lo sabe la física nuclear. En última instancia, el cuerpo físico se resume en distintos tipos y subtipos de energía, y eso es interesantísimo.
El mismo pensamiento humano es energía. Del neo-palial en el cerebro salen determinadas ondas que pueden ser sabiamente registradas. Sabemos que los científicos miden las ondas mentales con aparatos muy finos, se las catalogan en forma de micro voltios.
Así pues, en última instancia, nuestro organismo se resume en diversos tipos y subtipos de energía. La llamada materia no es más que energía condensada. Por eso dijo Einstein : E = m.c2 (energía es igual a masa multiplicada por la velocidad de la luz al cuadrado); también afirmó en forma enfática que la masa se transforma en energía y la energía se transforma en masa. Así, en última síntesis, la llamada materia no es más que energía condensada.
El cuerpo físico tiene un fondo vital orgánico. Quiero referirme en forma enfática al Lingan-Sharira de los Teósofos, la condensación bio-termo-electromagnética. Cada átomo del cuerpo vital penetra dentro de cada átomo del cuerpo físico y lo hace vibrar y centellear. El doble vital o cuerpo vital es realmente una especie de doble orgánico.
Si por ejemplo un brazo de ese doble vital se sale del brazo físico, sentimos que la mano se nos «duerme», que el brazo se nos «duerme». Pero al volver ese brazo vital a entrar en el brazo físico, al penetrar cada átomo del cuerpo vital dentro de cada átomo del cuerpo físico, se produce una vibración, como la que se siente cuando se le «duerme» un brazo y quiere «despertarlo» - una especie de «hormiguero».
Si se le sacara definitivamente el cuerpo vital a una persona física y no se le volviese a traer, moriría la persona física.
Así que resulta interesante esto del cuerpo vital. Sin embargo, tal cuerpo no es más que la sección superior del cuerpo físico, es, dijéramos, la parte tetradimensional del cuerpo físico. Los Vedantinos consideran al cuerpo vital y al físico como un todo, como una unidad.
Un poco mas allá de este cuerpo físico, con su asiento vital orgánico, tenemos nosotros al Ego. El Ego es una suma de diversos elementos inhumanos que en nuestro interior cargamos. Es obvio que a tales elementos los denominamos ira, codicia, lujuria, envidia, orgullo, pereza, gula, etc., etc., etc.
Son tantos nuestros defectos, que aunque tuviéramos mil lenguas para hablar y un paladar de acero, no acabaríamos de enumerarlos a todos cabalmente.
Así pues que el Ego no es más que eso. Hay gentes que entronizan al Ego en el corazón, que le hacen un altar y le adoran... Son equivocados sinceros que suponen que el Ego en sí mismo es divinal, y en esto están perfectamente equivocados. Hay quienes dividen al Yo en dos, Yo Superior y Yo Inferior; y quieren que el Yo Superior controle al Yo Inferior. No quieren darse cabal cuenta tales personas de que sección superior y sección inferior de una misma cosa, pues son la misma cosa.
El Yo en sí mismo es tiempo, el Yo en sí mismo es un libro de muchos tomos. En el Yo están todas nuestras aberraciones, todos nuestros defectos, aquello que hace de nosotros verdaderos animales intelectuales en el sentido más completo de la palabra.
Algunos dicen que el Alter Ego es divino, y lo adoran. Es otra forma pues de buscar escapatorias para salvar al Yo, para minimizarlo. El Yo es el Yo, y eso es todo.
La muerte en sí misma, realmente, es una resta de quebrados. Terminada la operación matemática, lo único que continúa son los valores. Estos valores son positivos y negativos también. Los hay buenos y malos. La eternidad se los traga, los devora. En la luz astral los valores se atraen y repelen de acuerdo con las leyes de imantación universal.
Los valores son los mismos elementos inhumanos que constituyen el Ego. Estos elementos a veces chocan entre sí, o simplemente se atraen o repelen.
La muerte es el regreso al punto original de partida. Un hombre es lo que es su vida; si un hombre no trabaja su propia vida, si no trata de modificarla, está perdiendo el tiempo miserablemente. Un hombre no es más que esto, lo que es su vida. Nosotros debemos trabajar nuestra propia vida, para hacer de ella una obra maestra.
La vida es como una película; cuando termina la película, nos la llevamos para la eternidad. En la eternidad, revivimos nuestra propia vida que acaba de pasar. Durante los primeros días el desencarnado, el difunto, suele ir a la casa donde murió, y hasta habita en ella. Si murió por ejemplo a los ochenta años, seguirá viendo sus nietos, sentándose a la mesa, etc. Es decir, el Ego está perfectamente convencido de que aún esta vivo y no hay nada en la vida que logre convencerlo de lo contrario.
Para el Ego, nada ha cambiado, desgraciadamente. Él ve la vida como siempre. Sentado por ejemplo ante la mesa del comedor, pedirá sus alimentos acostumbrados. Obviamente, no lo verán sus dolientes, pero en el subconsciente si, responderán. En su subconsciente, pondrán a la mesa los indicados alimentos.
Es obvio que no van a poner alimentos físicos, eso seria imposible, pero sí pondrán formas mentales, muy similares a los alimentos que el difunto acostumbraba a consumir.
El desencarnado puede ver un velorio, pero jamás supondría que ese velorio tenga algo que ver con él. Piensa que el velorio corresponde a alguien que murió, a otra persona, más nunca creería que correspondería a él. Él se siente tan vivo, que ni remotamente sospecha su defunción.
Sale a la calle y verá las calles tan absolutamente iguales, que nada podría hacerlo pensar que ha sucedido algo. Si va a una iglesia, verá allí el cura diciendo misa, asistirá al rito y muy tranquilo saldrá de la iglesia perfectamente convencido de que está vivo. Nada podría hacerlo pensar que está muerto. Aún más, si alguien le hiciese tamaña afirmación, él sonreiría escéptico, incrédulo, no aceptaría la afirmación que se le hiciese.
El difunto tiene que revivir en el mundo astral toda la existencia que acaba de pasar. Pero la revive de una forma muy natural y a través del tiempo. El difunto, identificado con la misma, en la verdad saborea cada una de las edades de la vida que terminó.
Si era de ochenta años, por ejemplo, por algún tiempo seguirá acariciando sus nietos, sentándose a la mesa, acostándose en su consabida cama, etc. Pero a medida en que va pasando el tiempo, él va adaptándose a otras circunstancias de su propia existencia. Pronto se verá viviendo a la edad de los 79 años, de los 77, 60, etc. Y si vivió en otra casa a la edad de 60 años, se verá viviendo en aquella otra casa, y dirá lo mismo que dijo, y hasta asumirá el mismo aspecto psicológico que tenía a los 60 años. Y si a los 50 años vivió en otra ciudad, pues allí se verá, reviviendo en esa otra casa y así sucesivamente al tiempo que su aspecto psicológico, su fisionomía, va transformándose de acuerdo con la edad que tenga que revivir.
A la edad de 20 años, tendrá exactamente la misma fisionomía que tuvo cuando era de 20 años, y a la edad de 10 años se verá hecho un niño... Y cuando llegue el instante pues en que haya terminado de revisar su existencia pasada, su vida toda quedará reducida a sumas y restas de operaciones matemáticas. Eso es muy útil para la Conciencia.
En estas condiciones el difunto tendrá prácticamente que presentarse ante los tribunales de la Justicia Objetiva, o de la Justicia Celestial. Tales tribunales son perfectamente distintos a los de la justicia subjetiva o terrenal. En los tribunales de la Justicia Objetiva solo reina de verdad la ley y la misericordia, porque es obvio que al lado de la justicia siempre está la misericordia.
Tres caminos se abren ante el difunto:
• Unas vacaciones en los mundos superiores para gentes que lo merecen.
• Retornar en forma mediata o inmediata a una nueva matriz.
• Descender a los mundos infiernos hasta la Muerte Segunda de que habla el Apocalipsis de San Juan y el Evangelio del Cristo.
Obviamente, quienes logran el ascenso a los mundos superiores, pasan por una temporada de gran felicidad.
Normalmente el Alma, o Conciencia, se encuentra embotellada entre el Yo de la psicología experimental, entre el Ego que, como ya dije a ustedes, es una suma de diversos elementos inhumanos. Mas sucede que aquellos que suben a los mundos superiores, abandonan al Ego temporalmente. En esos casos el Alma, o Conciencia, o Esencia, o como queramos llamarla, sale de ese calabozo horrible que es el Ego, el Yo, para ascender al famoso Devachan de que nos hablaron los indostanes; una región de felicidad inefable, en el mundo de la mente superior del Universo. Allí se goza de una auténtica felicidad. Allí se encuentran los desencarnados con sus familiares que abandonaron en el tiempo. Encuéntranse con lo que es, dijéramos, el alma de ellos.
Posteriormente, la Conciencia, o Esencia, o Alma, abandona también el mundo de la mente, para entrar en el mundo de las causas naturales. El Mundo Causal es grandioso, maravilloso. En el Mundo Causal resuenan todas las armonías del Universo; allí se siente en verdad las melodías del Infinito. Sucede que en cada planeta hay múltiples sonidos, pero todos ellos entre sí sumados dan una nota síntesis, que es la nota clave del planeta. El conjunto de notas clave de cada mundo resuena maravillosamente en el coral inmenso del espacio estrellado. Esto produce un goce inefable en la Conciencia de todos aquellos que disfrutan la dicha en el Mundo Causal.
También encontramos en el mundo de las causas naturales a los Señores de La Ley, que castigan o premian a los pueblos y a los hombres. Encontramos, en el mundo de las causas naturales, a los verdaderos Hombres, a los Hombres Causales; allí los hallamos, trabajando por la Humanidad.
Encontramos en el mundo de las causas naturales a los Principados, los príncipes de los elementos, del fuego, del aire, de las aguas y de la tierra.
La vida palpita intensivamente en el mundo de las causas naturales, el Mundo Causal es precioso. Un azul profundo, intenso, como el de una noche llena de estrellas, iluminada por la luna, resplandece siempre en el mundo de las causas naturales. No quiero decir que no hayan otros colores, sí los hay, pero el color básico fundamental es el azul intenso, profundo, de una noche luminosa, estrellada.
Quienes viven en esa región, son felices en el sentido más trascendental de la palabra. Pero todo premio a la larga se agota, cualquier recompensa tiene un límite, y llega el instante que el Alma que ha entrado al Mundo Causal debe retornar, regresar, e descenderá lamentablemente para meterse nuevamente dentro del Ego, dentro del Yo de la psicología experimental.
Posteriormente esta clase de Almas vienen a impregnar el huevo fecundado, para formar un nuevo cuerpo físico, se reincorporan en un nuevo cuerpo físico, vuelven al mundo.
Otro es el camino que aguarda a los que descienden a los mundos infiernos. Se trata de gentes que ya cumplieron su tiempo, su ciclo de manifestaciones, o que fueron demasiado perversas. Tales gentes involucionan indubitablemente, dentro de las entrañas de la tierra.
El Dante Allíghieri nos habla, en su Divina Comedia, de los nueve círculos dantescos; y él ve esos nueve círculos dentro del interior de la tierra.
Nuestros antepasados de Anahuac, en la gran Tenochtitlán, hablan claramente del Mictlán, la región infernal, que ellos también ubican en el interior mismo de nuestro globo terrestre. A diferencia pues de algunas otras sectas o religiones, para nuestros antepasados de Anahuac, como hemos visto en sus códices, el paso por el Mictlán es obligatorio, y lo consideran sencillamente como un mundo de probación, donde las almas son probadas. Y si logran pasar por los nueve círculos, incuestionablemente ingresarán al Edén, o sea, al paraíso terrenal.
Para los Sufis mahometanos, el Infierno no es tampoco un lugar de castigo, sino de instrucción para la Conciencia, y de purificación.. Para el Cristianismo, en todos los rincones del mundo, el Infierno es un lugar de castigo y de penas eternas. Sin embargo, el círculo secreto del cristianismo, la parte oculta de la religión cristiana, es diferente.
En la parte oculta de cualquier movimiento cristiano, en la parte íntima o secreta, se encuentra la Gnosis. El Gnosticismo Universal ve el Infierno no como un lugar de penas eternas y sin fin, sino como un lugar de expiación, de purificación y de ilustración a su vez, para la Conciencia.
Obviamente, tiene que haber dolor en los mundos infiernos, puesto que la vida es terriblemente densa dentro del interior de la tierra, sobre todo en el noveno círculo, donde está este núcleo concreto de una materia terriblemente dura; allí se sufre lo indecible... En todo caso, quienes ingresan en la involución sumergida del reino mineral, tarde o temprano deben pasar por eso que se llama, en el Evangelio Cristico, la Muerte Segunda.
No hemos pensado jamás, en el Gnosticismo Universal, al estudiar esa cuestión del Infierno Dantesco, en que no tenga un limite el castigo. Consideramos que Dios, siendo eternamente justo, no podría cobrarle a nadie más de lo que debe, pues toda culpa, por grave que sea, tiene un precio y, pagado su precio, nos parecería absurdo seguir pagando. Aquí mismo, en nuestra justicia terrenal, siendo una justicia perfectamente subjetiva, vemos que si un preso entra en la cárcel, por tal o cual delito, una vez que pagó su delito, se le da la boleta de libertad. Ni las mismas autoridades terrenales aceptarían que un preso continuara en la cárcel después de haber pagado su delito. Se ha dado casos de presos que se acomodan tanto en la prisión, que llegado el día de su salida, no han querido salir. Entonces ha habido que sacarlos a la fuerza.
Así que toda falta, por muy grave que sea, tiene un precio. Si los jueces terrenales saben esto, cuanto más no lo sabría la justicia divinal. Por muy grave que tenga sido el delito o los delitos que alguien haya cometido, pues tiene su precio. Si no fuera así, Dios seria entonces un gran tirano, y bien sabemos nosotros que al lado de la Justicia Divina nunca falta la Misericordia. No podríamos en modo alguno pues cualificar a Dios como tirano, tal proceder seria equivalente a blasfemar, y a nosotros, francamente, no nos gusta la blasfemia.
La Muerte Segunda es pues el limite del castigo, en el infierno dantesco. Que este Infierno se le llame Tartarus en Grecia, o Averno en Roma, o el Avitchi en el Indostán, o el Mictlán, en la antigua Tenochtitlán, importa poco. Cada país, cada religión, cada cultura, ha sabido de la existencia del Infierno, y le ha calificado siempre con algún nombre.
Para los antiguos habitantes de la gran Hesperia, como vemos nosotros al leer la divina Eneida de Virgilio, el poeta de Mantua, el Infierno es la morada de Plutón, la región cavernosa donde Eneas el troyano, encontrara a Dido, aquella reina que se mató por amor, enamorada del mismo, después de haber jurado lealtad a las cenizas de Siqueo.
La Muerte Segunda en sí misma, suele ser muy dolorosa. El Ego siente que se vuelve pedazos, se caen sus brazos y piernas, sufre un desmayo tremendo. Momentos después, la Esencia, o lo que hay de alma metida dentro del Ego, queda libre, ya que el Ego se reduce a polvareda cósmica...
Emancipada la Esencia, asume una hermosísima figura infantil llena de radiante belleza; este es el instante solemne en que los Devas de la naturaleza examinan la Esencia liberada.
Después de haber ellos comprobado hasta la saciedad de que ya no posee ningún elemento subjetivo, infrahumano, le conceden boleta de libertad; otorgan al alma la dicha de la liberación.
Instantes felices son aquellos en que el alma del fallecido penetra por ciertas puertas atómicas que le permiten de inmediato la salida a la luz del sol. Entonces la Esencia ya libre, convertida en elemental de la naturaleza, reinicia una nueva evolución.
Elementales de la Naturaleza, los hay de varias clases. Como autoridades en esta materia, tenemos a Franz Hartmann (es bastante interesante su libro «Los Elementales»), tenemos a Paracelso, el gran médico, Felipe Teophrastus Bombastus de Honnenheim, Aureola Paracelso. En todo caso, los elementales son las conciencias de los elementos, porque bien sabemos que los elementos fuego, aire, agua y tierra, no son algo meramente físico como suponen los ignorantes ilustrados, sino más bien, dijéramos, un vehículo de conciencias sencillas, simples, primigenias, en el sentido más transcendental de la palabra. Así que los elementales son los principios conscientivos de los elementos, en el sentido transcendental o esencial de la palabra, y eso es todo. Ahora bien, continuemos con nuestra explicación.
Obviamente, quienes han pasado por la Muerte Segunda, salen a la superficie del mundo, reinician nuevos procesos evolutivos, que indubitablemente habrán de empezar por el mineral, la piedra, proseguirán por lo vegetal, continuarán con el animal y por último tendrán acceso a la vida humana, o sea, se reconquistará el estado de humano, o humanóide, que otrora se perdiera.
Resulta interesantísimo ver a eses gnomos o pigmeos entre las rocas, parecen pequeños enanitos, con sus grandes ojos y su luenga barba blanca. Obviamente, eso que nosotros decimos, dicho en pleno siglo XX, resulta bastante extraño... Porque la gente se ha vuelto ahora tan complicada, la mente se ha desviado tanto de las sencillas verdades de la Naturaleza, que difícilmente puede aceptar de buena gana estas cosas. Más bien ese tipo de conocimiento lo aceptan las gentes simples y sencillas, aquellos que no tienen complicaciones tantas en el intelecto.
En todo caso, quiero decirles que los elementales minerales, cuando ingresan en la evolución vegetal, se hacen interesantísimos. Cada planta es el cuerpo físico de un elemental vegetal. Esos elementales de las plantas tienen conciencia, son inteligentes, y hay grandes esoteristas que saben manejarlos o manipularlos a voluntad. Resultan bellísimos. Quienes los conocen, pueden por medio de ellos actuar sobre los elementos de la Naturaleza.
Un poco más allá de los elementales vegetales, tenemos a los elementales del reino animal. Indubitablemente, solo los elementales vegetales avanzados tienen derecho a ingresar en organismos animales. Se comienza la evolución en el reino animal por organismos simples, sencillos, pero a medida en que se va evolucionando, se va también complicando la vida, y llega el instante en que el elemental animal puede tomar cuerpos orgánicos muy complejos. Posteriormente, se reconquista el estado humano que otrora se perdiera.
Al llegar a este estadio, se le asigna a los elementales, a la Esencia, a la Conciencia, o Alma, o como ustedes quieran definir, ciento y ocho vidas nuevamente, para su Auto-realización íntima. Si durante las nuevas 108 vidas no se consigue la Auto-realización íntima del Ser, prosigue la rueda de la vida girando... Entonces se desciende nuevamente entre las entrañas del reino mineral, con el propósito de eliminar de la Esencia los elementos indeseables que de una u otra forma se adhirieron a la psiquis. Y se repite el mismo proceso... Conclusión: la rueda gira 3000 veces.
Si en 3000 ciclos de 108 vidas cada uno, no se auto-realizan las Esencias, toda puerta se cierra, y la Esencia misma, convertida simplemente en un elemental inocente, se sumerge entre el seno de la Gran Realidad, es decir, entre el gran Alaya del Universo, entre el Espíritu Universal de vida o Parabrahatman, como le denominan los indostanes, la Gran Realidad.
Esta es la vida pues de los que descienden al interior de la tierra después de la muerte. Vemos pues que después de la desencarnación, unos suben a los mundos superiores para unas vacaciones, otros descienden entre las entrañas de la tierra, hay otros que retornan en forma mediata o inmediata, se reincorporan, vuelven para repetir su existencia aquí en este mundo.
Mientras uno tenga que retornar o regresar, tiene que repetir su propia vida. Ya vimos que la muerte es el regreso al punto de partida original. Ya les expliqué también que, después de la muerte, en la eternidad, en la luz astral, tenemos que revivir la vida que acaba de pasar; ahora les diré que al volver, al retornar, al regresar, tenemos que repetir nuevamente, sobre el tapete de la existencia, toda nuestra misma vida.
En el primer caso, mencioné únicamente la Ley de la Transmigración de las Almas; que aquellos que cumplían el ciclo de 108 existencias, que les tocaba descender entre las entrañas del mundo y posteriormente, muerto el Ego, volverían a evolucionar desde el mineral hasta el hombre. Esta es la Doctrina de la Trasmigración.
Ahora estoy hablando de la Doctrina del Eterno Retorno de todas las cosas, junto con esa otra ley, la Ley de Recurrencia. Si uno, en vez de descender entre las entrañas del mundo, retorna en forma mediata o inmediata aquí al mundo, es obvio que tendrá que repetir, sobre el tapete de la existencia, su misma vida, la vida que finalizó.
Ustedes me dirán que eso es demasiado aburridor, todos estamos aquí repitiendo lo que hicimos en la pasada existencia, en el pasado retorno. Sí, es tremendamente aburridor, pero los culpables somos nosotros mismos porque, como ya les he dicho, un hombre es lo que es su vida. Si nosotros no modificamos la vida, tendremos que estar repitiéndola incesantemente.
Desencarnamos y volvemos a tomar cuerpo. ¿Para qué? Para repetir lo mismo. Y volvemos a desencarnar y a tomar cuerpo, para repetir lo mismo, hasta que llega el día en que tenemos que ir con nuestra «música» a otra parte. Tendremos que descender entre las entrañas del mundo, hasta la Muerte Segunda.
Pero uno puede evitar esta repetición. Tal repetición es lo que se conoce como la Ley de Recurrencia, todo vuelve a ocurrir tal como sucedió. Pero ¿por qué?, dirán ustedes, ¿por que tiene que repetirse lo mismo? Bueno, esto merece una explicación.
Ante todo, quiero que sepan que el Yo no es algo autónomo, auto-consciente o individual; ciertamente, el Yo es una suma de «yoes», en plural. La psicología común y corriente, la psicología oficial, piensa en el Yo como una totalidad. Nosotros pensamos en el Yo como una suma de yoes. Porque uno es el yo de la ira, otro es el yo de la codicia, otro es el yo de la lujuria, otro es el yo de la envidia, otro es el yo de la pereza, otro es el yo de la gula; son distintos yoes, no hay un solo Yo, sino varios yoes dentro de nuestro organismo.
Es obvio que la pluralidad del Yo sirve de fundamento pues a la Doctrina de los Muchos, tal como es enseñada en el Tíbet Oriental. En apoyo de la Doctrina de los Muchos está el Gran Kabir Jesús. Dicen que El sacó del cuerpo de María Magdalena siete demonios, no hay duda de que se trata de los siete pecados capitales: ira, codicia, lujuria, envidia, orgullo, pereza, gula. Cada uno de esos siete es cabeza de legión y, como ya les dice, aunque tuviéramos mil lenguas para hablar y paladar de acero, no alcanzaríamos a enumerar todos nuestros defectos cabalmente.
Cada defecto es un yo en sí mismo. Así tenemos a muchos yoes-defectos. Si calificamos a tales yoes-defectos de demonios, pues no estaremos equivocados. En el Evangelio Crístico, se le pregunta a poseso por su nombre verdadero y el contesta: «soy legión, mi verdadero nombre es legión».
Así, cada uno de nosotros en el fondo es legión, y cada yo-demonio de la legión quiere controlar el cerebro, quiere controlar los siete centros principales de la máquina orgánica, quiere descollar, subir, llegar al tope de la escalera, hacerse sentir, etc.
Cada yo-demonio es como una persona dentro de nuestro cuerpo. Si decimos que dentro de nuestra personalidad viven muchas personas, no estamos equivocados; en verdad, así es.
Así que la repetición mecánica de los diversos eventos de nuestra pasada existencia, se debe ciertamente a la multiplicidad del Yo.
Vamos a situar casos concretos. Supongamos que en la pasada existencia, a la edad de 30 años, nos peleamos con otro sujeto en la cantina, caso común de la vida. Obviamente, el yo-defecto de la ira fue el personaje principal de la escena. Después de la muerte, este yo-defecto continúa en la eternidad, y en la nueva existencia ese yo-defecto permanece en el fondo de nuestra subconciencia, aguardando que llegue la edad de los 30 años para volver a una cantina; en su interior hay resentimiento, y desea encontrarse al sujeto de aquel evento. A su vez, el otro sujeto que tomó parte de aquel trágico evento cantinero, también tiene su yo, el yo que quiere vengarse, que permanece en el fondo de la subconsciencia, aguardando el momento de entrar en actividad.
Conclusión, al llegar a la edad de los 30 años, el sujeto, o mejor dicho, el yo del sujeto, el yo-ira, el yo que tomó parte de aquel evento trágico, metido en el subconsciente dice: «tengo que encontrarme con aquel»; a su vez, el dice: «tengo que encontrarme con ese»... Y telepáticamente se hablan y se ponen de acuerdo, y al fin se dan telepáticamente cita en alguna cantina. Se encuentran físicamente, personalmente, en la nueva existencia y repiten la escena, tal como sucedió en la pasada existencia.
Todo esto se hace a espaldas de nuestro intelecto, por debajo de nuestro razonamiento. Sencillamente, hemos sido arrastrados a una tragedia, hemos sido llevados inconscientemente a repetir lo mismo.
Ahora, tengamos el caso de que alguien, a la edad de los 30 años en su pasada existencia, tuvo una aventura amorosa, un hombre que tuvo una aventura con una dama. El “Yo” aquel de la aventura continua vivo después de la aventura, y después de la muerte continua vivo en la eternidad. Al regresar, al reincorporarnos en un nuevo organismo, aquel yo de la aventura sigue vivo, aguarda en el fondo del subconsciente, en los repliegues más bien inconscientes de la vida, de la psiquis, el momento de entrar en nueva actividad.
Al llegar a la edad de la aventura pasada, es decir, a los 30 años, dice: «Bueno, este es mi momento. Ahora voy a salir a buscar la dama de mis ensueños...». A su vez, el yo de la dama de sus ensueños, el yo de la aventura, dice lo mismo: «este es mi instante, voy a buscar aquel caballero...» Y, por debajo de la conciencia, los dos yoes arreglan la cita telepáticamente e arrastran cada uno la personalidad; todo eso a espaldas de nuestra inteligencia, a espaldas del ministerio de la intelectualidad. Viene el encuentro y se repite la aventura.
Así que nosotros, en verdad, aunque parezca increíble, no hacemos nada, todo nos sucede, como cuando llueve, como cuando truena.
Un pleito que uno haya tenido en su pasada existencia por bienes terrenales, una casa por ejemplo; el yo de aquel pleito después de la muerte sigue vivo, y en la nueva existencia sigue vivo, escondido entre los repliegues de la mente, aguardando el instante de entrar en actividad. Si el pleito fuera a la edad de 50 años, el aguarda que llegue a los 50 años y dice: «llegó mi momento». Seguro que el otro con quien tuvo el pleito también dice lo mismo, en este mismo instante, y se reencuentran para otro pleito y se repite la escena.
Entonces nosotros ni siquiera tenemos un libre albedrío, todo nos sucede, repito, como cuando llueve o como cuando truena. Hay un pequeño margen de libre albedrío, muy poco. Imaginen ustedes, por un momento, un violín metido dentro de un estuche; hay un margen mínimo para ese violín. Así también es nuestro libre albedrío, casi nulo. Lo que hay es un pequeño margen, casi imperceptible, que se lo sabemos aprovechar, puede suceder que entonces nos transformemos radicalmente y nos liberemos de la Ley de Recurrencia.
Hay que saberlo aprovechar. ¿Como? Pues en la vida práctica tenemos nosotros que volvernos un poquito más auto observadores. Cuando uno acepta que tiene una psicología propia, comienza a observarse a sí mismo, y cuando alguien comienza observarse a sí mismo, comienza también a volverse diferente a todo el mundo. Es en la calle, es en la casa, es en el trabajo, donde nuestros defectos, esos defectos que llevamos escondidos, afloran espontáneamente. Y si estamos alertas y vigilantes como el vigía en época de guerra, entonces los vemos.
Defecto descubierto, debe ser enjuiciado, a través del análisis, de la reflexión, de la meditación íntima del Ser, con el objetivo de comprenderlo. Cuando uno comprende a tal o cual yo-defecto, entonces está debidamente preparado para desintegrarlo atómicamente.
¿Es posible desintegrarlo? Sí, es posible, pero necesitamos de un poder que sea superior a la mente, porque la mente por sí misma no puede alterar fundamentalmente ningún defecto psicológico. Puede rotularlo con distintos nombres, puede pasarlo de un nivel a otro del entendimiento, pude ocultarlo de sí misma o de los demás, puede justificarlo, o condenarlo, etc., pero jamás alterarlo radicalmente.
Necesitamos de un poder que sea superior a la mente, un poder que pueda desintegrar cualquier yo-defecto, ese poder está latente en el fondo de nuestra psiquis, solo es cuestión de conocerlo, para aprenderlo a usar. Tal poder, en el Oriente, en la India, se le denomina Devi Kundalini, la serpiente ígnea de nuestros mágicos poderes. En la gran Tenochtitlán, se le denominaba Tonantzin, entre los alquimistas medioevales recibe el nombre de Stella Maris, la Virgen del Mar. Entre los hebreos, tal poder recibía el nombre de Adónia, entre los cretenses, se le conocía con el nombre de Cibeles. Entre los egipcios, era Isis, Madre Divina, a quien ningún mortal ha levantado el velo. Entre los cristianos, es María, Maya, es decir, Dios Madre. Hemos pensado nosotros muchas veces en Dios como Padre, bien vale la pena pensar en Dios como Madre, como Amor, como Misericordia. Dios Madre habita en el fondo de nuestra psiquis, es decir, está en el Ser. Podría decirles que Dios Madre es una parte de nuestro propio Ser, pero derivado.
Distíngase entre el Ser y el yo. El Ser y el yo son incompatibles, son como agua y aceite, que no pueden mezclarse. El Ser es el Ser, y la razón de Ser del Ser es el mismo Ser. El Ser es lo que es, lo que siempre ha sido y lo que siempre será. Es la vida que palpita en cada átomo, como palpita en cada Sol.
Así, Dios Madre es una variante de nuestro propio Ser, es nuestro propio Ser, pero derivado. Eso significa que cada cual tiene su Madre Divina particular, individual. Kundalini, le dicen los indostanes, y estoy de acuerdo con este término. Considero que nosotros podemos invocar a la Divina Madre Kundalini, en meditación profunda, y suplicarle entonces que desintegre aquel Yo-defecto que hemos comprendido perfectamente, a través de la meditación.
La Divina Madre Kundalini procederá, y lo desintegrará, lo reducirá a polvareda cósmica. Al desintegrarse un defecto, se libera esencia anímica. Dentro de cada Yo-defecto, hay cierto porcentaje de esencia anímica embotellada. Pero si se desintegra un defecto, se libera esencia anímica, y se desintegra dos defectos, pues se libera más esencia anímica, y si se desintegra todos los defectos psicológicos que cargamos en nuestro interior, entonces liberamos totalmente la Conciencia.
Una Conciencia liberada es una Conciencia que despierta, es una Conciencia despierta. Es una Conciencia que podrá ver, oír, tocar y palpar los grandes misterios de la vida y de la muerte. Es una Conciencia que podrá experimentar por sí misma, en forma directa, Eso que es lo Real, Eso que es la Verdad, Eso que está más allá del cuerpo, de los afectos y de la mente.
Cuando a Jesús, El Gran Kabir, Pilatos le preguntara ¿qué es la verdad?», guardó silencio. Y cuando al Buddha Gautama Sakyamuni, el príncipe Siddharta, le hicieron la misma pregunta, dio la espalda y se retiró. La Verdad es lo desconocido de momento en momento, de instante en instante. Solo con la muerte del Ego adviene a nosotros eso que es la Verdad. La Verdad hay que experimentarla, como cuando uno mete el dedo en el alumbre y se quema.
Una teoría, por muy bella que sea, con respecto a la Verdad, no es la Verdad; una opinión, por muy venerable o respetable que sea, con relación a la Verdad, tampoco es la Verdad. Cualquier idea que tengamos con respecto a la Verdad, no es la Verdad, aunque la idea sea muy luminosa. Cualquier tesis que nosotros podamos plantear con relación a la Verdad, tampoco es la Verdad. La Verdad hay que experimentarla, repito, como cuando uno mete el dedo en el alumbre y se quema. Está más allá del cuerpo, de los afectos y de la mente, y la Verdad solo puede ser experimentada en ausencia del Yo Psicológico. Sin haber disuelto el Yo, no es posible la experiencia de lo Real.
El intelecto, por muy brillante que sea, por muy hermosas teorías que posea, no es la Verdad. Como dijera Goethe, en el Fausto: «Toda teoría es gris, solo es verde el árbol de dorados frutos que es la vida».
Así que nosotros necesitamos desintegrar el Ego de la psicología, para liberar la Conciencia, solo así podremos llegar a experimentar la Verdad. Jesús el Cristo dijo: «Conoced la Verdad y ella os hará libres». Nosotros necesitamos experimentarla directamente.
Cuando alguien consigue de verdad destruir el Ego, se libera de la Ley de Recurrencia, hace de su vida una obra maestra, se convierte en un genio, en un Iluminado, en el sentido más completo de la palabra. Cuando alguien libera su Conciencia, obviamente conoce la Verdad. Hay que liberar la Conciencia, y no es posible liberarla si no se disuelve el Yo de la psicología.
Quienes alaban al Yo son ególatras por naturaleza, por instinto. Al Yo lo alaban los mitómanos, porque son mitómanos, al Yo lo alaban los paranoicos, porque son paranoicos, los ególatras, porque son ególatras.
La vida sobre la faz de la Tierra sería distinta, si nosotros disolviéramos el Ego, el Yo. Entonces la Conciencia de cada uno de nosotros, despierta, iluminada, irradiaría Amor, y habría Paz sobre la faz de la Tierra. La Paz no es cuestión de propagandas, ni de apaciguamientos, ni de ejércitos, ni de OEA, ni de ONU, ni de nada por el estilo. La Paz es una substancia que emana del Ser, que viene de entre las entrañas mismas del Absoluto. No puede haber Paz sobre la faz del mundo, no puede haber verdadera tranquilidad en todos los rincones de la tierra, en tanto los factores que producen guerras existan en el interior de nosotros.
Es claro que mientras dentro de cada uno de nosotros haya discordia, en el mundo habrá discordia. La masa no es más que una extensión del individuo; lo que es el individuo es la masa, y lo que es la masa es el gobierno, es el mundo. Si el individuo se transforma, si el individuo elimina de sí mismo los elementos del odio, de la violencia, del egoísmo, de la discordia, etc., si consigue destruir el Ego para que la Conciencia se libere, solo habrá en él eso que se llama Amor. Si cada individuo de los que pueblan la faz de la Tierra disolviera el Ego, las masas serían masas de Amor. No habría guerras, no habría odio. Pero no podrá en verdad haber Paz en el mundo mientras exista el Ego.
Algunos afirman que desde el año 2001 o 2007 en adelante, vendrá una era de fraternidad, del amor, de la paz. Pero yo, pensando aquí en voz alta, me pregunto a mí mismo, y hasta le pregunto a ustedes: ¿de donde vamos a sacar esta era de fraternidad, de amor, de paz entre los hombres de buena voluntad? ¿Creen ustedes que el Ego de la psicología, con sus odios, con sus rencores, con sus envidias, con sus ambiciones, con su lujuria, etc., puede crear una edad de amor, de felicidad, etc., etc.? ¡Pues obviamente que no! Para que reine en verdad la Paz en el mundo, tenemos que morir en sí mismos, tiene que destruirse en nosotros lo que tenemos de inhumano, el odio que cargamos, las envidias, los celos espantosos, esa ira que nos hace tan abominables, esa fornicación que nos hace tan bestiales, etc. En tanto continúen existiendo tales factores dentro de nuestra psiquis, el mundo no podrá ser diferente.
Antes bien se volverá peor, porque a través del tiempo el Ego seguirá volviendo cada vez más poderoso, más fuerte, y conforme el Ego se manifieste con más violencia, el mundo seguirá se haciendo más tenebroso. Al paso que vamos, si no trabajamos sobre sí mismos, llegará el día en que ni siquiera podremos existir, porque unos a otros nos destruiremos violentamente. Si continuara robusteciendo el Ego indefinidamente así como va, llegaría el momento en que nadie podría tener seguridad en su vida, ni de su hogar. Un mundo donde la violencia ha llegado al máximo y nadie tiene seguridad de su propia existencia.
Así, creo firmemente que la solución de todos los problemas del mundo está precisamente en la disolución del Yo.
Samael Aun Weor
Voy hablar hoy sobre los misterios de la vida y de la muerte, es este el objetivo claro de esta plática. Vamos hacer una plena diferenciación entre lo que es la Ley del Eterno Retorno de todas las cosas, la Ley de la Trasmigración de las Almas, la Ley de Reencarnación, etc.
Ha llegado el momento de desglosar ampliamente todas estas cosas, a fin de que los estudiantes se mantengan bien informados. Es obvio que lo primero que uno necesita saber en la vida es de donde viene, para donde va y cual es el objeto de la existencia; para que existimos, por que existimos, etc., etc., etc.
Incuestionablemente, si queremos nosotros saber algo sobre el destino que nos aguarda, sobre lo que es la vida en sí, es indispensable, primero que todo, saber que es lo que somos; eso es urgente, inaplazable, impostergable.
El cuerpo físico en sí mismo no es todo. Un cuerpo está formado por órganos, cada órgano está compuesto por células, a su vez cada célula esta compuesta por moléculas e cada molécula por átomos. Si fraccionamos cualquier átomo, liberamos energía. Los átomos en sí mismos se componen de iones, que giran alrededor de los electrones, de protones, de neutrones, etc., etc., etc. Todo eso lo sabe la física nuclear. En última instancia, el cuerpo físico se resume en distintos tipos y subtipos de energía, y eso es interesantísimo.
El mismo pensamiento humano es energía. Del neo-palial en el cerebro salen determinadas ondas que pueden ser sabiamente registradas. Sabemos que los científicos miden las ondas mentales con aparatos muy finos, se las catalogan en forma de micro voltios.
Así pues, en última instancia, nuestro organismo se resume en diversos tipos y subtipos de energía. La llamada materia no es más que energía condensada. Por eso dijo Einstein : E = m.c2 (energía es igual a masa multiplicada por la velocidad de la luz al cuadrado); también afirmó en forma enfática que la masa se transforma en energía y la energía se transforma en masa. Así, en última síntesis, la llamada materia no es más que energía condensada.
El cuerpo físico tiene un fondo vital orgánico. Quiero referirme en forma enfática al Lingan-Sharira de los Teósofos, la condensación bio-termo-electromagnética. Cada átomo del cuerpo vital penetra dentro de cada átomo del cuerpo físico y lo hace vibrar y centellear. El doble vital o cuerpo vital es realmente una especie de doble orgánico.
Si por ejemplo un brazo de ese doble vital se sale del brazo físico, sentimos que la mano se nos «duerme», que el brazo se nos «duerme». Pero al volver ese brazo vital a entrar en el brazo físico, al penetrar cada átomo del cuerpo vital dentro de cada átomo del cuerpo físico, se produce una vibración, como la que se siente cuando se le «duerme» un brazo y quiere «despertarlo» - una especie de «hormiguero».
Si se le sacara definitivamente el cuerpo vital a una persona física y no se le volviese a traer, moriría la persona física.
Así que resulta interesante esto del cuerpo vital. Sin embargo, tal cuerpo no es más que la sección superior del cuerpo físico, es, dijéramos, la parte tetradimensional del cuerpo físico. Los Vedantinos consideran al cuerpo vital y al físico como un todo, como una unidad.
Un poco mas allá de este cuerpo físico, con su asiento vital orgánico, tenemos nosotros al Ego. El Ego es una suma de diversos elementos inhumanos que en nuestro interior cargamos. Es obvio que a tales elementos los denominamos ira, codicia, lujuria, envidia, orgullo, pereza, gula, etc., etc., etc.
Son tantos nuestros defectos, que aunque tuviéramos mil lenguas para hablar y un paladar de acero, no acabaríamos de enumerarlos a todos cabalmente.
Así pues que el Ego no es más que eso. Hay gentes que entronizan al Ego en el corazón, que le hacen un altar y le adoran... Son equivocados sinceros que suponen que el Ego en sí mismo es divinal, y en esto están perfectamente equivocados. Hay quienes dividen al Yo en dos, Yo Superior y Yo Inferior; y quieren que el Yo Superior controle al Yo Inferior. No quieren darse cabal cuenta tales personas de que sección superior y sección inferior de una misma cosa, pues son la misma cosa.
El Yo en sí mismo es tiempo, el Yo en sí mismo es un libro de muchos tomos. En el Yo están todas nuestras aberraciones, todos nuestros defectos, aquello que hace de nosotros verdaderos animales intelectuales en el sentido más completo de la palabra.
Algunos dicen que el Alter Ego es divino, y lo adoran. Es otra forma pues de buscar escapatorias para salvar al Yo, para minimizarlo. El Yo es el Yo, y eso es todo.
La muerte en sí misma, realmente, es una resta de quebrados. Terminada la operación matemática, lo único que continúa son los valores. Estos valores son positivos y negativos también. Los hay buenos y malos. La eternidad se los traga, los devora. En la luz astral los valores se atraen y repelen de acuerdo con las leyes de imantación universal.
Los valores son los mismos elementos inhumanos que constituyen el Ego. Estos elementos a veces chocan entre sí, o simplemente se atraen o repelen.
La muerte es el regreso al punto original de partida. Un hombre es lo que es su vida; si un hombre no trabaja su propia vida, si no trata de modificarla, está perdiendo el tiempo miserablemente. Un hombre no es más que esto, lo que es su vida. Nosotros debemos trabajar nuestra propia vida, para hacer de ella una obra maestra.
La vida es como una película; cuando termina la película, nos la llevamos para la eternidad. En la eternidad, revivimos nuestra propia vida que acaba de pasar. Durante los primeros días el desencarnado, el difunto, suele ir a la casa donde murió, y hasta habita en ella. Si murió por ejemplo a los ochenta años, seguirá viendo sus nietos, sentándose a la mesa, etc. Es decir, el Ego está perfectamente convencido de que aún esta vivo y no hay nada en la vida que logre convencerlo de lo contrario.
Para el Ego, nada ha cambiado, desgraciadamente. Él ve la vida como siempre. Sentado por ejemplo ante la mesa del comedor, pedirá sus alimentos acostumbrados. Obviamente, no lo verán sus dolientes, pero en el subconsciente si, responderán. En su subconsciente, pondrán a la mesa los indicados alimentos.
Es obvio que no van a poner alimentos físicos, eso seria imposible, pero sí pondrán formas mentales, muy similares a los alimentos que el difunto acostumbraba a consumir.
El desencarnado puede ver un velorio, pero jamás supondría que ese velorio tenga algo que ver con él. Piensa que el velorio corresponde a alguien que murió, a otra persona, más nunca creería que correspondería a él. Él se siente tan vivo, que ni remotamente sospecha su defunción.
Sale a la calle y verá las calles tan absolutamente iguales, que nada podría hacerlo pensar que ha sucedido algo. Si va a una iglesia, verá allí el cura diciendo misa, asistirá al rito y muy tranquilo saldrá de la iglesia perfectamente convencido de que está vivo. Nada podría hacerlo pensar que está muerto. Aún más, si alguien le hiciese tamaña afirmación, él sonreiría escéptico, incrédulo, no aceptaría la afirmación que se le hiciese.
El difunto tiene que revivir en el mundo astral toda la existencia que acaba de pasar. Pero la revive de una forma muy natural y a través del tiempo. El difunto, identificado con la misma, en la verdad saborea cada una de las edades de la vida que terminó.
Si era de ochenta años, por ejemplo, por algún tiempo seguirá acariciando sus nietos, sentándose a la mesa, acostándose en su consabida cama, etc. Pero a medida en que va pasando el tiempo, él va adaptándose a otras circunstancias de su propia existencia. Pronto se verá viviendo a la edad de los 79 años, de los 77, 60, etc. Y si vivió en otra casa a la edad de 60 años, se verá viviendo en aquella otra casa, y dirá lo mismo que dijo, y hasta asumirá el mismo aspecto psicológico que tenía a los 60 años. Y si a los 50 años vivió en otra ciudad, pues allí se verá, reviviendo en esa otra casa y así sucesivamente al tiempo que su aspecto psicológico, su fisionomía, va transformándose de acuerdo con la edad que tenga que revivir.
A la edad de 20 años, tendrá exactamente la misma fisionomía que tuvo cuando era de 20 años, y a la edad de 10 años se verá hecho un niño... Y cuando llegue el instante pues en que haya terminado de revisar su existencia pasada, su vida toda quedará reducida a sumas y restas de operaciones matemáticas. Eso es muy útil para la Conciencia.
En estas condiciones el difunto tendrá prácticamente que presentarse ante los tribunales de la Justicia Objetiva, o de la Justicia Celestial. Tales tribunales son perfectamente distintos a los de la justicia subjetiva o terrenal. En los tribunales de la Justicia Objetiva solo reina de verdad la ley y la misericordia, porque es obvio que al lado de la justicia siempre está la misericordia.
Tres caminos se abren ante el difunto:
• Unas vacaciones en los mundos superiores para gentes que lo merecen.
• Retornar en forma mediata o inmediata a una nueva matriz.
• Descender a los mundos infiernos hasta la Muerte Segunda de que habla el Apocalipsis de San Juan y el Evangelio del Cristo.
Obviamente, quienes logran el ascenso a los mundos superiores, pasan por una temporada de gran felicidad.
Normalmente el Alma, o Conciencia, se encuentra embotellada entre el Yo de la psicología experimental, entre el Ego que, como ya dije a ustedes, es una suma de diversos elementos inhumanos. Mas sucede que aquellos que suben a los mundos superiores, abandonan al Ego temporalmente. En esos casos el Alma, o Conciencia, o Esencia, o como queramos llamarla, sale de ese calabozo horrible que es el Ego, el Yo, para ascender al famoso Devachan de que nos hablaron los indostanes; una región de felicidad inefable, en el mundo de la mente superior del Universo. Allí se goza de una auténtica felicidad. Allí se encuentran los desencarnados con sus familiares que abandonaron en el tiempo. Encuéntranse con lo que es, dijéramos, el alma de ellos.
Posteriormente, la Conciencia, o Esencia, o Alma, abandona también el mundo de la mente, para entrar en el mundo de las causas naturales. El Mundo Causal es grandioso, maravilloso. En el Mundo Causal resuenan todas las armonías del Universo; allí se siente en verdad las melodías del Infinito. Sucede que en cada planeta hay múltiples sonidos, pero todos ellos entre sí sumados dan una nota síntesis, que es la nota clave del planeta. El conjunto de notas clave de cada mundo resuena maravillosamente en el coral inmenso del espacio estrellado. Esto produce un goce inefable en la Conciencia de todos aquellos que disfrutan la dicha en el Mundo Causal.
También encontramos en el mundo de las causas naturales a los Señores de La Ley, que castigan o premian a los pueblos y a los hombres. Encontramos, en el mundo de las causas naturales, a los verdaderos Hombres, a los Hombres Causales; allí los hallamos, trabajando por la Humanidad.
Encontramos en el mundo de las causas naturales a los Principados, los príncipes de los elementos, del fuego, del aire, de las aguas y de la tierra.
La vida palpita intensivamente en el mundo de las causas naturales, el Mundo Causal es precioso. Un azul profundo, intenso, como el de una noche llena de estrellas, iluminada por la luna, resplandece siempre en el mundo de las causas naturales. No quiero decir que no hayan otros colores, sí los hay, pero el color básico fundamental es el azul intenso, profundo, de una noche luminosa, estrellada.
Quienes viven en esa región, son felices en el sentido más trascendental de la palabra. Pero todo premio a la larga se agota, cualquier recompensa tiene un límite, y llega el instante que el Alma que ha entrado al Mundo Causal debe retornar, regresar, e descenderá lamentablemente para meterse nuevamente dentro del Ego, dentro del Yo de la psicología experimental.
Posteriormente esta clase de Almas vienen a impregnar el huevo fecundado, para formar un nuevo cuerpo físico, se reincorporan en un nuevo cuerpo físico, vuelven al mundo.
Otro es el camino que aguarda a los que descienden a los mundos infiernos. Se trata de gentes que ya cumplieron su tiempo, su ciclo de manifestaciones, o que fueron demasiado perversas. Tales gentes involucionan indubitablemente, dentro de las entrañas de la tierra.
El Dante Allíghieri nos habla, en su Divina Comedia, de los nueve círculos dantescos; y él ve esos nueve círculos dentro del interior de la tierra.
Nuestros antepasados de Anahuac, en la gran Tenochtitlán, hablan claramente del Mictlán, la región infernal, que ellos también ubican en el interior mismo de nuestro globo terrestre. A diferencia pues de algunas otras sectas o religiones, para nuestros antepasados de Anahuac, como hemos visto en sus códices, el paso por el Mictlán es obligatorio, y lo consideran sencillamente como un mundo de probación, donde las almas son probadas. Y si logran pasar por los nueve círculos, incuestionablemente ingresarán al Edén, o sea, al paraíso terrenal.
Para los Sufis mahometanos, el Infierno no es tampoco un lugar de castigo, sino de instrucción para la Conciencia, y de purificación.. Para el Cristianismo, en todos los rincones del mundo, el Infierno es un lugar de castigo y de penas eternas. Sin embargo, el círculo secreto del cristianismo, la parte oculta de la religión cristiana, es diferente.
En la parte oculta de cualquier movimiento cristiano, en la parte íntima o secreta, se encuentra la Gnosis. El Gnosticismo Universal ve el Infierno no como un lugar de penas eternas y sin fin, sino como un lugar de expiación, de purificación y de ilustración a su vez, para la Conciencia.
Obviamente, tiene que haber dolor en los mundos infiernos, puesto que la vida es terriblemente densa dentro del interior de la tierra, sobre todo en el noveno círculo, donde está este núcleo concreto de una materia terriblemente dura; allí se sufre lo indecible... En todo caso, quienes ingresan en la involución sumergida del reino mineral, tarde o temprano deben pasar por eso que se llama, en el Evangelio Cristico, la Muerte Segunda.
No hemos pensado jamás, en el Gnosticismo Universal, al estudiar esa cuestión del Infierno Dantesco, en que no tenga un limite el castigo. Consideramos que Dios, siendo eternamente justo, no podría cobrarle a nadie más de lo que debe, pues toda culpa, por grave que sea, tiene un precio y, pagado su precio, nos parecería absurdo seguir pagando. Aquí mismo, en nuestra justicia terrenal, siendo una justicia perfectamente subjetiva, vemos que si un preso entra en la cárcel, por tal o cual delito, una vez que pagó su delito, se le da la boleta de libertad. Ni las mismas autoridades terrenales aceptarían que un preso continuara en la cárcel después de haber pagado su delito. Se ha dado casos de presos que se acomodan tanto en la prisión, que llegado el día de su salida, no han querido salir. Entonces ha habido que sacarlos a la fuerza.
Así que toda falta, por muy grave que sea, tiene un precio. Si los jueces terrenales saben esto, cuanto más no lo sabría la justicia divinal. Por muy grave que tenga sido el delito o los delitos que alguien haya cometido, pues tiene su precio. Si no fuera así, Dios seria entonces un gran tirano, y bien sabemos nosotros que al lado de la Justicia Divina nunca falta la Misericordia. No podríamos en modo alguno pues cualificar a Dios como tirano, tal proceder seria equivalente a blasfemar, y a nosotros, francamente, no nos gusta la blasfemia.
La Muerte Segunda es pues el limite del castigo, en el infierno dantesco. Que este Infierno se le llame Tartarus en Grecia, o Averno en Roma, o el Avitchi en el Indostán, o el Mictlán, en la antigua Tenochtitlán, importa poco. Cada país, cada religión, cada cultura, ha sabido de la existencia del Infierno, y le ha calificado siempre con algún nombre.
Para los antiguos habitantes de la gran Hesperia, como vemos nosotros al leer la divina Eneida de Virgilio, el poeta de Mantua, el Infierno es la morada de Plutón, la región cavernosa donde Eneas el troyano, encontrara a Dido, aquella reina que se mató por amor, enamorada del mismo, después de haber jurado lealtad a las cenizas de Siqueo.
La Muerte Segunda en sí misma, suele ser muy dolorosa. El Ego siente que se vuelve pedazos, se caen sus brazos y piernas, sufre un desmayo tremendo. Momentos después, la Esencia, o lo que hay de alma metida dentro del Ego, queda libre, ya que el Ego se reduce a polvareda cósmica...
Emancipada la Esencia, asume una hermosísima figura infantil llena de radiante belleza; este es el instante solemne en que los Devas de la naturaleza examinan la Esencia liberada.
Después de haber ellos comprobado hasta la saciedad de que ya no posee ningún elemento subjetivo, infrahumano, le conceden boleta de libertad; otorgan al alma la dicha de la liberación.
Instantes felices son aquellos en que el alma del fallecido penetra por ciertas puertas atómicas que le permiten de inmediato la salida a la luz del sol. Entonces la Esencia ya libre, convertida en elemental de la naturaleza, reinicia una nueva evolución.
Elementales de la Naturaleza, los hay de varias clases. Como autoridades en esta materia, tenemos a Franz Hartmann (es bastante interesante su libro «Los Elementales»), tenemos a Paracelso, el gran médico, Felipe Teophrastus Bombastus de Honnenheim, Aureola Paracelso. En todo caso, los elementales son las conciencias de los elementos, porque bien sabemos que los elementos fuego, aire, agua y tierra, no son algo meramente físico como suponen los ignorantes ilustrados, sino más bien, dijéramos, un vehículo de conciencias sencillas, simples, primigenias, en el sentido más transcendental de la palabra. Así que los elementales son los principios conscientivos de los elementos, en el sentido transcendental o esencial de la palabra, y eso es todo. Ahora bien, continuemos con nuestra explicación.
Obviamente, quienes han pasado por la Muerte Segunda, salen a la superficie del mundo, reinician nuevos procesos evolutivos, que indubitablemente habrán de empezar por el mineral, la piedra, proseguirán por lo vegetal, continuarán con el animal y por último tendrán acceso a la vida humana, o sea, se reconquistará el estado de humano, o humanóide, que otrora se perdiera.
Resulta interesantísimo ver a eses gnomos o pigmeos entre las rocas, parecen pequeños enanitos, con sus grandes ojos y su luenga barba blanca. Obviamente, eso que nosotros decimos, dicho en pleno siglo XX, resulta bastante extraño... Porque la gente se ha vuelto ahora tan complicada, la mente se ha desviado tanto de las sencillas verdades de la Naturaleza, que difícilmente puede aceptar de buena gana estas cosas. Más bien ese tipo de conocimiento lo aceptan las gentes simples y sencillas, aquellos que no tienen complicaciones tantas en el intelecto.
En todo caso, quiero decirles que los elementales minerales, cuando ingresan en la evolución vegetal, se hacen interesantísimos. Cada planta es el cuerpo físico de un elemental vegetal. Esos elementales de las plantas tienen conciencia, son inteligentes, y hay grandes esoteristas que saben manejarlos o manipularlos a voluntad. Resultan bellísimos. Quienes los conocen, pueden por medio de ellos actuar sobre los elementos de la Naturaleza.
Un poco más allá de los elementales vegetales, tenemos a los elementales del reino animal. Indubitablemente, solo los elementales vegetales avanzados tienen derecho a ingresar en organismos animales. Se comienza la evolución en el reino animal por organismos simples, sencillos, pero a medida en que se va evolucionando, se va también complicando la vida, y llega el instante en que el elemental animal puede tomar cuerpos orgánicos muy complejos. Posteriormente, se reconquista el estado humano que otrora se perdiera.
Al llegar a este estadio, se le asigna a los elementales, a la Esencia, a la Conciencia, o Alma, o como ustedes quieran definir, ciento y ocho vidas nuevamente, para su Auto-realización íntima. Si durante las nuevas 108 vidas no se consigue la Auto-realización íntima del Ser, prosigue la rueda de la vida girando... Entonces se desciende nuevamente entre las entrañas del reino mineral, con el propósito de eliminar de la Esencia los elementos indeseables que de una u otra forma se adhirieron a la psiquis. Y se repite el mismo proceso... Conclusión: la rueda gira 3000 veces.
Si en 3000 ciclos de 108 vidas cada uno, no se auto-realizan las Esencias, toda puerta se cierra, y la Esencia misma, convertida simplemente en un elemental inocente, se sumerge entre el seno de la Gran Realidad, es decir, entre el gran Alaya del Universo, entre el Espíritu Universal de vida o Parabrahatman, como le denominan los indostanes, la Gran Realidad.
Esta es la vida pues de los que descienden al interior de la tierra después de la muerte. Vemos pues que después de la desencarnación, unos suben a los mundos superiores para unas vacaciones, otros descienden entre las entrañas de la tierra, hay otros que retornan en forma mediata o inmediata, se reincorporan, vuelven para repetir su existencia aquí en este mundo.
Mientras uno tenga que retornar o regresar, tiene que repetir su propia vida. Ya vimos que la muerte es el regreso al punto de partida original. Ya les expliqué también que, después de la muerte, en la eternidad, en la luz astral, tenemos que revivir la vida que acaba de pasar; ahora les diré que al volver, al retornar, al regresar, tenemos que repetir nuevamente, sobre el tapete de la existencia, toda nuestra misma vida.
En el primer caso, mencioné únicamente la Ley de la Transmigración de las Almas; que aquellos que cumplían el ciclo de 108 existencias, que les tocaba descender entre las entrañas del mundo y posteriormente, muerto el Ego, volverían a evolucionar desde el mineral hasta el hombre. Esta es la Doctrina de la Trasmigración.
Ahora estoy hablando de la Doctrina del Eterno Retorno de todas las cosas, junto con esa otra ley, la Ley de Recurrencia. Si uno, en vez de descender entre las entrañas del mundo, retorna en forma mediata o inmediata aquí al mundo, es obvio que tendrá que repetir, sobre el tapete de la existencia, su misma vida, la vida que finalizó.
Ustedes me dirán que eso es demasiado aburridor, todos estamos aquí repitiendo lo que hicimos en la pasada existencia, en el pasado retorno. Sí, es tremendamente aburridor, pero los culpables somos nosotros mismos porque, como ya les he dicho, un hombre es lo que es su vida. Si nosotros no modificamos la vida, tendremos que estar repitiéndola incesantemente.
Desencarnamos y volvemos a tomar cuerpo. ¿Para qué? Para repetir lo mismo. Y volvemos a desencarnar y a tomar cuerpo, para repetir lo mismo, hasta que llega el día en que tenemos que ir con nuestra «música» a otra parte. Tendremos que descender entre las entrañas del mundo, hasta la Muerte Segunda.
Pero uno puede evitar esta repetición. Tal repetición es lo que se conoce como la Ley de Recurrencia, todo vuelve a ocurrir tal como sucedió. Pero ¿por qué?, dirán ustedes, ¿por que tiene que repetirse lo mismo? Bueno, esto merece una explicación.
Ante todo, quiero que sepan que el Yo no es algo autónomo, auto-consciente o individual; ciertamente, el Yo es una suma de «yoes», en plural. La psicología común y corriente, la psicología oficial, piensa en el Yo como una totalidad. Nosotros pensamos en el Yo como una suma de yoes. Porque uno es el yo de la ira, otro es el yo de la codicia, otro es el yo de la lujuria, otro es el yo de la envidia, otro es el yo de la pereza, otro es el yo de la gula; son distintos yoes, no hay un solo Yo, sino varios yoes dentro de nuestro organismo.
Es obvio que la pluralidad del Yo sirve de fundamento pues a la Doctrina de los Muchos, tal como es enseñada en el Tíbet Oriental. En apoyo de la Doctrina de los Muchos está el Gran Kabir Jesús. Dicen que El sacó del cuerpo de María Magdalena siete demonios, no hay duda de que se trata de los siete pecados capitales: ira, codicia, lujuria, envidia, orgullo, pereza, gula. Cada uno de esos siete es cabeza de legión y, como ya les dice, aunque tuviéramos mil lenguas para hablar y paladar de acero, no alcanzaríamos a enumerar todos nuestros defectos cabalmente.
Cada defecto es un yo en sí mismo. Así tenemos a muchos yoes-defectos. Si calificamos a tales yoes-defectos de demonios, pues no estaremos equivocados. En el Evangelio Crístico, se le pregunta a poseso por su nombre verdadero y el contesta: «soy legión, mi verdadero nombre es legión».
Así, cada uno de nosotros en el fondo es legión, y cada yo-demonio de la legión quiere controlar el cerebro, quiere controlar los siete centros principales de la máquina orgánica, quiere descollar, subir, llegar al tope de la escalera, hacerse sentir, etc.
Cada yo-demonio es como una persona dentro de nuestro cuerpo. Si decimos que dentro de nuestra personalidad viven muchas personas, no estamos equivocados; en verdad, así es.
Así que la repetición mecánica de los diversos eventos de nuestra pasada existencia, se debe ciertamente a la multiplicidad del Yo.
Vamos a situar casos concretos. Supongamos que en la pasada existencia, a la edad de 30 años, nos peleamos con otro sujeto en la cantina, caso común de la vida. Obviamente, el yo-defecto de la ira fue el personaje principal de la escena. Después de la muerte, este yo-defecto continúa en la eternidad, y en la nueva existencia ese yo-defecto permanece en el fondo de nuestra subconciencia, aguardando que llegue la edad de los 30 años para volver a una cantina; en su interior hay resentimiento, y desea encontrarse al sujeto de aquel evento. A su vez, el otro sujeto que tomó parte de aquel trágico evento cantinero, también tiene su yo, el yo que quiere vengarse, que permanece en el fondo de la subconsciencia, aguardando el momento de entrar en actividad.
Conclusión, al llegar a la edad de los 30 años, el sujeto, o mejor dicho, el yo del sujeto, el yo-ira, el yo que tomó parte de aquel evento trágico, metido en el subconsciente dice: «tengo que encontrarme con aquel»; a su vez, el dice: «tengo que encontrarme con ese»... Y telepáticamente se hablan y se ponen de acuerdo, y al fin se dan telepáticamente cita en alguna cantina. Se encuentran físicamente, personalmente, en la nueva existencia y repiten la escena, tal como sucedió en la pasada existencia.
Todo esto se hace a espaldas de nuestro intelecto, por debajo de nuestro razonamiento. Sencillamente, hemos sido arrastrados a una tragedia, hemos sido llevados inconscientemente a repetir lo mismo.
Ahora, tengamos el caso de que alguien, a la edad de los 30 años en su pasada existencia, tuvo una aventura amorosa, un hombre que tuvo una aventura con una dama. El “Yo” aquel de la aventura continua vivo después de la aventura, y después de la muerte continua vivo en la eternidad. Al regresar, al reincorporarnos en un nuevo organismo, aquel yo de la aventura sigue vivo, aguarda en el fondo del subconsciente, en los repliegues más bien inconscientes de la vida, de la psiquis, el momento de entrar en nueva actividad.
Al llegar a la edad de la aventura pasada, es decir, a los 30 años, dice: «Bueno, este es mi momento. Ahora voy a salir a buscar la dama de mis ensueños...». A su vez, el yo de la dama de sus ensueños, el yo de la aventura, dice lo mismo: «este es mi instante, voy a buscar aquel caballero...» Y, por debajo de la conciencia, los dos yoes arreglan la cita telepáticamente e arrastran cada uno la personalidad; todo eso a espaldas de nuestra inteligencia, a espaldas del ministerio de la intelectualidad. Viene el encuentro y se repite la aventura.
Así que nosotros, en verdad, aunque parezca increíble, no hacemos nada, todo nos sucede, como cuando llueve, como cuando truena.
Un pleito que uno haya tenido en su pasada existencia por bienes terrenales, una casa por ejemplo; el yo de aquel pleito después de la muerte sigue vivo, y en la nueva existencia sigue vivo, escondido entre los repliegues de la mente, aguardando el instante de entrar en actividad. Si el pleito fuera a la edad de 50 años, el aguarda que llegue a los 50 años y dice: «llegó mi momento». Seguro que el otro con quien tuvo el pleito también dice lo mismo, en este mismo instante, y se reencuentran para otro pleito y se repite la escena.
Entonces nosotros ni siquiera tenemos un libre albedrío, todo nos sucede, repito, como cuando llueve o como cuando truena. Hay un pequeño margen de libre albedrío, muy poco. Imaginen ustedes, por un momento, un violín metido dentro de un estuche; hay un margen mínimo para ese violín. Así también es nuestro libre albedrío, casi nulo. Lo que hay es un pequeño margen, casi imperceptible, que se lo sabemos aprovechar, puede suceder que entonces nos transformemos radicalmente y nos liberemos de la Ley de Recurrencia.
Hay que saberlo aprovechar. ¿Como? Pues en la vida práctica tenemos nosotros que volvernos un poquito más auto observadores. Cuando uno acepta que tiene una psicología propia, comienza a observarse a sí mismo, y cuando alguien comienza observarse a sí mismo, comienza también a volverse diferente a todo el mundo. Es en la calle, es en la casa, es en el trabajo, donde nuestros defectos, esos defectos que llevamos escondidos, afloran espontáneamente. Y si estamos alertas y vigilantes como el vigía en época de guerra, entonces los vemos.
Defecto descubierto, debe ser enjuiciado, a través del análisis, de la reflexión, de la meditación íntima del Ser, con el objetivo de comprenderlo. Cuando uno comprende a tal o cual yo-defecto, entonces está debidamente preparado para desintegrarlo atómicamente.
¿Es posible desintegrarlo? Sí, es posible, pero necesitamos de un poder que sea superior a la mente, porque la mente por sí misma no puede alterar fundamentalmente ningún defecto psicológico. Puede rotularlo con distintos nombres, puede pasarlo de un nivel a otro del entendimiento, pude ocultarlo de sí misma o de los demás, puede justificarlo, o condenarlo, etc., pero jamás alterarlo radicalmente.
Necesitamos de un poder que sea superior a la mente, un poder que pueda desintegrar cualquier yo-defecto, ese poder está latente en el fondo de nuestra psiquis, solo es cuestión de conocerlo, para aprenderlo a usar. Tal poder, en el Oriente, en la India, se le denomina Devi Kundalini, la serpiente ígnea de nuestros mágicos poderes. En la gran Tenochtitlán, se le denominaba Tonantzin, entre los alquimistas medioevales recibe el nombre de Stella Maris, la Virgen del Mar. Entre los hebreos, tal poder recibía el nombre de Adónia, entre los cretenses, se le conocía con el nombre de Cibeles. Entre los egipcios, era Isis, Madre Divina, a quien ningún mortal ha levantado el velo. Entre los cristianos, es María, Maya, es decir, Dios Madre. Hemos pensado nosotros muchas veces en Dios como Padre, bien vale la pena pensar en Dios como Madre, como Amor, como Misericordia. Dios Madre habita en el fondo de nuestra psiquis, es decir, está en el Ser. Podría decirles que Dios Madre es una parte de nuestro propio Ser, pero derivado.
Distíngase entre el Ser y el yo. El Ser y el yo son incompatibles, son como agua y aceite, que no pueden mezclarse. El Ser es el Ser, y la razón de Ser del Ser es el mismo Ser. El Ser es lo que es, lo que siempre ha sido y lo que siempre será. Es la vida que palpita en cada átomo, como palpita en cada Sol.
Así, Dios Madre es una variante de nuestro propio Ser, es nuestro propio Ser, pero derivado. Eso significa que cada cual tiene su Madre Divina particular, individual. Kundalini, le dicen los indostanes, y estoy de acuerdo con este término. Considero que nosotros podemos invocar a la Divina Madre Kundalini, en meditación profunda, y suplicarle entonces que desintegre aquel Yo-defecto que hemos comprendido perfectamente, a través de la meditación.
La Divina Madre Kundalini procederá, y lo desintegrará, lo reducirá a polvareda cósmica. Al desintegrarse un defecto, se libera esencia anímica. Dentro de cada Yo-defecto, hay cierto porcentaje de esencia anímica embotellada. Pero si se desintegra un defecto, se libera esencia anímica, y se desintegra dos defectos, pues se libera más esencia anímica, y si se desintegra todos los defectos psicológicos que cargamos en nuestro interior, entonces liberamos totalmente la Conciencia.
Una Conciencia liberada es una Conciencia que despierta, es una Conciencia despierta. Es una Conciencia que podrá ver, oír, tocar y palpar los grandes misterios de la vida y de la muerte. Es una Conciencia que podrá experimentar por sí misma, en forma directa, Eso que es lo Real, Eso que es la Verdad, Eso que está más allá del cuerpo, de los afectos y de la mente.
Cuando a Jesús, El Gran Kabir, Pilatos le preguntara ¿qué es la verdad?», guardó silencio. Y cuando al Buddha Gautama Sakyamuni, el príncipe Siddharta, le hicieron la misma pregunta, dio la espalda y se retiró. La Verdad es lo desconocido de momento en momento, de instante en instante. Solo con la muerte del Ego adviene a nosotros eso que es la Verdad. La Verdad hay que experimentarla, como cuando uno mete el dedo en el alumbre y se quema.
Una teoría, por muy bella que sea, con respecto a la Verdad, no es la Verdad; una opinión, por muy venerable o respetable que sea, con relación a la Verdad, tampoco es la Verdad. Cualquier idea que tengamos con respecto a la Verdad, no es la Verdad, aunque la idea sea muy luminosa. Cualquier tesis que nosotros podamos plantear con relación a la Verdad, tampoco es la Verdad. La Verdad hay que experimentarla, repito, como cuando uno mete el dedo en el alumbre y se quema. Está más allá del cuerpo, de los afectos y de la mente, y la Verdad solo puede ser experimentada en ausencia del Yo Psicológico. Sin haber disuelto el Yo, no es posible la experiencia de lo Real.
El intelecto, por muy brillante que sea, por muy hermosas teorías que posea, no es la Verdad. Como dijera Goethe, en el Fausto: «Toda teoría es gris, solo es verde el árbol de dorados frutos que es la vida».
Así que nosotros necesitamos desintegrar el Ego de la psicología, para liberar la Conciencia, solo así podremos llegar a experimentar la Verdad. Jesús el Cristo dijo: «Conoced la Verdad y ella os hará libres». Nosotros necesitamos experimentarla directamente.
Cuando alguien consigue de verdad destruir el Ego, se libera de la Ley de Recurrencia, hace de su vida una obra maestra, se convierte en un genio, en un Iluminado, en el sentido más completo de la palabra. Cuando alguien libera su Conciencia, obviamente conoce la Verdad. Hay que liberar la Conciencia, y no es posible liberarla si no se disuelve el Yo de la psicología.
Quienes alaban al Yo son ególatras por naturaleza, por instinto. Al Yo lo alaban los mitómanos, porque son mitómanos, al Yo lo alaban los paranoicos, porque son paranoicos, los ególatras, porque son ególatras.
La vida sobre la faz de la Tierra sería distinta, si nosotros disolviéramos el Ego, el Yo. Entonces la Conciencia de cada uno de nosotros, despierta, iluminada, irradiaría Amor, y habría Paz sobre la faz de la Tierra. La Paz no es cuestión de propagandas, ni de apaciguamientos, ni de ejércitos, ni de OEA, ni de ONU, ni de nada por el estilo. La Paz es una substancia que emana del Ser, que viene de entre las entrañas mismas del Absoluto. No puede haber Paz sobre la faz del mundo, no puede haber verdadera tranquilidad en todos los rincones de la tierra, en tanto los factores que producen guerras existan en el interior de nosotros.
Es claro que mientras dentro de cada uno de nosotros haya discordia, en el mundo habrá discordia. La masa no es más que una extensión del individuo; lo que es el individuo es la masa, y lo que es la masa es el gobierno, es el mundo. Si el individuo se transforma, si el individuo elimina de sí mismo los elementos del odio, de la violencia, del egoísmo, de la discordia, etc., si consigue destruir el Ego para que la Conciencia se libere, solo habrá en él eso que se llama Amor. Si cada individuo de los que pueblan la faz de la Tierra disolviera el Ego, las masas serían masas de Amor. No habría guerras, no habría odio. Pero no podrá en verdad haber Paz en el mundo mientras exista el Ego.
Algunos afirman que desde el año 2001 o 2007 en adelante, vendrá una era de fraternidad, del amor, de la paz. Pero yo, pensando aquí en voz alta, me pregunto a mí mismo, y hasta le pregunto a ustedes: ¿de donde vamos a sacar esta era de fraternidad, de amor, de paz entre los hombres de buena voluntad? ¿Creen ustedes que el Ego de la psicología, con sus odios, con sus rencores, con sus envidias, con sus ambiciones, con su lujuria, etc., puede crear una edad de amor, de felicidad, etc., etc.? ¡Pues obviamente que no! Para que reine en verdad la Paz en el mundo, tenemos que morir en sí mismos, tiene que destruirse en nosotros lo que tenemos de inhumano, el odio que cargamos, las envidias, los celos espantosos, esa ira que nos hace tan abominables, esa fornicación que nos hace tan bestiales, etc. En tanto continúen existiendo tales factores dentro de nuestra psiquis, el mundo no podrá ser diferente.
Antes bien se volverá peor, porque a través del tiempo el Ego seguirá volviendo cada vez más poderoso, más fuerte, y conforme el Ego se manifieste con más violencia, el mundo seguirá se haciendo más tenebroso. Al paso que vamos, si no trabajamos sobre sí mismos, llegará el día en que ni siquiera podremos existir, porque unos a otros nos destruiremos violentamente. Si continuara robusteciendo el Ego indefinidamente así como va, llegaría el momento en que nadie podría tener seguridad en su vida, ni de su hogar. Un mundo donde la violencia ha llegado al máximo y nadie tiene seguridad de su propia existencia.
Así, creo firmemente que la solución de todos los problemas del mundo está precisamente en la disolución del Yo.
V.M. Samael Aun Weor.
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